El impacto de los centros de datos en la crisis ecológica
Informes de agencias internacionales y universidades advierten sobre el drástico aumento en el consumo de energía y agua, así como un impacto ambiental severo.
La expansión de la economía digital y el auge de la inteligencia artificial han desencadenado un incremento sin precedentes en la infraestructura tecnológica internacional, encendiendo las alarmas de la comunidad científica y de los organismos internacionales por su elevado costo ambiental.
En el ámbito energético, el Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley (LBNL) reportó en 2024 que los centros de datos en Estados Unidos consumieron aproximadamente 176 teravatios-hora (TWh) durante el año 2023, lo que representó el 4,4% de todo el consumo eléctrico del país, con proyecciones que indican que esta cifra podría duplicarse o incluso triplicarse para el año 2028. A nivel global, la Agencia Internacional de la Energía (AIE), en su informe de 2025, señaló que estas instalaciones consumieron cerca de 415 TWh, equivalentes al 1,5% de la electricidad mundial en 2024, advirtiendo que la demanda podría escalar hasta los 945 TWh para 2030 y que este sector crece cuatro veces más rápido que el resto de la demanda eléctrica del planeta.
Este panorama se agrava al evaluar el impacto atmosférico, pues un estudio publicado en el repositorio arXiv en 2024 reveló que los centros de datos estadounidenses emitieron alrededor de 105 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente, lo que representa el 2,18% de las emisiones del país, registrando además una intensidad de carbono 48% superior al promedio nacional debido a que el 56% de su electricidad proviene de combustibles fósiles. Para el año 2030, la Universidad de Cornell, en una investigación publicada por Nature Sustainability en 2025, estimó que el desarrollo de la inteligencia artificial generará entre 24 y 44 millones de toneladas de CO2 adicionales al año en territorio estadounidense, una cifra comparable al impacto de siete millones y medio de vehículos en circulación. En este mismo sentido, proyecciones financieras de firmas como Goldman Sachs anticipan que para el final de la década estos complejos absorberán el 8% de la energía de Estados Unidos y contribuirán con hasta el 1,4% de las emisiones globales de carbono.
El requerimiento de agua para los sistemas de refrigeración constituye otro de los desafíos críticos para la sostenibilidad del sector, ya que las instalaciones medianas evaporan hasta 1.136.523 litros diarios y las grandes llegan a demandar hasta 19 millones de litros por jornada. En el estado de Texas, una investigación conjunta de la organización HARC y la Universidad de Houston estimó un consumo de 185.492 millones de litros para el año 2025, el cual podría dispararse hasta los 1,5 billones en 2030. De igual manera, el estudio de la Universidad de Cornell de 2025 proyecta que el escenario de la inteligencia artificial para 2030 requerirá entre 731 y 1.125 millones de metros cúbicos de agua anuales, un volumen equivalente al gasto doméstico de de seis a diez millones de ciudadanos estadounidenses. Esta situación es especialmente preocupante dado que muchos de estos complejos se ubican en zonas de severo estrés hídrico como Arizona y Texas; a modo de ejemplo, la multinacional Google reportó en 2023 un consumo superior a los de 19.000 millones de litros en sus centros de datos.
Islas de calor, residuos y gases contaminantes
Más allá del agua y la energía, las comunidades locales enfrentan impactos colaterales severos, tales como la creación de islas de calor urbanas, donde se han detectado incrementos de temperatura de entre 5 y 9 grados en los alrededores de los centros, afectando el bienestar de millones de personas. Asimismo, el uso de generadores de respaldo que operan con diésel libera contaminantes como material particulado (PM2.5) y óxidos de nitrógeno (NOx), acarreando elevados costos para la salud pública. Al analizar el ciclo de vida completo de la infraestructura, bajo el enfoque recomendado por el Panel Intergubernamental del Cambio Climático (IPCC) para evaluar no solo los impactos operativos, se deben contabilizar la extracción de minerales críticos, la generación de residuos electrónicos y la fabricación de los propios servidores, cuya producción puede emitir hasta 1.750 kilos de CO2 por unidad.
Este fenómeno también ha cobrado relevancia en Europa y América Latina, donde la organización ECODES, en colaboración con ZINNAE y la Universidad de Zaragoza, analiza exhaustivamente el consumo de agua en centros orientados a la inteligencia artificial y su relación con la adaptación climática. Por su parte, el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA o UNEP) destaca la problemática asociada a los desechos tecnológicos y la dependencia de los combustibles fósiles, los cuales suministran el 57% de la electricidad de los centros de datos a nivel global, mientras que en América Latina crecen las preocupaciones por la presión sobre las subestaciones eléctricas y el uso de energía no renovable.