Un exhaustivo análisis global publicado por la organización Oxfam Intermón revela una profunda brecha económica en el contexto de la agresión imperialista contra Irán. De acuerdo con los datos extraídos de las 1.200 mayores corporaciones del mundo, los milmillonarios del sector de la energía vinculados a los países del G7 han obtenido unos ingresos extraordinarios de 301 millones de dólares diarios desde el inicio del conflicto armado de Estados Unidos e Israel contra Irán. Este repunte ha consolidado una tendencia histórica de concentración patrimonial, en la que la riqueza total de los súper ricos de estas naciones ha escalado en casi 10 billones de dólares en el periodo reciente, creciendo el patrimonio de los magnates energéticos a un ritmo 14 veces más rápido que el del resto de los milmillonarios del planeta.

El impacto financiero se refleja de forma directa en los balances de las principales corporaciones globales del sector extractivo y agrícola durante el presente año 2026. Las proyecciones económicas indican que las seis mayores compañías petroleras del mundo experimentarán un incremento del 80% en sus beneficios respecto a las previsiones anteriores a la guerra, lo que equivale a una inyección adicional de 68.000 millones de dólares y a unas ganancias estimadas en 3.000 dólares por segundo, rozando un acumulado de 100.000 millones de dólares al cierre del ejercicio. De igual manera, tres de las firmas de fertilizantes más grandes del mercado internacional prevén un repunte del 23% en sus ganancias netas en comparación con los pronósticos previos al conflicto. Este auge corporativo ha tenido un impacto directo en los mercados de valores, donde instituciones financieras como la división de banca de inversión de UBS reportaron un aumento del 27% en sus ingresos durante el primer trimestre de 2026 debido a una actividad comercial sin precedentes, un entorno bursátil controlado en gran medida por el 1% más rico de la población, que en lugares como EEUU posee el 50% de las acciones corporativas y fondos mutuos, frente al 1% que retiene el 50% más pobre.

Recortes en la ayuda internacional

La contraparte de esta acumulación de capital se traduce en una severa crisis social y de abastecimiento para las economías en desarrollo. El informe de Oxfam advierte de que las consecuencias directas de la guerra arrastrarán a más de 32,5 millones de personas a la pobreza extrema antes de que finalice el año 2026. Esta situación se ve gravemente agravada por la inflación de los productos básicos, dado que los precios de los alimentos aumentaron 3,4 veces más rápido entre los meses de febrero y abril de 2026 que en el mismo periodo del año 2025. Los indicadores de vulnerabilidad muestran que, desde la última cumbre del G7 presidida por París, un promedio de 44 personas por minuto ha entrado en situación de emergencia humanitaria a nivel global. Las reducciones proyectadas en la Ayuda Oficial al Desarrollo podrían costar hasta 9 millones de vidas para el año 2030.

En medio de este escenario, los Estados miembros del G7, Alemania, Canadá, Francia, Italia, Japón, el Reino Unido y los Estados Unidos, aplicaron un drástico recorte presupuestario a la cooperación internacional. Entre los años 2024 y 2025, estas potencias recortaron la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD) en 48.000 millones de dólares, lo que representa una disminución neta del 29%. Para calibrar la magnitud de esta cifra, la cuantía total recortada por los gobiernos equivale exactamente a la riqueza que los propios milmillonarios del G7 acumularon en tan solo nueve días de actividad comercial, impulsando el patrimonio total de estos últimos hasta los 10,88 billones de dólares constatados al cierre de 2025.

Aumento del gasto militar

La reorientación de las políticas públicas del G7 ha priorizado de forma nítida el gasto militar por encima de la asistencia a las poblaciones civiles en situaciones de catástrofe, muchas de ellas derivadas del legado colonial ejercido por esos mismos países. Durante el año 2025, el 65% de los planes de emergencia humanitaria diseñados por la ONU quedaron completamente desfinanciados por falta de aportaciones estatales. La investigación de la ONG demuestra que la ayuda humanitaria provista por el G7 en 2025 representó únicamente el 0,75% de sus gastos militares totales, lo que significa que el presupuesto bélico agregado de estas potencias fue 133 veces superior a los fondos destinados a crisis humanitarias.