Alemania recurre a Israel en busca de queroseno para evitar el colapso de la aviación
El Gobierno de Merz pide ayuda energética a Tel Aviv tras el bloqueo del Estrecho de Ormuz, contradiciendo sus propias promesas de "autosuficiencia".
El Gobierno federal de Alemania, encabezado por el canciller Friedrich Merz (CDU), ha solicitado formalmente al Ministerio de Energía e Infraestructura de Israel el suministro urgente de queroseno para aviación (Jet A-1) y gas natural. El acuerdo, anunciado esta semana tras la visita a Berlín del ministro de Exteriores israelí, Gideon Sa’ar, busca paliar la escasez de combustible provocada por el cierre del Estrecho de Ormuz en el en la guerra contra Irán. El ministro de Energía israelí, Eli Cohen, autorizó la exportación tras detectar excedentes de producción en las refinerías de Ashdod y Haifa (Palestina ocupada), derivados de la drástica reducción de vuelos comerciales en la región por la guerra.
La solicitud de Berlín ha puesto en evidencia las contradicciones internas de la coalición democristiana, ya que el ministro de Tráfico, Patrick Schneider, y la responsable de Economía, Katharina Reiche, habían asegurado a finales de abril que "Alemania contaba con reservas para cinco meses y no afrontaría problemas de abastecimiento". Sin embargo, como advierten medios como Globes y Naiz, la materialización de este intercambio energético revela la vulnerabilidad real del sector del transporte aéreo de pasajeros en Alemania ante el encarecimiento del combustible, que ha llegado a duplicar su precio.
En el ámbito militar y de "seguridad", la administración de Merz ha intensificado lo que el titular de Exteriores, Johann Wadephul (CDU), denomina una "nueva alianza de la seguridad". Wadephul justificó la ocupación israelí del Líbano afirmando que "Israel tiene todo el derecho de estar ahí", mientras explicaba la compra del sistema antimisiles Arrow 3 y el desarrollo de una "cibercúpula" tecnológica con "la necesidad de sustituir la protección militar de Estados Unidos". La maniobra diplomático-comercial se produce en un medio de una aparente tensión entre Merz y Donald Trump, quien ha amenazado con retirar 5.000 soldados de suelo alemán por las críticas de Berlín sobre la gestión de la guerra en Irán.
La colaboración institucional se extiende al sector industrial y educativo, con empresas como Volkswagen estudiando la transformar plantas para producir material militar israelí y el compromiso de la ministra de Investigación, Dorothee Bär, de oponerse a "cada forma de boicot contra Israel". A pesar de las denuncias de la ONU y la política de anexión en Cisjordania, el bloque gubernamental alemán mantiene las autorizaciones de exportación de armamento.
Para blindar esta alianza ante el creciente malestar social por la crisis energética, la clase política alemana ha recurrido al endurecimiento del aparato jurídico y represivo. En el estado de Hesse, ya se tramitan reformas para castigar penalmente a quien niegue el "derecho a existir de Israel", un concepto que, según la teórica legislación internacional, "no es aplicable a las estructuras estatales sino a las personas". Este cierre de filas institucional alemán protege sus intereses estratégicos y el suministro energético olvidando cuestiones como "el derecho internacional". Al mismo tiempo, Berlín mantiene su protección a la entidad sionista y sigue reforzando el marco discursivo institucional equipara el cuestionamiento de la legitimidad del Estado de Israel con el "antisemitismo" para desactivar la oposición interna.