Ofensiva coordinada de Al Qaeda y milicias tuareg contra la junta militar de Mali
Las tropas gubernamentales se repliegan con apoyo ruso tras el asesinato del Ministro de Defensa en los ataques contra Bamako y la caída estratégica de Kidal.
La República de Mali enfrenta una de las mayores agresiones contra su integridad territorial y política desde el giro soberanista iniciado en 2021. El pasado sábado 25 de abril, una ofensiva militar coordinada entre el grupo salafista Jama’at Nusrat al-Islam wal-Muslimin (JNIM) —filial de Al Qaeda— y los separatistas tuareg del Movimiento Nacional de Liberación del Azawad (MNLA) golpeó simultáneamente el corazón político del sur y las posiciones estratégicas del norte. Según confirmaron fuentes militares a la cadena qatarí Al Jazeera, el Ministro de Defensa, Sadio Camara, fue asesinado durante los asaltos a la base militar de Kati, centro neurálgico del Ejército y residencia del presidente Assimi Goita.
El despliegue de los grupos armados ha fracturado el control estatal, logrando la captura de la ciudad de Kidal y posiciones en Gao, zonas importantes para el dominio de la zona del Sáhara maliense. La toma de Kidal obligó a las unidades del Cuerpo Africano de las Fuerzas Armadas de Rusia a ejecutar una "retirada estratégica" junto a los militares locales para evacuar heridos y equipo pesado, según informó la propia unidad en un comunicado oficial. Este avance de la coalición salafista-tuareg se produce tras años de tensiones donde el gobierno de Goita ha intentado romper con el sistema neocolonial de la Françafrique, impulsando medidas como el control de las multinacionales occidentales del oro y la consolidación de la Alianza de los Estados del Sahel (AES) junto a Níger y Burkina Faso.
En el trasfondo de esta desestabilización emergen intereses geopolíticos que apuntan a la intervención de actores extranjeros. Contropiano recuerda que el gobierno maliense y la AES han señalado a Ucrania como facilitador de tecnología bélica para los grupos armados; de hecho, Radio France International confirmó la presencia de oficiales ucranianos en Libia para monitorizar operaciones rusas en la región, coincidiendo con el uso de drones por parte del JNIM. Asimismo, la financiación de estos grupos se vincula con el contrabando de oro hacia los Emiratos Árabes Unidos, desde donde el metal es reintroducido en los mercados europeos a través de nodos suizos e israelíes, evidenciando los mecanismos globales del drenaje capitalista de recursos que sostienen la guerra.
Ante la gravedad de los hechos, las potencias occidentales han mantenido un elocuente silencio. Mientras la Unión Africana y la ONU condenaron la violencia, el presidente francés Emmanuel Macron y otros líderes europeos no han emitido declaraciones sobre el asesinato de Camara ni sobre la situación en su antigua colonia. La Confederación de Estados del Sahel (AES) denunció en un comunicado firmado por el presidente burkinés Ibrahim Traoré que estos ataques forman parte de un "complot monstruoso apoyado por enemigos de la lucha de liberación del Sahel".
Por su parte, el Kremlin ha intentado proyectar estabilidad tras la reaparición pública de Assimi Goita, quien mantuvo una reunión con el embajador ruso Igor Gromyko este martes. El Ministerio de Defensa de Rusia afirmó que sus fuerzas ayudaron a "prevenir un golpe de Estado" al defender edificios gubernamentales en la capital frente a fuerzas que pretendían derrocar al Ejecutivo. No obstante, la situación sobre el terreno sigue siendo volátil, con reportes de tropas gubernamentales rindiéndose en el norte ante una ofensiva que, por su escala y coordinación, representa el desafío más severo para el proyecto de independencia política y económica del Sahel en la última década.