Dos militantes de la Asociación Nacional de Partisanos de Italia (ANPI) fueron víctimas de una agresión el pasado domingo en las inmediaciones del Parco Schuster, en Roma. Rossana Gabrieli y su compañero, un matrimonio que aún portaba el pañuelo partisano tras participar en las movilizaciones por el Día de la Liberación, fueron asaltados en la Via delle Sette Chiese por un individuo que circulaba en una motocicleta de gran cilindrada. El atacante, que vestía una chaqueta de camuflaje militar y ocultaba su rostro con un casco integral, extrajo una pistola de aire comprimido y disparó varias veces a quemarropa antes de huir con un acompañante. Gabrieli ha relatado los sucesos a la agencia ANSA: "Tengo esa imagen grabada: vi la pistola apuntándome. Fue horrible, pensé que iba a morir", declaró la militante agredida, quien todavía sufre fuertes migrañas y el impacto psicológico del ataque.

Gabrieli, que además es miembro de Sinistra Italiana, ha sido tajante respecto al móvil del atentado: "Tengo una sola certeza: fuimos tomados como blanco por ser de la ANPI". Gabrieli insiste en que el agresor no la conocía personalmente, sino que eligió a sus víctimas por la simbología política que portaban. "Yo era una mujer cualquiera, pero era su objetivo porque llevaba al cuello el pañuelo de la ANPI. Fui golpeada por ser antifascista", subrayó.

Los proyectiles alcanzaron al hombre en el cuello y la mejilla, mientras que la mujer recibió un impacto en el hombro, provocando heridas a ambos. Según recogen testimonios y el diario Contropiano, la intencionalidad del atacante quedó manifiesta al portar un arma de aire comprimido por la calle para la ocasión y apuntar directamente a la cabeza de las víctimas, buscando maximizar el daño físico en zonas no protegidas por la ropa. La utilización de balines de plomo en este tipo de armas puede causar lesiones graves. Es habitual que las autoridades italianas califiquen este tipo de sucesos como un "acto vandálico" o una "gamberrada" cuando los perpetradores son fascistas y los atacados antifascistas.

En este caso, el ataque se produce en un contexto de creciente actividad e impunidad de grupos de fascistas en la capital italiana. Tan solo dos días antes de la agresión, Contropiano recuerda que aparecieron carteles y pancartas de apologia del fascismo en el barrio de Appio Latino, con una estética vinculada a la organización neofascista CasaPound. Los colectivos antifascistas de la capital denunciaron que este "caldo de cultivo" fascista es consecuencia directa de la narrativa del actual Gobierno italiano, que ha promovido la normalización de los herederos del fascismo de la República de Salò y la equiparación histórica entre resistentes y colaboradores.

Las investigaciones se centran ahora en el análisis de las cámaras de seguridad de la zona para identificar la matrícula del vehículo utilizado en la fuga. Fuentes de la organización antifascista advierten sobre el riesgo de que la instrucción judicial se detenga ante la falta de voluntad política para señalar la motivación ideológica fascista del crimen. El suceso pone de relieve el clima de impunidad en el que operan estos elementos fascistas, quienes, según la denuncia de los afectados, se sienten respaldados por el discurso oficialista que relativiza la violencia política contra los movimientos populares antifascistas.

La agresión ha generado una ola de indignación entre las organizaciones de clase y los colectivos antifascistas de Roma, que ven en este acto un salto cualitativo en la estrategia de amedrentamiento de la extrema derecha en una fecha simbólica. Mientras la narrativa institucional intenta blanquear el pasado fascista del país, los hechos arroja un balance de trabajadores heridos por el simple hecho de reivindicar la memoria de la lucha contra la ocupación nazi y el régimen de Mussolini.

ANPI es la organización histórica fundada en 1944 por los combatientes de la Resistencia que lucharon contra la ocupación nazi y el régimen fascista de Mussolini. Tras la desaparición biológica de la mayoría de los partisanos originales, la asociación ha integrado a nuevas generaciones que trabajan para preservar la memoria histórica y el legado de los partisanos. En la actualidad, sigue siendo un referente de masas de la sociedad italiana en la denuncia del auge de grupos fascistas y en la defensa de las libertades políticas y civiles frente a las medidas autoritarias del Gobierno de Meloni.