Las autoridades electorales de Perú han avanzado en el cómputo oficial de la segunda vuelta presidencial celebrada el pasado 7 de junio, alcanzando el 99,87% de las actas escrutadas tras un proceso de 17 días. Los datos de la institución electoral confirman que la candidata de ultraderecha, Keiko Fujimori, lideresa del partido de extrema derecha Fuerza Popular, ha obtenido el 50,121% de los sufragios, consolidando una ventaja de 44.453 votos sobre su rival de izquierda, Roberto Sánchez, representante de Juntos por el Perú, quien registra el 49,879% de los apoyos. Esta diferencia matemática ha sido calificada como “irreversible” por los analistas del proceso, dado que el volumen de votos pendientes por contabilizar es inferior al margen que separa a ambos postulantes. Ante este escenario, los jurados electorales locales iniciaron el periodo de resolución de las impugnaciones pendientes, correspondientes a menos del 0,2% del electorado, fijando como plazo máximo mediados de julio para emitir la declaración oficial de los resultados, con miras a la sesión de transmisión de mando y proclamación presidencial programada para el próximo 28 de julio.

La evolución del escrutinio definitivo estuvo marcada por el cuestionamiento directo de Roberto Sánchez, quien denunció la existencia de un fraude en desarrollo y se negó públicamente a reconocer la victoria de Fujimori. El candidato de izquierda ha centrado su estrategia legal en impugnar el voto emitido en el extranjero, particularmente el de Estados Unidos, donde reside la mayor comunidad de peruanos en el exterior y donde Fujimori obtuvo un respaldo decisivo, bajo el argumento de que las actas de las mesas foráneas no fueron digitalizadas en origen y que el traslado físico del material electoral hacia Lima rompió la cadena de custodia. No obstante, las autoridades correspondientes han desestimado formalmente estos pedidos de nulidad por “falta de sustento técnico”. En paralelo a las acciones legales, Sánchez ha convocado a sus bases a realizar movilizaciones en las 16 regiones donde obtuvo la victoria, prolongando la incertidumbre surgida desde la primera vuelta, que también enfrentó acusaciones de irregularidades por parte de sectores de la ultraderecha.

Imagen de archivo de Roberto Sánchez. Foto: diariocontraste.com
Imagen de archivo de Roberto Sánchez. Foto: diariocontraste.com

La campaña de Fujimori, articulada bajo la consigna de “seguridad y orden”, prometiendo implementar patrullajes militares en la vía pública, la expulsión expedita de ciudadanos extranjeros “que cometan delitos” y la obligatoriedad de trabajos forzados para los presos. Durante sus intervenciones, la candidata equiparó las acciones de represión con las de la década de los noventa implementadas por su padre, el fallecido dictador Alberto Fujimori, cuyo legado político estuvo marcado por las condenas por violaciones a los derechos humanos y corrupción que marcaron su administración autoritaria.

El triunfo de Fuerza Popular reconfigura el mapa político regional de América del Sur, alineando a la futura administración peruana con Washington. Tras difundirse las tendencias irreversibles del escrutinio, el dirigente brasileño Flavio Bolsonaro felicitó públicamente a Fujimori y enfatizó la “necesidad de fortalecer la cooperación sudamericana contra el narcoterrorismo transnacional”, sumándose al respaldo que la campaña peruana recibió previamente por parte de figuras afines como el recientemente electo mandatario colombiano, Abelardo de la Espriella.

Cuatro intentos

Keiko Fujimori ha intentado alcanzar la presidencia del Perú en cuatro ocasiones, logrando llegar al balotaje en todas ellas (2011, 2016, 2021 y 2026). En sus tres primeras postulaciones se quedó a las puertas de la victoria por márgenes sumamente estrechos, que oscilaron entre el 0.12% y el 2.9%. Específicamente, en las elecciones de 2011 perdió frente a Ollanta Humala al obtener un 48.55% frente al 51.45% de su rival, mientras que en 2016 fue superada por Pedro Pablo Kuczynski en un resultado aún más milimétrico, alcanzando el 49.88% frente al 50.12% de su contendor.

Esta tendencia de votaciones hiperajustadas se repitió en los comicios de 2021, donde Fujimori obtuvo un 49.87% de los sufragios, perdiendo la presidencia ante Pedro Castillo, quien se impuso con un 50.13%.