El Banco Mundial pondrá fin a sus préstamos de ‘desarrollo’ a China para 2031
El plan de transición acordado con Pekín y celebrado por Washington, limitará la financiación a Pekín a un máximo de 2.000 millones de dólares durante los próximos cinco años antes de su cese definitivo.
El Banco Mundial y el Gobierno de China han alcanzado un acuerdo estratégico para retirar de forma progresiva todos los préstamos de desarrollo otorgados a Pekín, fijando el cese definitivo de la financiación multilateral para el año 2031. Según informaron este martes en Washington tres fuentes familiarizadas con el plan recogidas por el diario Financial Times y la agencia Reuters, el nuevo marco de asociación de cinco años limitará los créditos de la entidad a un máximo de 2.000 millones de dólares entre el periodo actual y 2031, fecha a partir de la cual expirarían por completo. La junta directiva del Banco Mundial tiene previsto revisar de manera formal los detalles de este documento de colaboración durante la semana del próximo 20 de julio, un trámite institucional que, según las mismas fuentes oficiales, forma parte de los procesos ordinarios del organismo y no requerirá de una votación formal para su validación.
Los registros estadísticos de la entidad financiera multilateral muestran que los préstamos anuales destinados a Pekín han experimentado un descenso continuado a lo largo de la última década, pasando de una tasa de 2.400 millones de dólares en el año 2017 a un total de 750 millones de dólares registrados durante el ejercicio de 2025. Asimismo, el historial institucional recuerda que China dejó de cumplir con los criterios de elegibilidad para los créditos de la Asociación Internacional de Fomento, el mecanismo del Banco Mundial diseñado para “asistir” a los países más pobres en el año 2000, iniciando su andadura como país contribuyente de dicha dotación en 2007, donde actualmente se posiciona como el quinto mayor donante a nivel mundial. Un funcionario del organismo financiero familiarizado con la materia argumentó que “China ha logrado avances de desarrollo muy significativos durante las últimas décadas, por lo que la relación bilateral entra ahora en una nueva fase jurídica coherente con la realidad económica”.
La supresión de estas líneas de crédito responde también a las intensas presiones políticas ejercidas durante años por Estados Unidos y otras potencias occidentales, las cuales sostenían que “el creciente músculo financiero de Pekín inhabilitaba la justificación de recibir transferencias de desarrollo”, un asunto que generó fricciones recurrentes con la administración estadounidense. Tras conocerse el acuerdo, un portavoz del Departamento del Tesoro de Estados Unidos calificó la medida de “un paso en la dirección correcta” y manifestó el deseo de Washington de que “otras instituciones internacionales adopten decisiones análogas”, añadiendo que, “al ostentar el estatus de segunda economía global, China no debería recibir donaciones ni ayudas de entidades multilaterales”.