El canciller alemán, Friedrich Merz, lanzó este lunes una de las críticas aliadas más severas registradas hasta la fecha contra la dirección de la guerra por parte de Estados Unidos. Durante una visita escolar en Marsberg, Merz afirmó que el Gobierno de Donald Trump está siendo "humillado" por Teherán tras haber subestimado la capacidad del Estado iraní. Según el canciller, la administración estadounidense carece de una "estrategia verdaderamente convincente en las negociaciones" y ha arrastrado al bloque aliado a un conflicto sin un plan de salida claro, lo que amenaza con convertir la región en un nuevo "pantano" similar a las ocupaciones de Afganistán e Irak.

Este giro retórico de Merz responde al impacto material que el conflicto está teniendo sobre la ya debilitada economía alemana. El cierre del Estrecho de Ormuz ha mantenido el precio del petróleo por encima de los 100 dólares por barril, lo que se traduce en un auténtico drenaje a gran escala de recursos públicos y privados hacia los costes energéticos. Aunque en el inicio de las hostilidades el canciller alemán apoyó el objetivo de un "cambio de régimen" en Irán, la prolongación de la guerra y el encarecimiento de la vida en Europa han forzado un distanciamiento en tiempo récord. "Esto nos está costando muchísimo dinero", subrayó Merz en declaraciones recogidas por Politico, justificando así su rechazo a que la OTAN se involucre formalmente en lo que define como una guerra que "no es de la Alianza".

La crítica de Berlín coincide con la retirada de la misión diplomática estadounidense durante el pasado fin de semana, cuando Trump canceló abruptamente el viaje de sus emisarios Jared Kushner y Steve Witkoff a Pakistán. Para el Gobierno alemán, estos movimientos confirman que Washington "entró en esta guerra sin ninguna estrategia", dejando a las economías europeas como "rehenes" de una escalada militar que no logran controlar. Mientras Estados Unidos presiona por una mayor implicación militar europea, Merz ha limitado la posible ayuda alemana a "tareas de desminado en el Estrecho de Ormuz", pero únicamente cuando los combates hayan cesado por completo.

La posición de Alemania muestra así la creciente fractura dentro del bloque atlantista ante la exportación de capitales y el control de las rutas de suministro de materias primas. Al calificar la situación de "humillación nacional" para Estados Unidos, Merz pone de relieve la contradicción entre los intereses estratégicos de la potencia norteamericana y las necesidades de los capitales europeos. La resistencia iraní, descrita por el canciller como "claramente más fuerte de lo esperado", ha invalidado las previsiones de una "victoria rápida" prometidas por Israel, dejando al descubierto los límites de la intervención armada como herramienta de control geopolítico contra Irán.

El escenario planteado por el canciller alemán apunta a una pauperización de las condiciones de vida en el continente si no se logra una reapertura inmediata de esta arteria del comercio marítimo mundial. La negativa de Berlín a mantener la línea de Washington supone un precedente en la política exterior alemana, que da signos discursivos de "priorizar" la sus propios márgenes de beneficio industrial frente a la lealtad ciega a los intereses del Pentágono. Merz concluyó advirtiendo que "el prestigio de toda una nación está siendo degradado" por la "superioridad estratégica" que, a su juicio, está demostrando la dirección iraní, tanto en el tablero negociador como en el campo de batalla.