“Y al fin llegó aquel día: el Primero de Mayo” (…) Por doquier se formaban grupitos de gente que discutía con calor el inquietante llamamiento. La vida hervía. Aquella primavera se había vuelto más interesante para todos y a todos les tenía algo nuevo; a unos, un motivo más de oposición que les hacía maldecir, con rabia, a los sediciosos; a otros, una alarma imprecisa y una vaga esperanza; y a otros, a los menos, el agudo goce de saber que constituían una fuerza capaz de despertar a todos”.

Así comienza una de las escenas más apasionantes de La madre de Gorki que tiene el primero de mayo como escenario. Esta nos sirve como una muestra de la importancia de este día para la historia de nuestra clase, y de cómo, desde que en 1889, la Segunda Internacional proclamó el Primero de Mayo como Día Internacional de la Clase Trabajadora, este día ha sido testigo de los momentos de auge, declive, revolución o derrota.

Así se han vivido primeros de mayo ilegales, en los que salir a las calles implicaba no saber si se volvería a casa; primeros de mayo que no eran festivos sino en los que la clase trabajadora convocaba huelgas generales; también otros masivos en los que las movilizaciones marcaban un antes y un después en la consecución de grandes objetivos del movimiento obrero. Hubo primeros de mayo en todo el mundo donde la represión feroz de la burguesía impidió movilizaciones a sangre y fuego; a la par que otros en los que miles de obreros celebraban su fuerza en convocatorias en cada país. Y, si, queremos recordar está historia, porque parece hoy muy lejana de los primeros de mayo a los que han acostumbrado a nuestra generación: días de encuentro con el resto del movimiento obrero de nuestras ciudades, donde CCOO y UGT copan toda la presencia mediática y dónde cada año resulta más difícil movilizar en las convocatorias de clase mínimamente al mismo número de gente que el anterior por mucho esfuerzo que estuviéramos poniendo. Días donde la idea de campañas previas quedaba reducida a unos pocos carteles, y dónde la ausencia de demandas concretas y un mensaje claro marcaba las convocatorias en las quetrabajábamos.

El Primero de Mayo, en definitiva, ha sido uno de los momentos más importantes para la organización de nuestra clase, y no deja de llamarnos la atención cómo ese día de lucha ha pasado a ser, poco a poco, algo menos que una efeméride a tachar en el calendario. Incluso ha habido festivales que explotaban la identidad “de izquierdas” y se celebraban sin ningún pudor en Primero de Mayo, entre condiciones laborales de precariedad absoluta y un entorno que no puede ser más contrario al espíritu de lucha que debería animar estas fechas.

Porque estamos lejos de esos momentos en los que la Internacional debatía sobre la necesidad de coordinar de manera más unitaria la celebración del Primero de Mayo, en los que un movimiento revolucionario fuerte era capaz de plantear procesos de lucha concretos, ya fuera por la jornada de 8 horas o en contra de la guerra y por la unidad política del proletariado.

Y en esta idea queríamos detenernos. Los socialistas de la segunda Internacional supieron vincular este día a la lucha contra el imperialismo y a favor del internacionalismo proletario. La historia del Primero de Mayo desmiente, si se estudia con atención, la idea de que este es el “día de los sindicatos”, dónde toda reivindicación debería quedar reducida al más puro economicismo.

Sí, estamos lejos de esos momentos, y, cada día, al mirar el terror del mundo y las fuerzas con las que contamos, somos conscientes, dolorosamente conscientes, de nuestra debilidad. Pero, frente a ello, nuestra decisión no será resignarnos al hacer por hacer, a la complacencia o al abandono. Para nosotras, la necesidad de superar está debilidad es la razón de lanzar un Primero de Mayo claro en su mensaje y forma. Un Primero de Mayo que remarque un mensaje contra el imperialismo, consciente de que el principal enemigo está en casa y la prioridad es enfrentarse a nuestro bloque, un llamado a sumarse a la lucha contra la guerra imperialista. Pero también debe ser una demostración de fuerzas del movimiento socialista en construcción, y buscar que las movilizaciones del Primero de Mayo alimenten un proyecto que busca crecer más allá de ese día.

Porque nuestra apuesta es clara: para superar la sociedad de clases y los males que está engendra la independencia de la clase trabajadora debe ser restablecida y, para ello, como primer paso sigue siendo necesario constituir un movimiento socialista que, aunque aún minoritario, comienza a dar pasos que apuntan a superar el estado de fragmentación, desorientación y marginalidad del comunismo.

Pero nosotras creemos que es necesario dar un paso más: queremos contribuir con nuestras movilizaciones a qué el Primero de Mayo recupere su carácter revolucionario. Y es por esto que creemos importante, en una coyuntura de escalada bélica mundial, agresiones imperialistas y ofensiva contra las condiciones de vida de la clase trabajadora, la apuesta por cinco movilizaciones simultáneas del movimiento socialista que expongan de manera clara un mensaje netamente comunista encima de mesa. Sabiendo también, claro, que hay otras movilizaciones ese día convocadas por organizaciones y sindicatos con los que trabajamos el resto del año y que esperamos sean también un éxito. Sindicatos de clase que, por cierto, creemos que realizan un trabajo imprescindible en los puestos de trabajo, más aún en un contexto de recorte de salarios reales y riesgo de despidos que estamos viviendo y que seguramente se va a ver agudizado.

Esta es por tanto nuestra apuesta: recuperar el Primero de Mayo en su sentido original, como día de agitación política de las organizaciones revolucionarias y como demostración de fuerzas del movimiento obrero. Este mes miles de jóvenes, en centenares de barrios y pueblos están llenando las calles de agitación comunista en contra de la guerra imperialista, la OTAN y el sionismo. De charlas y presentaciones explicando el sentido político de esta convocatoria. Miles de manos que, codo a codo, están consiguiendo, gracias al trabajo militante, que una convocatoria con un mensaje claramente revolucionario este consiguiendo tener una presencia permanente en las calles.

Este año, cuando amanezca ese primer viernes de mayo y salgamos a la calle —a coger el autobús hacia la manifestación, a encontrarnos para ir en metro, a recoger las banderas, a repartir las últimas octavillas o a cubrir un turno de montaje—, quizá muchas pronunciemos, con orgullo, aquella frase que parecía tan lejana: “Y al fin llegó aquel día: el Primero de Mayo”.