El denominado sionismo cristiano es un complejo fenómeno político-religioso transnacional que encuentra su principal motor en el pensamiento dispensacionalista y la escatología bíblica, vinculando de manera directa el “regreso físico del pueblo judío a la Tierra Santa” con el cumplimiento de las profecías sobre “el fin de los tiempos” y “la segunda venida de Jesucristo”, es decir, “el Apocalipsis”. Esta corriente teológica, nacida formalmente en el siglo diecinueve bajo la influencia del clérigo anglicano irlandés John Nelson Darby antes de expandirse vigorosamente por los Estados Unidos y América Latina, desafía la noción tradicional de que la Iglesia cristiana reemplazó a Israel como el “pueblo elegido de Dios”, sosteniendo en su lugar que las promesas del Antiguo Testamento siguen vigentes y que apoyar irrestrictamente las acciones geopolíticas y de expansión territorial del Estado de Israel es un “deber moral absoluto” supuestamente dictado por pasajes como Génesis 12:2, donde se afirma que “quien bendiga a Israel recibirá bendiciones divinas y quien lo maldiga sufrirá la condenación en el juicio final”.

Los creyentes de este movimiento, conformado mayormente por las ramas pentecostalistas y dispensacionalistas, asumen que la historia de la humanidad está dividida en dispensaciones y que la actual fase histórica exige la “restauración de Israel” para desencadenar los eventos descritos en el libro de las revelaciones, lo que transforma una expectativa mística en un movimiento político concreto que legitima al Estado de Israel y su genocidio bajo argumentos teológicos.

0:00
/1:34

Extracto del reportaje "Por qué los cristianos aman Israel" de Vice.

Esta alianza estratégica comenzó a institucionalizarse formalmente tras la fundación del Estado de Israel en el año 1948, un hito interpretado por estos sectores como la “prueba irrefutable” de la veracidad profética, lo que llevó a sucesivos gobiernos israelíes a implementar la denominada “diplomacia de la fe” para asegurarse el apoyo de estos grupos. El andamiaje transnacional se consolidó en 1980 con el establecimiento de la Embajada Cristiana Internacional en Jerusalén (ICEJ), un organismo que coordina hasta el día de hoy a redes globales bajo liderazgos como el del apóstol brasileño Renê Terra Nova, y se potenció en el año 2007 con la creación de la Fundación Aliados de Israel (IAF) por iniciativa del exministro israelí Benny Elon, con el objetivo explícito de subsidiar y articular a legisladores cristianos para contrarrestar campañas de boicot como el movimiento de Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS). A este entramado se sumó la organización estadounidense Capitol Ministries, fundada en 1996, la cual en el año 2017 abrió oficinas de cabildeo e instrucción bíblica para altos funcionarios públicos en México, Honduras, Costa Rica, Guatemala y Paraguay, expandiéndose en 2018 hacia Brasil en paralelo a la creación de la Coalición Latina para Israel (LCI), presidida por Mario Bramnick, quien intensificó los viajes por la región para conmemorar hitos como los 70 años de la fundación de Israel.

Esta convergencia entre dogmas espirituales y estructuras estatales llegó a su punto más álgido en mayo del año 2018, cuando Guatemala se convirtió en el segundo país del mundo en trasladar su sede diplomática oficial de Tel Aviv a Jerusalén, emulando la polémica medida adoptada por la administración de Donald Trump. El mandatario guatemalteco de ese periodo, Jimmy Morales, ejecutó la mudanza cediendo de forma directa a las presiones de la Alianza Evangélica de Guatemala, organismo que aglutina a más de 40.000 iglesias en todo el país. Una dinámica de presión similar se vivió en Brasil durante la gestión de Jair Bolsonaro entre los años 2019 y 2022, quien llegó a recibir el premio Amigo de Sión en 2019 de manos del Museo de Amigos de Sión de Jerusalén por su alineamiento con Benjamin Netanyahu, aunque en el gigante suramericano el poderoso sector ganadero local logró frenar el traslado definitivo de la embajada para proteger el multimillonario comercio de carne con el mundo árabe.

Turismo religioso

En la actualidad, la relación entre el evangelismo y el sionismo internacional se sostiene sobre una de las industrias más lucrativas de turismo religioso global, sustentada en corrientes proféticas. Agencias de viajes transnacionales y organizaciones como la ICEJ o IAF se lucran activamente con la organización de masivas peregrinaciones hacia Tierra Santa, bajo la convicción teológica de que el acercamiento físico y el respaldo político a Israel “acelerarán la prosperidad individual y pavimentarán el camino hacia el Apocalipsis, la instauración del Reino de Dios y la segunda venida de Jesucristo”.

0:00
/1:08

Extracto del reportaje "Por qué los cristianos aman Israel" de Vice.

Este flujo continuo de visitantes, con una participación masiva proveniente de Sudamérica, se traduce en una inyección multimillonaria de divisas para el Estado de Israel, consolidando en las iglesias una percepción proisraelí rígidamente anclada en el Israel imaginario del Antiguo Testamento. Esta asimilación doctrinal ha provocado que un gran número de congregaciones adopten símbolos netamente judíos en su cotidianidad, desplegando la bandera del Estado de Israel en sus púlpitos e incorporando de forma sistemática elementos rituales como el shofar, el talit y la kipá en sus cultos.

0:00
/0:56

Extracto del reportaje "Por qué los cristianos aman Israel" de Vice.