Los incendios forestales han destruido 157,5 millones de hectáreas en todo el mundo entre enero y abril de este año, lo que supone casi el doble de la superficie afectada en las mismas fechas del año anterior, cuando ardieron 88 millones de hectáreas. Según los datos de la publicación científica Our World in Data, esta cifra supera en un 20 % el anterior máximo histórico registrado en 2020. La gravedad de la situación coincide con la llegada del fenómeno de El Niño, que este año presenta un 30 % de probabilidades de ser "muy fuerte", y con temperaturas récord tanto en la superficie terrestre como en la de los mares, que se acercan a los niveles más altos jamás registrados.

África encabeza la destrucción material con 85 millones de hectáreas calcinadas, un 23 % más que su récord anterior, afectando gravemente a países como Senegal, Mali, Nigeria o Sudán. En Asia, la superficie quemada alcanza los 44 millones de hectáreas, un 40 % más que el máximo de 2014, con grandes focos en India, China y el sudeste asiático. Theodore Keeping, investigador del Imperial College de Londres, señaló en rueda de prensa que detrás de estos fuegos se encuentran las "quemas agrícolas" unidas a "condiciones extremadamente secas y elevadas temperaturas", factores ambos acentuados por el cambio climático.

La crisis de reproducción ambiental se manifiesta también en el hemisferio norte, donde el hielo marino del Ártico ha registrado mínimos históricos por segundo año consecutivo. Mientras Estados Unidos ha visto arder 5 millones de hectáreas —casi el doble de su récord de 2022— tras una ola de calor extrema en marzo, países como India han alcanzado temperaturas de 46 °C.

En el ámbito de las políticas públicas, diversas voces expertas denuncian un abandono de las prioridades de conservación. Jemilah Mahmood, directora del Sunway Centre for Planetary Health, advirtió que los gobiernos se han alejado "silenciosamente de sus compromisos climáticos" y que "la ambición ha retrocedido" pese a que la Organización Meteorológica Mundial confirma que el planeta está más desequilibrado que nunca. Por su parte, la ex secretaria de la ONU para el Cambio Climático, Patricia Espinosa, criticó la falta de acción institucional y subrayó que, aunque se conocen las medidas necesarias, "los Estados prefieren suavizar su lenguaje en lugar de acelerar la transición energética".

Este escenario de destrucción rentable y agotamiento de ecosistemas pone de relieve la fractura metabólica del modelo de producción actual. Mientras el fenómeno de El Niño amenaza con intensificar las sequías en el Amazonas y el sur de África, las instituciones internacionales insisten en que la situación es crítica. De acuerdo con la información de la agencia EFE, los expertos coinciden en que la naturaleza "no lee memorandos políticos" y que la persistencia en el modelo extractivista está llevando a la superficie forestal global a un punto de no retorno.