Meloni inicia el trámite para imponer una ley electoral a medida de la derecha
La reforma busca asegurarse el control total del Parlamento italiano mediante un sistema de premios de mayoría que incluso la oposición más moderada califica de "autoritario", "antidemocrático" y "fascista".
Este 1 de abril, el Gobierno italiano de Giorgia Meloni activó oficialmente en comisión parlamentaria el trámite para la nueva ley electoral, ignorando las críticas sobre el carácter plebiscitario de la norma. Según informa el diario Corriere della Sera, la coalición de derechas (Fratelli d'Italia, Lega y Forza Italia) pretende aprobar el texto en al menos una de las cámaras en época pre-estival, acelerando los plazos para que el nuevo sistema esté vigente antes de las elecciones de 2027.
La reforma, que los partidos del Ejecutivo han negociado de forma unilateral, introduce un "premio de mayoría" y una segunda vuelta (ballottaggio) entre los dos partidos más votados si estos superan el 35% de los sufragios, un mecanismo diseñado para sobredimensionar la representación parlamentaria del bloque vencedor.
"Más se acerca a la ley Acerbo del periodo fascista"
El proyecto, bautizado por sus detractores como "Meloncellum", ha provocado una fractura total con la oposición. Riccardo Magi, del partido +Europa, ha denunciado que la propuesta es la que "más se acerca a la ley Acerbo del periodo fascista", al permitir que una fuerza con apenas el 25% de los votos controle dos tercios de los escaños. Por su parte, Giuseppe Conte, líder del Movimento 5 Stelle, ha tildado la norma de "ley super-truffa" (superestafa), señalando que el objetivo es asegurar que el próximo Jefe del Estado sea elegido exclusivamente por la mayoría de turno, lo que supondría una "subversión de la ley y de los órganos de garantía democrática".
Pese a presentarse como un bloque unido frente al Parlamento, los partidos que sostienen al Gobierno mantienen discrepancias por sus propios intereses de supervivencia. Mientras Fratelli d'Italia impulsa la reforma para favorecer la "gobernabilidad" y evitar los llamados "gobiernos técnicos", sus socios de Forza Italia temen que el sistema consolide la hegemonía del partido de Meloni a su costa. La Lega de Matteo Salvini, por su parte, se muestra hostil a introducir las "preferencias" (voto directo a nombres en la lista), defendiendo en su lugar "listados fijos" que aseguren el control de las cúpulas sobre la selección de diputados y senadores.
La reforma supondría también la eliminación de los distritos uninominales (colegios donde se elige a un solo representante por mayoría simple), una medida que afecta directamente a los partidos minoritarios de la coalición de gobierno como Noi Moderati. Para evitar su desaparición, el texto incluye mecanismos de "recuperación" para listas que no alcancen el 3% de los votos pero formen parte de coaliciones amplias. Desde el Partito Democratico, su portavoz Chiara Braga ha advertido que no permitirán que la derecha "cambie las reglas del juego" con una ley redactada exclusivamente "a medida" de los intereses políticos del Ejecutivo para perpetuarse en el poder sin necesidad del consenso electoral establecido en la constitución. Por lo demás, la reforma aún está en fase temprana y podría suavizarse o bloquearse por disensos internos o constitucionales.