Arabia Saudí ha iniciado conversaciones con sus aliados para proponer un pacto de no agresión con Irán, según han confirmado diplomáticos occidentales al Financial Times. La propuesta surge cuando la monarquía Saud busca gestionar las tensiones regionales ante un hipotético fin del conflicto bélico que mantienen Estados Unidos e Israel contra la República Islámica. Riad plantea como modelo el Proceso de Helsinki de los años 70, un marco que durante la Guerra Fría permitió rebajar la tensión en Europa mediante la "cooperación económica y la seguridad mutua" entre bloques enfrentados.

Las monarquías del Golfo temen que, una vez finalicen las hostilidades, queden expuestas ante un Irán victorioso y reforzado que mantenga una postura política hostil frente a la presencia militar de EEUU en la zona. "Todo depende de quién esté en él", ha señalado un diplomático árabe a la fuente citada, subrayando que excluir a Israel de este "marco de seguridad" podría ser "contraproducente", dado que la entidad sionista es percibida por diversos Estados árabes como "la mayor fuente de conflicto".

El plan diplomático saudí coincide con un alineamiento creciente de Riad con Pakistán, Turquía y Egipto, bloque que busca profundizar la cooperación militar y política exterior para, en palabras del ministro de Defensa paquistaní, Khawaja Asif, "minimizar la dependencia fuera de la región". Este movimiento se debe a la desconfianza hacia el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, a quien diversos Estados árabes y musulmanes acusan de haber "arrastrado al presidente estadounidense Donald Trump a una guerra" contra la que ellos mismos habían presionado.

En el plano europeo, varias capitales y las propias instituciones de la Unión Europea han respaldado la iniciativa saudí, instando a otros países del Golfo a sumarse. Los diplomáticos consultados por el Financial Times consideran que este pacto es "la vía para proporcionar a Teherán garantías de que tampoco sería atacado" y evitar futuros ciclos de destrucción. No obstante, el proyecto enfrenta obstáculos internos por la competencia económica y las visiones enfrentadas entre Arabia Saudí y los Emiratos Árabes Unidos (EAU), fiel aliado de Israel en el Golfo. Mientras Riad apuesta por la mediación liderada por Pakistán, los EAU mantienen una postura más beligerante hacia el país persa.

La urgencia de este pacto de no agresión se ha acelerado tras las represalias iraníes durante la guerra, que incluyeron ataques contra infraestructuras energéticas de las monarquías del Golfo y el cierre efectivo del Estrecho de Ormuz. Estos hechos han evidenciado la vulnerabilidad de las petromonarquías de la región ante la interrupción de los flujos de capital y mercancías. Mientras tanto, las conversaciones indirectas entre Estados Unidos e Irán se han limitado a la gestión del programa nuclear, dejando fuera el arsenal de misiles y drones que constituye la principal preocupación de los Estados vecinos.