Wall Street registró el pasado viernes una de sus jornadas más convulsas en más de un año, liderada por un desplome del 4,2% en el índice Nasdaq Composite, lo que supuso su mayor caída diaria desde el 10 de abril de 2025, fecha en la que los anuncios arancelarios de la administración estadounidense sacudieron los mercados. El índice selectivo S&P 500 también interrumpió una racha de nueve semanas consecutivas de ganancias al retroceder un 2,6%. Este giro drástico en la confianza de los inversores se desencadenó tras la publicación del informe oficial de empleo en Estados Unidos correspondiente al mes de mayo, el cual reveló la creación de 172.000 puestos de trabajo no agrícolas, cifra que superó ampliamente las expectativas de los analistas y que estuvo acompañada de revisiones al alza en los datos de ocupación de marzo y abril. 

La solidez del mercado laboral avivó inmediatamente las especulaciones de que la Reserva Federal se verá obligada a incrementar los tipos de interés este año para contener las presiones inflacionistas, provocando que los mercados financieros internalizaran por completo una subida de tipos para el próximo mes de diciembre. Como consecuencia directa, el rendimiento del bono del Tesoro estadounidense a dos años, altamente sensible a la política monetaria, repuntó 0,12 puntos porcentuales hasta alcanzar un máximo en quince meses del 4,17%, encareciendo los costes de endeudamiento a corto plazo y reduciendo el atractivo de los flujos de caja futuros de las empresas tecnológicas de rápido crecimiento.

Los semiconductores lideran las pérdidas a escala global

El repunte de los rendimientos de la deuda pública de EEUU impactó con especial dureza al sector de los semiconductores y la memoria digital, cuyos valores habían escalado a máximos históricos en semanas recientes al calor de las masivas inversiones en centros de datos para la inteligencia artificial. El Índice de Semiconductores de Filadelfia sufrió un descalabro del 10,3%, anotando su peor caída en un solo día desde el inicio de la pandemia en marzo de 2020, a pesar de acumular un avance superior al 80% en lo que va de año. Entre las firmas más afectadas destacaron Sandisk e Intel, que se hundieron un 11% cada una, mientras que el gigante de los chips Nvidia, cuya valoración ronda los cinco billones de dólares, cedió un 6%. El impacto de este ajuste se sintió a escala global, provocando caídas del 10% en la surcoreana SK Hynix y del 6% en Samsung Electronics. 

Paralelamente, las grandes corporaciones tecnológicas mostraron signos de vulnerabilidad tras los recientes movimientos en los mercados de capitales; un reporte publicado por el diario Financial Times señaló que Meta evalúa realizar una multimillonaria emisión de acciones para financiar sus proyectos de inteligencia artificial, poco después de que Google anunciara una oferta histórica de 85.000 millones de dólares, lo que provocó un retroceso de hasta el 7% en las acciones de Meta. Ante este panorama de volatilidad, los inversores buscaron refugio en activos de corte defensivo, lo que impulsó las cotizaciones de multinacionales de consumo masivo como Kimberly-Clark, Procter & Gamble y Coca-Cola.

Una "corrección técnica" en vísperas de grandes debuts bursátiles

Los analistas financieros coincidieron en que el mercado se encontraba en una situación de sobrecompra y optimismo desmedido por la IA, por lo que el "sólido" dato de empleo actuó como el detonante de una corrección técnica "largamente esperada". Esta corrección se produce en un momento crucial para el sector tecnológico de Wall Street, dada la inminente salida a bolsa de SpaceX programada para la próxima semana, una operación que busca recaudar 86.000 millones de dólares y que valoraría al conglomerado de Elon Musk en 1,78 billones de dólares, a lo que se suman los planes de debut bursátil de firmas punteras como Anthropic y OpenAI. Nicolas Forest, director de inversiones de Candriam, alertó sobre los riesgos de la "extrema concentración del mercado en la temática tecnológica".