El esfuerzo cubano por la enseñanza universal
Cuba ha llegado a destinar bajo bloqueo el 14,06% de su PIB a educación y sus alumnos han liderado las pruebas latinoamericanas de la UNESCO.
En un estudio propio referido al periodo 2009-2013, elaborado con los datos del Instituto de Estadística de la UNESCO, el Banco Mundial reportó cómo Cuba destinó a la educación el 12,9 por ciento de su producto interior bruto, la proporción más alta del planeta para esos años. La comparación resulta más ilustrativa que el dato aislado, puesto que EEUU dedicaba entonces un 5,4 por ciento, Canadá un 5,5, Reino Unido un 6,2, Francia un 5,9, Alemania un 5,1, Italia un 4,5 y el Estado español un 5, mientras que en América Latina el segundo país de la lista, Bolivia, se quedaba en el 7,6 por ciento y Brasil en el 5,8. No fue un pico coyuntural, dado que la serie del Banco Mundial arroja una media del 11,87 por ciento entre 1980 y 2022 para Cuba, con un máximo histórico del 14,06 por ciento en 2008.
Adicionalmente, el verdadero contraste de esa prioridad no llegó en años de bonanza económica sino en pleno contexto de un bloqueo económico asfixiante a la vez que se daba la desaparición de las mayores alianzas internacionales de la isla. Entre 1989 y 1993, al desaparecer el comercio con el bloque socialista, el producto interior bruto cubano se desplomó un 35 por ciento y el producto per capita un 37 por ciento, las exportaciones cayeron un 79 por ciento y las importaciones un 76, y la inversión bruta se desplomó desde el 26,7 por ciento del producto hasta un exiguo 5,4. En ese contexto, el déficit fiscal saltó del 7,3 al 33,5 por ciento del producto interior bruto, y la razón que consignan los economistas reunidos en torno a la Association for the Study of the Cuban Economy, que han estudiado el periodo con detalle, resulta central para entender el caso cubano, puesto que el agujero se ensanchó precisamente porque el gobierno mantuvo el gasto en servicios sociales cerca de sus niveles anteriores mientras todo lo demás se recortaba. El gasto educativo tocó fondo en el 5,62 por ciento del producto en 1994 y volvió a superar el 12 por ciento en el plazo de una década, de modo que la red escolar sobrevivió intacta a una crisis que redujo a la mitad el consumo de la población.
Los resultados de ese esfuerzo han sido verificados por organismos internacionales. En 1997, el Laboratorio Latinoamericano de Evaluación de la Calidad de la Educación, dependiente de la oficina regional de la UNESCO, examinó en matemáticas y lengua a alumnos de tercero y cuarto grado de trece países, y los escolares cubanos no solo superaron ampliamente la media regional sino también, por un margen considerable, al segundo país mejor clasificado, que fue Argentina. El hallazgo que mejor sintetiza la distancia es que incluso el alumnado de las escuelas cubanas de menor renta obtuvo mejores resultados que la mayoría de los estudiantes de “clase media alta” del resto del continente. La segunda ronda del estudio, aplicada en 2006 a diecisiete países con alumnos de tercero y sexto grado, reprodujo el mismo cuadro.
Martin Carnoy, profesor de Stanford, dedicó cuatro años a investigar la cuestión junto a Amber Gove y Jeffery Marshall, analizando econométricamente los datos de siete países, filmando más de treinta clases de matemáticas de tercer grado repartidas por igual entre Cuba, Brasil y Chile, y entrevistando a docentes, directores, responsables ministeriales y formadores universitarios, un trabajo de campo cuyas conclusiones reunió en el libro Cuba's Academic Advantage, publicado por Stanford University Press en 2007. Su explicación, como cabría esperar, encuentra infinidad de ventajas organizativas, atribuyendo el margen a un profesorado bien formado y supervisado con regularidad, a expectativas académicas altas aplicadas a todo el alumnado sin segregación por rendimiento ni capacidad económica, a grupos de alrededor de veinte niños en los seis primeros grados y a una jerarquía de gestión con objetivos y responsabilidades definidos. A ello se añade que la escolarización cubana ha actuado sobre una infancia con cobertura sanitaria universal, aulas socialmente mezcladas y entornos de baja criminalidad, condiciones que en los países de comparación solo alcanzan a una minoría. Incluso cuando Carnoy ajusta las puntuaciones por contexto social la ventaja cubana se reduce, aunque no desaparece, lo que indica que una parte del resultado procede de la escuela misma y otra de la sociedad que la rodea. Así, el Informe de Seguimiento de la Educación para Todos publicado por la UNESCO en 2015 situó a Cuba como el único país de América Latina y el Caribe que había cumplido todos los objetivos educativos medibles fijados en Dakar.
En educación superior, la Escuela Latinoamericana de Medicina, fundada en 1999 en La Habana, se convirtió en la mayor facultad de medicina del mundo, con cerca de 19.550 estudiantes de 110 países en 2012 y con unos 20.000 médicos graduados procedentes de setenta países hacia 2014, todos ellos con becas completas de seis años condicionadas al compromiso de ejercer en comunidades desatendidas. El propio secretario general de Naciones Unidas visitó el centro ese año, una visita de la que informó la organización MEDICC, que es también la fuente de ese recuento de graduados.
Toda esta trayectoria se ha desarrollado bajo una restricción material severa impuesta por EEUU que ningún otro sistema educativo comparable soporta. Según los informes que Cuba presenta anualmente ante Naciones Unidas, los daños del bloqueo económico, comercial y financiero estadounidense, solo en el sector educativo se estimaron en 75,5 millones de dólares entre marzo de 2022 y febrero de 2023 y en 89,7 millones entre marzo de 2024 y febrero de 2025, y se concretan en la imposibilidad de comprar mobiliario, equipamiento informático y materias primas para la impresión de libros de texto en los mercados más próximos, lo que obliga a adquirirlos en mercados lejanos con sobrecostes de fletes que multiplican el precio final. La Asamblea General de Naciones Unidas viene reclamando el fin de esa política de forma prácticamente unánime desde hace más de tres décadas, pero Washington mantiene e incluso agrava el bloqueo cortando el suministro energético. A pesar de todas las dificultades, 1.600.000 estudiantes cubanos de Educación General y más de 400.000 de pregrado en 50 instituciones de nivel superior completaron matrícula de curso 2024-2025. Si una Cuba bloqueada ha llegado hasta ahí, ¿de qué habría sido capaz sin bloqueo?