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Un exagente de la Policía Nacional confiesa golpes a detenidos, homofobia y racismo en el cuerpo

Sirvió 16 años como policía nacional: presenció golpes a detenidos, cacheos humillantes homófobos y provocación de delitos por “productividad”; fue aislado como “chivato” y dice poder documentar los hechos con fecha, hora y nombres.

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Foto: @policia (X)
Imagen de archio de un agente de la Policía Nacional española. Foto: @policia (X)

Un exagente de la Policía Nacional española ha denunciado en un testimonio difundido en Instagram una serie de prácticas abusivas dentro del cuerpo, que incluyen golpes a detenidos en dependencias policiales, cacheos humillantes a personas homosexuales y transexuales, denegación de asistencia médica a detenidos golpeados, provocación de delitos para aumentar la “productividad” y la instalación de cámaras de videovigilancia sin autorización judicial. Javi Moreno, que demuestra haber trabajado 16 años como policía nacional con documentación que lo acredita y haber estado de baja por depresión a causa de lo vivido, considera que “el cambio de la Policía Nacional ha sido bestial” en los últimos años y que él, solo, “no podía hacer nada”. El testimonio se viralizó entre 14 y 15 de octubre a través de Instagram y X.

Moreno enumera prácticas concretas que dice poder “justificar y documentar con día, fecha y hora y nombre de la persona afectada y/o detenida”, sin mencionar a los autores. Entre ellas, golpes a detenidos que sufren agresiones “estando sentados y engrilletados en una silla”; risas y burlas hacia homosexuales y transexuales, tanto ciudadanos como el propio personal de la policía; y vejaciones y humillaciones a personas gays en los cacheos, “especialmente en Madrid, zona centro, donde se les cachea con desnudos integrales incluso obligándoles a hacer sentadillas desnudos, solo por cacheos, sin estar detenidos”, una práctica que califica de “totalmente prohibida”. También denuncia la denegación del derecho de asistencia médica a detenidos golpeados, argumentando en su ficha “se niega” o “no se puede llevar al médico por su estado de nerviosismo”, cuando el detenido necesita, en ocasiones, “hasta puntos de sutura provocado por ellos”. Añade la “provocación de delitos”, como dejar objetos y esperar a que alguien deje sus huellas para poder detenerle y “así poder llegar a la productividad”, y la colocación de cámaras de videovigilancia “ilegales sin autorización judicial”. También menciona “acciones y comentarios racistas y xenófobos” contra árabes, gitanos, personas negras y latinos.

El exagente afirma haber dado cuenta de estos hechos “a la superioridad cuando correspondía, sin éxito, solo consiguiendo que el resto de compañeros no me hablara por ‘chivato’”, y también al gabinete psicosocial de la policía, “también sin tomar medidas adecuadas”. En su testimonio reconoce que “el aumento racista/fascista de policías crece muy rápido”. “Era duro irte a dormir cada día con la imagen de una persona golpeada en comisaría, pidiéndote ayuda”, concluye.

En un comentario extra, explica el siguiente episodio que habría vivido justo antes de cogerse la baja: “Mi último día antes de coger la baja, entré a trabajar a las 23:00, fue trabajando en calabozos, cuando un chico (no voy a decir raza) de 21 años, con todo el ojo morado de un puñetazo me dijo llorando por favor , acabas de entrar verdad? Llévame al médico , por favor, te juro que le diré que me he caído, me duele mucho, casi no puedo ver. Claro que le ayudé, cogí su teléfono y seguimos en contacto, pero ese día dije yaaaaaaa!”.