Un fascista de 36 años ha sido detenido e imputado en Escocia en relación con una serie de ataques violentos de motivación racista e islamófoba ocurridos el pasado viernes en Edimburgo. Los incidentes, descritos como “una secuencia de eventos de rápido desarrollo”, comenzaron alrededor de las 20:50 horas en las inmediaciones de la mezquita de Broomhouse, en el oeste de la capital escocesa. En ese primer punto, dos hombres resultaron heridos y debieron ser trasladados a la enfermería real de Edimburgo. Posteriormente, el sospechoso se desplazó varios kilómetros realizando destrozos y agresiones en áreas como Telford Road y Leith Walk, dejando un saldo total de cinco personas heridas, cuyas edades oscilan entre los 22 y los 39 años.

De acuerdo con las verificaciones realizadas por la cadena pública BBC a partir de imágenes de cámaras de seguridad y vídeos difundidos en redes sociales, el atacante se desplazaba con el torso descubierto y portando un arma de grandes dimensiones, identificada posteriormente como un hacha de mano en el interior de un taxi que acabó con los cristales destrozados. El individuo también irrumpió en una gasolinera en Ferry Road, donde causó daños materiales y volcó estanterías, e intentó asaltar a golpes la pizzería Origano en Leith Walk, obligando al personal a cerrar las persianas electrónicas para proteger a los clientes. El agresor fue finalmente reducido y, durante el arresto, profirió insultos y afirmó que estaba “protegiendo al país de esos putos musulmanes”.

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Respecto a la naturaleza de los cargos y la identidad de los afectados, la organización MEND Scotland confirmó que varias de las víctimas pertenecen a la comunidad musulmana local. Las autoridades médicas precisaron más tarde que ninguna de las heridas sufridas por los cinco afectados pone en riesgo su vida.

Este nuevo ataque coincide con la controversia generada esa misma semana tras la publicación de un informe falso por parte de Rupert Lowe, líder del partido de extrema derecha Restore Britain, en el que se aseguraba de manera infundada que ciudadanos inmigrantes habían agredido sexualmente a 250.000 mujeres. La difusión de dicho documento fraudulento adquirió una repercusión internacional significativamente mayor después de que el magnate tecnológico Elon Musk amplificara el contenido a través de sus plataformas digitales.

Crímenes fascistas que no causaron pogromos

Los recientes pogromos y disturbios racistas causados por turbas unionistas protestantes en Irlanda y Escocia, instrumentalizaron el ataque de un hombre de origen sudanés para responsabilizar a toda la comunidad migrante por él. Sin embargo, la larga lista de asesinatos y ataques realizados por miembros de grupúsculos fascistas ha pasado muy inadvertida de cara a la opinión pública. 

El sangriento historial incluye hitos de extrema crueldad como los atentados con bombas de clavos perpetrados por el neonazi David Copeland en abril de 1999 contra las comunidades negra y bangladesí en Brixton y Brick Lane, así como el pub gay Admiral Duncan en el Soho, dejando tres muertos y 140 heridos, un patrón de lobos solitarios radicalizados que se repitió en 2013 con el asesinato a puñaladas del anciano musulmán Mohammed Saleem a manos del supremacista ucraniano Pavlo Lapshyn en Birmingham, quien también colocó explosivos en mezquitas.

Un bebé de 23 meses, cuyo cráneo fue atravesado por un clavo de 2 cm tras el ataque de David Copeland.  Foto: BBC
Un bebé de 23 meses, cuyo cráneo fue atravesado por un clavo de 2 cm tras el ataque de David Copeland. Foto: BBC

A ello se le suman casos como el del año 2016, cuando el neonazi Thomas Mair, vinculado al grupo supremacista Britain First, asesinó a tiros y puñaladas a la diputada laborista Jo Cox al grito de “contra los traidores de la patria”, un modus operandi idéntico al que en 2017 llevó a cabo Darren Osborne, cuando embistió con una furgoneta a los fieles que salían de la mezquita de Finsbury Park, asesinando a Makram Ali e hiriendo a diez personas más. Más recientemente, en 2022, el fascista Andrew Leak atacó con bombas incendiarias un centro de detención de la Border Force para solicitantes de asilo en Dover, un atentado que se suma a decenas de tramas desarticuladas entre 2017 y 2025 vinculadas a grupúsculos como National Action, Sonnenkrieg Division, Feuerkrieg Division o Atomwaffen, organizaciones que captan a jóvenes en internet para fabricar armas caseras y planificar matanzas inspiradas en la masacre de Christchurch de 2019.

En Irlanda, los paramilitares unionistas han perpetrado de forma sistemática ataques con bombas de tubería y tiroteos contra los hogares de inmigrantes y católicos, situando a la región a la cabeza en estadísticas de crímenes de odio racista. Desde 2022, una preocupante escalada de violencia promovida por plataformas de extrema derecha en internet se viene produciendo, traduciéndose en incendios provocados contra al menos 26 edificios destinados al alojamiento de refugiados y solicitantes de asilo político, además de los gravísimos disturbios racistas acontecidos en Dublín en 2023 y en Coolock en 2024, donde se registraron agresiones con armas blancas contra migrantes.

La amenaza que más crece

Las estadísticas acumuladas entre los años 2000 y 2026 exponen la verdadera magnitud de esta amenaza estructural, con una estimación de más de 150.000 ataques e incidentes de odio racial y religioso con una clara implicación de la extrema derecha en el Reino Unido e Irlanda, confirmándose como “la amenaza de más rápido crecimiento” en ambos Estados. Aunque Inglaterra y Gales han registrado entre 1.5 y 2 millones de delitos de odio en este período, los análisis especializados demuestran que entre el 5% y el 20% de estos casos, con picos críticos tras el Brexit y durante los graves disturbios de Southport en 2024, están directamente vinculados a la ideología fascista, manifestándose en decenas de miles de asaltos físicos, vandalismo contra mezquitas y propaganda neonazi de grupos como National Action o Britain First. Este sombrío balance se recrudece al sumar los miles de crímenes racistas ejecutados en Irlanda del Norte bajo el amparo de paramilitares unionistas, los cientos de incidentes anuales en la República de Irlanda, que incluyen al menos 26 incendios provocados contra centros de refugiados y revueltas violentas como las de Dublín en 2023 y Coolock en 2024, desvelando un aparato de violencia ideológica masiva que, sistemáticamente, goza de un tratamiento político mucho más laxo que el sufrido por las minorías.

Imagen de un encuentro de Britain First. Foto: channel4.com
Imagen de un encuentro de Britain First. Foto: channel4.com

Este salvaje doble rasero resalta una profunda asimetría en la narrativa pública y judicial, puesto que mientras que cualquier incidente aislado que involucre a un ciudadano extranjero es utilizado por la extrema derecha para criminalizar, estigmatizar y castigar colectivamente a comunidades enteras de migrantes, jamás se aplica esa misma lógica de culpabilidad colectiva frente a la descomunal oleada de violencia racista “nativa”. Si se midiera con la misma vara y se colectivizara la culpa por los ataques y asesinatos de los supremacistas blancos, las estructuras políticas y los sectores fascistas autóctonos enfrentarían una responsabilidad sistémica ineludible ante el volumen industrial de agresiones que perpetran de manera constante y organizada en todo el territorio.