La 'revuelta de los flamencos' en Albania cumple dos semanas
Las movilizaciones masivas en varias ciudades contra los complejos de lujo de los Trump persisten entre acusaciones de corrupción contra el Gobierno.
Una ola de indignación social ha tomado las calles de la capital de Albania, extendiéndose rápidamente a diversas ciudades bajo la consigna "Albania no está en venta" y la adopción del flamenco rosa como símbolo de 'resistencia'. Lo que comenzó el 23 de mayo como una movilización estrictamente ecologista para frenar la construcción de dos complejos turísticos de lujo impulsados por la familia Trump en la zona protegida de Vjosa-Narta, llena de humedales con flamencos entre otras especies, se ha transformado en un movimiento ciudadano de oposición al Gobierno albanés tras registrarse enfrentamientos entre manifestantes y cuerpos de seguridad privada contratados para proteger las futuras instalaciones.
El origen de la controversia se remonta al interés manifestado por Ivanka Trump y su esposo, Jared Kushner, quien ejerce como enviado especial de Donald Trump para Oriente Próximo y Rusia y ha tenido vínculos históricos con Israel, tras una visita privada a la isla de Sazan, un enclave deshabitado en la entrada de la bahía de Vlorë. El plan de desarrollo, presupuestado en unos 1.400 millones de euros por parte de la firma de inversión Affinity Partners, propiedad de Kushner, en alianza con una promotora vinculada a los hermanos multimillonarios cataríes Ramez y Mohamad Al-Khayyat, contempla la edificación de un retiro turístico residencial de aproximadamente 10.000 habitaciones de hotel, rascacielos y un puerto deportivo. El proyecto global, que abarca tanto la isla de Sazan como terrenos frente al mar en la localidad costera de Zvërnec, dentro del área protegida de Vjosa-Narta, alcanza un valor estimado de hasta 5.000 millones de euros, según declaraciones del propio primer ministro albanés, Edi Rama.

El catalizador del descontento social ha sido el inicio de la tala de masa forestal y la instalación de cercas con concertinas ejecutadas el pasado mes de mayo para restringir el acceso a los residentes locales en las zonas afectadas. La ONG local Protección y Preservación del Medio Ambiente Natural en Albania ha denunciado públicamente que maquinaria pesada "se encuentra arrasando uno de los hábitats costeros más críticos de Europa sin contar con las debidas evaluaciones de impacto ambiental ni los permisos pertinentes". En este sentido, la directora de Políticas de BirdLife Europa y Asia Central, Anouk Puymartin, emitió un comunicado oficial advirtiendo que las medidas de aislamiento físico impuestas por la empresa promotora "no conseguirán silenciar la protesta de miles de personas que defienden el ecosistema de Vjosa-Narta frente al beneficio privado".
Investigación por presunta corrupción
Le lejos de aplacar los ánimos, el enroque del Ejecutivo albanés ha amplificado el alcance de las manifestaciones, propiciando concentraciones de la diáspora albanesa frente a sedes institucionales en Bruselas, Estocolmo, Berlín, Toronto, Milán, Florencia y Nueva York. En una entrevista concedida a la agencia de noticias Reuters, el primer ministro Edi Rama minimizó las protestas tildándolas de "consignas de carácter antisemita y vinculadas a supuestas injerencias externas provenientes de Irán", al tiempo que ratificó su compromiso de seguir adelante con las obras argumentando que "se tratará de un proyecto magnífico que aportará orgullo a la región".
Sin embargo, la gestión institucional del proyecto ha abierto una brecha judicial interna; la estructura de la Fiscalía Especial Anticorrupción de Albania (SPAK) inició una investigación formal para esclarecer las polémicas modificaciones a la ley de áreas protegidas aprobadas por el Parlamento albanés en 2024, un cambio normativo que redujo el estatus de protección de la costa de Zvërnec y que los colectivos sociales señalan como "un trato de favor directo a los intereses de la firma estadounidense".
Este escenario judicial guarda similitudes con los antecedentes de Affinity Partners en los Balcanes, dado que en diciembre del año pasado la firma de Kushner se vio obligada a retirarse de un polémico plan urbanístico en Belgrado tras destaparse acusaciones de abuso de poder y falsificación documental contra funcionarios serbios que pretendían retirar la protección patrimonial de varios edificios históricos.