En los últimos 44 días, la factura de importación de combustibles fósiles de la Unión Europea se ha incrementado en más de 22.000 millones de euros por la guerra de Israel y EEUU contra Irán. Según reconoció la propia presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, este desembolso de fondos públicos y rentas del trabajo hacia los proveedores de energía no se ha traducido en la llegada de “ni una sola molécula” adicional de combustible al continente. El efecto inflacionario y especulativo tras la guerra contra Irán y las interrupciones en el Golfo Pérsico mantienen los precios en niveles máximos. La presidenta de la comisión reconoce que aunque cesaran los ataques, la inestabilidad en el suministro persistiría. Ante esta situación, las autoridades comunitarias no parecen tener un plan claro. Von der Leyen afirmó en la misma comparecencia: "La energía más barata es la que no usas".

Este drenaje de recursos hacia los capitales energéticos coincide con el estancamiento de la vía diplomática. Von der Leyen reconoció que las negociaciones facilitadas por Pakistán se han detenido y que el futuro del proceso es “incierto”, mientras que la continuación de los ataques contra Líbano amenaza con “desviar peligrosamente” cualquier posibilidad de acuerdo. La situación de conflicto permanente actúa como un mecanismo de transferencia de valor que encarece el coste de reproducción de la vida para la población europea, sin que las instituciones logren garantizar la estabilidad del suministro.

Ante esta vulnerabilidad, la Comisión Europea activó este lunes el nuevo Mecanismo de Materias Primas, una plataforma diseñada para que las empresas agreguen su demanda y pujen con más fuerza en el mercado internacional. El Ejecutivo comunitario subrayó en un comunicado que el objetivo es “reducir las vulnerabilidades y reforzar la seguridad económica” frente a China, país que suministra el 99% de las tierras raras y el 93% del magnesio que consume la UE. La iniciativa busca que el sector público actúe como facilitador para que las grandes empresas aseguren insumos críticos para sectores como la industria militar y las baterías.

Este mecanismo sigue el molde de la Plataforma Energética creada tras el inicio de la guerra en Ucrania y se enmarca en la estrategia "Resource EU". Aunque la Comisión afirma que "no intervendrá en las negociaciones comerciales", la plataforma pone la infraestructura institucional al servicio de los intereses empresariales para "diversificar fuentes de aprovisionamiento" en países como Brasil, tratando de mitigar los controles de Pekín. Se trata de una respuesta a la dependencia de terceros países que, según Bruselas, puso en aprietos a la industria el año pasado.

La medida evidencia la urgencia de los estados europeos por asegurar el acceso a recursos básicos en un contexto de fractura metabólica y competencia imperialista por materias primas agotables. Mientras la factura energética despoja a las clases trabajadoras europeas de su menguante poder adquisitivo, las instituciones europeas apuestan por crear alianzas que protejan los márgenes de beneficio de las compañías tecnológicas y militares, integrando a proveedores y entidades financieras en una estructura de compra conjunta que blinde la competitividad del capital europeo frente a sus rivales mundiales.

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