EEUU suspende el apoyo armamentístico a Taiwán y acusa a la isla de “robar” los chips
Trump supedita el apoyo militar a sus intereses comerciales, descarta una guerra “lejana” y exige la relocalización forzosa de la producción de semiconductores en suelo norteamericano.
El presidente de los Estados Unidos de América, Donald Trump, ha condicionado el apoyo militar que su Gobierno presta a Taiwán al subordinarlo de forma explícita a las negociaciones comerciales y estratégicas que mantiene con la República Popular China. En una entrevista concedida este sábado a la cadena de televisión Fox News tras concluir su cumbre bilateral en Pekín con el mandatario chino Xi Jinping, Trump ha cuestionado la viabilidad de una intervención bélica de las fuerzas armadas estadounidenses debido a la asimetría geográfica en el estrecho y a los intereses materiales de su administración. “China es un país enorme y muy poderoso. Taiwán es una isla muy pequeña. Piénsalo: está a 94 km de distancia. Nosotros estamos a 15.000 km. Es un problema difícil”, declaraba el presidente estadounidense, quien señaló directamente el desarrollo tecnológico de la isla al afirmar que “[Taiwán] nos robó nuestra industria de chips”.
Estas declaraciones públicas muestran la estrategia transaccional de la Casa Blanca, que utiliza el suministro militar a sus aliados coloniales como una palanca de presión económica dentro de la disputa con Pekín por el control de los mercados internacionales y la transferencia de valor. Donald Trump reconoció ante el periodista Bret Baier que mantiene “en suspenso” la ratificación de un paquete de venta de armamento a Taiwán —cuyo precio oscila entre los 11.000 y 14.000 millones de dólares— con el objetivo de emplearlo como un “buen chip de negociación” frente a las autoridades chinas. Aparentemente, el mandatario estadounidense rechaza asumir los costes de un conflicto armado lejano en defensa de la isla al aseverar que “no estoy buscando que alguien declare la independencia... No queremos ir a una guerra a 9.500 millas de distancia”, tras lo cual instó a ambos gobiernos a que “se calmen un poco”.
El posicionamiento de la administración Trump apunta de forma directa el desarrollo de la industria de semiconductores en Taiwán, centralizada en la empresa TSMC, corporación que actualmente concentra más del 90% de la producción de los componentes más avanzados del mundo, esenciales para el sector de la inteligencia artificial y la industria bélica. El presidente de Estados Unidos ha criticado a los ejecutivos estadounidenses precedentes por haber permitido que la isla desarrollara esta capacidad productiva y presiona para forzar la relocalización (reshoring) de estas fábricas hacia territorio norteamericano. Esta medida busca asegurar el control monopolístico de la producción por parte del gran capital estadounidense, utilizando la amenaza indirecta de aranceles y el desamparo militar si las empresas taiwanesas no supeditan sus activos a las exigencias de Washington.
En Taipéi han reaccionado con preocupación. La burguesía local teme este cambio de postura que debilita la doctrina de ambigüedad estratégica mantenida por la primera potencia mundial para asegurar sus posiciones en el Indo-Pacífico. Según recoge el diario The New York Times, el Ministerio de Asuntos Exteriores de Taiwán defiende "su soberanía" y recuerda que el territorio opera de facto como un país soberano con su propio gobierno, ejército y estructura económica, aunque dice valorar el suministro de armas recibido en el pasado por parte de EEUU. Por su parte, agencias internacionales señalan que el Gobierno de China recibió positivamente el rechazo de Trump a la independencia taiwanesa, después de que Xi Jinping ya advirtiera previamente de que una “gestión incorrecta” de este contencioso territorial conducirá de forma inevitable a un “conflicto”.
Los comentarios del presidente estadounidense han provocado una inmediata volatilidad financiera en las acciones de las empresas de semiconductores pocas horas antes del cierre de las bolsas. Analistas independientes citados por la prensa internacional y el medio tecnológico The Verge coinciden en que la postura de Trump acelera la fragmentación de las cadenas de suministro mundiales y deteriora la credibilidad de las garantías de seguridad de Estados Unidos ante otros aliados de la región como Japón, Corea del Sur o Filipinas. El cuestionamiento del compromiso militar por parte de Washington expone la trampa de las alianzas internacionales cuando chocan con los intereses materiales y la repatriación de capitales de la metrópoli imperialista.