La extensión de la guerra de Israel y EEUU contra Irán y el consiguiente bloqueo de los flujos energéticos en el Estrecho de Ormuz han situado a las economías dependientes de los combustibles fósiles en una situación de vulnerabilidad extrema. Según un análisis publicado este 2 de abril por el diario Financial Times, Marruecos figura como uno de los principales candidatos entre las naciones con mayor riesgo de sufrir cortes de suministro y parálisis económica por su incapacidad financiera para competir en un mercado internacional de precios disparados.

Esta fragilidad material, derivada de un modelo que importa la práctica totalidad de su energía (94-95%) amenaza con generar serios problemas de suministro y de quebrar la paz social en el país, como sucedió en las protestas de octubre de 2025. Los datos mencionados por el FT indican que, a diferencia de países con mayores reservas de capital como Singapur, Marruecos y otros estados carecen del "músculo financiero" necesario para adquirir hidrocarburos en los mercados al contado cuando la oferta escasea y encarece. El Gobierno marroquí informó el 2 de abril que tiene stocks de diésel para 51 días, gasolina para 55 días y carbón y gas asegurados hasta finales de junio. Si la guerra contra Irán se sigue prolongando más allá de junio, no es muy difícil imaginar lo que podría suceder en Marruecos.

La destrucción de infraestructuras petroleras y gasísticas en Oriente Medio, sumada a la interrupción de los envíos, está forzando ya a diversas economías de ingresos medios a implementar medidas de ahorro, incluso en Europa, como es el caso de Eslovenia. Los economistas consultados por la citada fuente advierten de que este choque energético provocará una "destrucción de la demanda", empujando a los países importadores hacia el estancamiento y la recesión.

En este contexto de pauperización de las condiciones de vida, la escasez de combustible no solo implica hogares a oscuras o industrias paradas, sino un encarecimiento insostenible de los productos básicos y el transporte. El impacto directo en el empleo y en la capacidad de reproducción biológica de las familias obreras marroquíes convierte la emigración en una salida de supervivencia. La historia reciente de la región muestra que el empeoramiento de las condiciones materiales en el Magreb se traduce de forma inmediata en mayores cotas migratorias en la frontera sur española, especialmente cuando empeora la situación diplomática entre Rabat y Madrid.

El Gobierno marroquí se enfrenta así a una crisis de ingresos públicos que limita su margen de maniobra, mientras la población trabajadora sufre las consecuencias de una economía con alta intensidad energética y nula producción doméstica. Los expertos financieros señalan que las periferias del Sur Global son las que "han sido golpeadas primero y con mayor dureza", por su dependencia estructural de los suministros energéticos de Oriente Medio. Sin divisas para pagar el combustible y con una inflación galopante, la estabilidad del país —socio estratégico de Israel y de los gobiernos europeos— queda comprometida por el mismo conflicto bélico que sus aliados externos alimentan, sea de forma activa o pasiva.

Finalmente, el informe destaca que el daño a largo plazo en las infraestructuras energéticas mantendrá los precios altos durante los próximos meses, consolidando un escenario duradero de crisis energética. Desde el punto de vista del Gobierno español y la oposición de extrema derecha, la desestabilización económica de Marruecos por la carestía del petróleo podría desencadenar un aumento de los flujos migratorios, evidenciando las contradicciones de apoyar la guerra de Israel y EEUU en Oriente Medio, ya sea de forma abierta como Santiago Abascal o velada como Pedro Sánchez.