Tanto el Gobierno de los Estados Unidos como el de Israel se desentendieron este lunes de las implicaciones de 'pacificación' contempladas originalmente en el acuerdo de paz alcanzado entre Washington y Teherán para poner fin a la guerra y reabrir el estrecho de Ormuz tras más de cien días de conflicto armado. Por un lado, un alto cargo de la Administración de Donald Trump aclaró a la agencia Reuters bajo condición de anonimato, que la retirada de las tropas israelíes del sur del Líbano "no constituye una condición obligatoria dentro del memorando bilateral firmado con Irán".

Por otro lado, el Ejecutivo israelí adoptó una postura aún más distanciada del pacto cuando el primer ministro, Benjamín Netanyahu, junto a sus ministros de Defensa y Seguridad Nacional, confirmó de forma oficial que "el Estado de Israel no detendrá sus incursiones ni replegará a sus soldados", argumentando que "los compromisos adquiridos por potencias extranjeras no limitan su agenda de seguridad ni su combate contra Hezbollah".

En un discurso televisado seguido de una rueda de prensa este lunes, Benjamín Netanyahu aseguró de manera tajante que "la lucha no ha terminado", a pesar del acuerdo anunciado la noche anterior entre Estados Unidos e Irán. Asimismo, el mandatario defendió "la legitimidad y los resultados" de la ofensiva militar iniciada el pasado 28 de febrero contra Irán, detallando que, junto a las fuerzas estadounidenses, ejecutaron "el mayor ataque en la historia de Israel".

Imagen de la rueda de prensa de Netanyahu.
Imagen de la rueda de prensa de Netanyahu.

Reforzando esta línea de desentendimiento institucional frente al alto el fuego, el ministro de Defensa de Israel, Israel Katz, emitió el primer comunicado oficial del liderazgo de su país sobre el armisticio, ratificando que el Ejército israelí "no tiene la menor intención de retirarse del sur del Líbano". Katz reveló que comparte con Netanyahu una política clara e inamovible de permanecer en las zonas ocupadas en el Líbano, Siria y Palestina sin ningún tipo de límite temporal. El titular de Defensa especificó que estas áreas fronterizas serán "completamente vaciadas de residentes locales" y que "toda la infraestructura calificada de terrorista, tanto en la superficie como en el subsuelo, incluyendo las viviendas de los pueblos de la línea de contacto, será destruida". A esta negativa se sumó el ministro de Seguridad Nacional de Israel, Itamar Ben-Gvir, quien exigió públicamente "seguir destruyendo casas y expulsando a la población" del sur del Líbano. Por su parte, el líder de la oposición al gobierno de Netanyahu, Naftali Bennett, declaró ayer que "[si gano las elecciones de otoño] En el frente militar, regresaré a la doctrina de seguridad de guerras rápidas, poderosas y decisivas, en lugar de la estrategia de Netanyahu de alargar las cosas".

Hezbollah cumple con el alto el fuego

Mientras tanto, el portavoz del secretario general de la ONU, Stéphane Dujarric, denunció este lunes desde Nueva York que la FINUL registró el lanzamiento de más de 133 proyectiles y dos ataques aéreos procedentes de Israel hacia el sur del país entre la medianoche y las 16:00 horas locales, un período en el cual no se notificó ningún ataque por parte de Hezbollah. Estos datos dan continuidad a la tendencia observada durante el fin de semana previo al anuncio, cuando la UNIFIL detectó 1.374 trayectorias de proyectiles, de los cuales el 97% (1.328) fueron atribuidos a las fuerzas israelíes.

Vista de edificios destruidos por un ataque israelí sobre la ciudad de Maaroub, al sur de Líbano, este 15 de junio de 2026. Foto: EFE-Wael Hamzeh
Vista de edificios destruidos por un ataque israelí sobre la ciudad de Maaroub, al sur de Líbano, este 15 de junio de 2026. Foto: EFE-Wael Hamzeh