“El Marxismo Occidental tiene una visión premarxista del socialismo”
Txaber Ormazabal, del Instituto de Estudios Socialistas de EHKS, defendió que, en el siglo XX, el socialismo científico se desarrolló en la URSS, el Este, el Sur Global y los Partidos Comunistas europeos.
Bajo el título El Marxismo Occidental y el socialismo utópico: varias tesis sobre la crisis del marxismo y el renacimiento comunista, Txaber Ormazabal, director del Instituto de Estudios Socialistas (ISI) del Consejo Socialista de Euskal Herria (EHKS), ofreció una conferencia en el marco del encuentro anual del movimiento estudiantil vasco, la Herri Unibertsitatea. La cita tuvo lugar el pasado 22 de abril en el campus de Ibaeta de Donostia (Gipuzkoa), en una jornada que reunió a estudiantes y militantes de siete campus de Euskal Herria para abordar diversos temas de actualidad con numerosas charlas, actividades e invitados.
En la citada conferencia, el militante defendió una tesis que cuestiona los fundamentos del Marxismo Occidental, la corriente filosófica que ha dominado el pensamiento crítico europeo y marxista en Occidente durante gran parte del siglo XX, que el ponente distinguió del marxismo en Occidente en general. Según Ormazabal, esta tradición —cuyos máximos exponentes incluyen a la Escuela de Frankfurt y pensadores como Theodor Adorno, Max Horkheimer y Herbert Marcuse— mantiene una comprensión del socialismo que calificó como "premarxista", es decir, anterior a las elaboraciones teóricas de Karl Marx y Friedrich Engels.
La intervención, presentada como defensa de una tesis, comenzó con una observación metodológica relevante: esta idea no es únicamente el resultado de una especulación teórica, sino que surge "de las consecuencias del crecimiento del Movimiento Socialista en Euskal Herria en los últimos años". Este crecimiento, según explicó, ha obligado al movimiento a posicionarse políticamente en diversas cuestiones complejas con implicaciones teóricas, lo que ha conllevado una revisión de la evolución del marxismo en el siglo XX.
La ruptura con el núcleo racional del marxismo
El ponente estableció una distinción fundamental entre dos grandes líneas de evolución del socialismo durante el siglo pasado: por un lado, el Marxismo Occidental, desarrollado en Europa y Estados Unidos; por otro, la línea que se produjo en la Unión Soviética, el Este europeo y el Sur Global. Su tesis central es que la primera "ha conservado, e incluso ha reforzado, los elementos irracionales originarios del marxismo", mientras que la segunda, aunque fuera un proceso complejo y contradictorio, debido a sus condiciones históricas y políticas concretas, "ha tenido condiciones de posibilidad suficientes para criticar los elementos irracionales del marxismo y seguir desarrollando el concepto científico del socialismo".
Para sustentar esta afirmación, el militante realizó un recorrido por la concepción del socialismo utópico según Marx y Engels. Recordó que los socialistas utópicos —cuyo pensamiento dominó en Europa entre finales del siglo XVIII y la primera mitad del XIX— tenían una "idea extrínseca del socialismo", ajena a los procesos históricos reales. Según esta crítica marxiana, al no tomar las condiciones materiales como base, desarrollaban "una comprensión abstracta" del socialismo, y por lo tanto, "ideas abstractas y únicamente morales de la libertad y la igualdad".
Txaber Ormazabal: "El socialismo no es solo una idea, sino una fuerza de la historia, un proceso real que está sucediendo aquí y ahora, y del que se puede tener una idea científica o no".
Por el contrario, Marx y Engels sostenían que la libertad y la igualdad que puede traer el socialismo no son ideas arbitrarias, sino "formas sociales determinadas y materialmente condicionadas". A diferencia del socialismo utópico, que se dirigía a la sociedad en general, para Marx y Engels el sujeto de la revolución era el proletariado, "a quien interesa hacer la revolución y quien únicamente puede hacerla". Así concluía Ormazabal: "El socialismo no es solo una idea, sino una fuerza de la historia, un proceso real que está sucediendo aquí y ahora, y del que se puede tener una idea científica o no".
La desontologización de la dialéctica y la comprensión anarquista del poder
Ormazabal explicó que el Marxismo Occidental se caracteriza por dos rasgos teóricos principales: la "desontologización de la dialéctica" y una "comprensión anarquista del poder". La primera implica que, a diferencia del materialismo histórico clásico —que postulaba leyes objetivas del movimiento histórico basadas en el desarrollo de las fuerzas productivas y las relaciones de producción—, para esta corriente la dialéctica es solo "la lógica del proceso de conocimiento con todas sus contradicciones". El segundo rasgo supone una visión del poder como algo intrínsecamente negativo, rechazando cualquier forma de aparato Estatal y política institucionalizada.
El ponente citó al filósofo húngaro Georg Lukács como una figura paradigmática. Aunque el Marxismo Occidental reivindica su famosa obra Historia y conciencia de clase (1923), el propio Lukács terminó problematizando ese texto de su juventud, planteándole severas críticas. En el prólogo de 1967, recuerda Ormazabal, lo calificó como "más idealista que Hegel" y reconoció que, en lugar de mantener el núcleo racional del marxismo, abordaba "los elementos irracionales de los que el marxismo es originario". El investigador leyó un pasaje en el que Lukács criticaba a Schopenhauer —y posteriormente aplicó la misma crítica a Adorno— describiendo así a los teóricos del Marxismo Occidental:
"El sistema filosófico de Schopenhauer, sistema ingenioso y armónicamente construído desde el punto de vista de la arquitectónica formal, se levanta como un bello hotel moderno dotado de todo lo mejor, al borde del abismo, de la nada, de la carencia de todo sentido y la diaria contemplación del abismo, entre espléndidas comidas placenteramente degustadas o entre exquisitas obras de arte, solo puede servir para realzar aún más el goce de su confort refinado".
Revisionismo y líneas de fractura histórica
Un momento clave en la fractura entre ambas tradiciones, según el ponente, fue la Primera Guerra Mundial. En la II Internacional, en lo que respecta a esta cuestión, existían dos líneas: la revisionista (representada por parte del SPD alemán y figuras del austromarxismo) y la comunista (representada, principalmente, por los espartaquistas y los bolcheviques). Los revisionistas afirmaban que la revolución no era necesaria para alcanzar el socialismo, defendiendo vías pacíficas y reformistas. Cuando comenzó la guerra, esta facción se unió a sus respectivas burguesías nacionales.
Los comunistas, por el contrario, sostenían que la revolución era necesaria y que existía un proceso de agotamiento del modo de producción capitalista. Tras la ruptura, la línea revisionista se desplegó en el ámbito académico europeo, especialmente en el contexto posterior a la Segunda Guerra Mundial. El militante describió que aquellos académicos relacionaron la "barbarie" perpetrada por los gobiernos burgueses en las dos grandes guerras con los aparatos de Estado en general, y que esto posibilitó "el anticomunismo y una noción anarquista del poder".
El "izquierdismo teórico" contemporáneo
En la parte final de su intervención, el ponente criticó lo que denominó como "un nuevo izquierdismo teórico", cuya base filosófica es el Marxismo Occidental; Ormazabal sostuvo que esta corriente, influyente en sectores académicos y ámbitos militantes, habría vuelto al socialismo utópico. Señaló que esta corriente, que describió con el término "izquierdismo" en el sentido leninista de "rechazo de los compromisos políticos", utiliza citas abstractas de obras juveniles de Marx y Engels —como "el comunismo es la asociación de individuos libres" o "la desaparición absoluta del Estado"—, ignorando la evolución posterior de los autores y toda la experiencia del siglo XX.
Puso como ejemplo la afirmación de que la Unión Soviética "no fue socialismo porque tenía comercio monetario". Frente a este tipo de ideas, que el investigador calificó como "dogmáticas", defendió la necesidad de contrastar los conceptos de Marx y Engels con la evolución real y concreta del socialismo a lo largo del siglo XX. Citó un pasaje en el que Marx, comentando a Bakunin, escribe que la revolución socialista hará desaparecer el Estado a largo plazo "en su sentido político actual", mostrando así la complejidad y el carácter transitorio de las instituciones modernas en el pensamiento marxista maduro.
Por ello, el militante consideró que el Marxismo Occidental "ha roto con el núcleo racional del marxismo" y que, por el contrario, la línea de desarrollo en Oriente —la Unión Soviética, China y otros países del bloque socialista— y el Sur Global tuvo "condiciones materiales para criticar esos elementos irracionales".
"El proletariado nunca ha obtenido elementos teóricos para su emancipación en el Marxismo Occidental".
El ponente concluyó con la tesis más importante de la exposición, afirmando que "el proletariado nunca ha obtenido elementos teóricos para su emancipación en el Marxismo Occidental, y de hecho, el Marxismo Occidental a menudo no ha hecho más que entorpecer este proceso". Por otro lado, subrayó que "la militancia comunista es premisa necesaria para tener un concepto científico del socialismo".
En la ronda de preguntas, después de responder a una serie de cuestiones planteadas desde el público, el ponente sostuvo de manera aforística que "ensuciarse las manos es necesario para comprender, de manera científica, el desarrollo real del socialismo". La tesis, presentada de forma esquemática, se ofrece como "un programa de investigación" que, según el autor, deberá ser concretado y desarrollado "en un sentido organizativo y político" entre todos los interesados.