Uno de cada cinco trabajadores ya tiene más de 55 años
La EPA revela 4,926 millones de ocupados 'senior', un 30% más que en 2020, marcando un nuevo récord en el Estado español.
Una de cada cinco trabajadores en el Estado español tiene más de 55 años, un récord histórico que marca el envejecimiento acelerado de la fuerza de trabajo y la prolongación efectiva de la vida activa. Según la Encuesta de Población Activa (EPA) del cuarto trimestre de 2025, publicada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) el 27 de enero, el número de ocupados con 55 años o más alcanzó los 4.926.300, lo que representa el 21,93% del total de ocupados, es decir, más de uno de cada cinco.
Esta cifra, nunca antes registrada, supera en 1,1 millones a la de finales de 2020 (un 29,96% más) y en casi 2,1 millones a la de diciembre de 2015 (un 58% más). El mercado laboral cerró 2025 con un máximo histórico absoluto: 22.463.300 ocupados a 31 de diciembre, 605.400 más que un año antes.
Dentro del grupo senior, la distribución por subfranjas revela una prolongación notable de la actividad: 2,646 millones tienen entre 55 y 59 años, 1,820 millones entre 60 y 64 años, 390.300 entre 65 y 69 años y 69.500 con 70 años o más. En contraste, la franja de mayor volumen absoluto es la de 45-49 años (3,286 millones), mientras que los más jóvenes (menos de 20 años) apenas suman 175.300 (0,8%).
La edad de jubilación sigue retrasándose
Este aumento se debe principalmente a la reforma progresiva de las pensiones: la edad legal de jubilación ha pasado de 65 a 67 años (periodo transitorio que finaliza en 2027). Esta medida, presentada sistemáticamente por los sucesivos gobiernos como "imprescindible para garantizar la viabilidad del sistema público de pensiones" ante el rápido envejecimiento demográfico, ha tenido un efecto colateral evidente: miles de personas se ven obligadas a permanecer en el empleo mucho más tiempo del que su salud y condiciones laborales les permiten soportar realmente. Lejos de ser una "oportunidad voluntaria" de prolongar la vida activa, para muchos trabajadores el retraso de la jubilación se ha convertido en una necesidad económica impuesta por la insuficiencia de las pensiones proyectadas y una inflación disparada.
Un ejemplo claro de cómo estas políticas han moldeado la realidad laboral es el cambio femenino en el grupo senior. De los 4,926 millones de ocupados con 55 años o más, 2,638 millones son hombres (53,56%) y 2,287 millones mujeres (46,44%). Hace una década, en 2015, los hombres representaban casi el 56% y las mujeres el 44%. Este estrechamiento de la brecha de género en edades avanzadas pone de manifiesto que muchas mujeres, que a lo largo de su vida han acumulado interrupciones laborales por cuidados familiares, brechas salariales y contratos precarios, llegan a la edad cercana a la jubilación con pensiones más bajas y se ven especialmente forzadas a seguir trabajando para complementar ingresos insuficientes.