18 de los 20 países con mayor porcentaje de propietarios de viviendas son de herencia socialista
Los rankings mundiales confirman que el modelo de vivienda del antiguo bloque socialista ha dejado un enorme legado de casas en propiedad a sus usuarios.
La actualización de los datos mundiales sobre propiedad de vivienda ha dejado una conclusión estadística demoledora: el 90% del "top 20" mundial está compuesto por países con un pasado socialista o de economía planificada. Según el ranking del World Population Review, que recopila datos de censos nacionales y organismos internacionales, 18 de las 20 primeras posiciones están ocupadas por países que han tenido un sistema de planificación centralizada o un estado que se proclama como socialista.
Por tanto, el mapa mundial de la propiedad residencial revela de forma fehaciente que la seguridad habitacional no es un logro del libre mercado, sino el resultado de décadas de intervención estatal y construcción masiva orientada al uso social. Mientras las potencias del centro imperialista presentan tasas de propietarios menores o directamente sociedades de inquilinos, la herencia material del socialismo ha legado sociedades de propietarios prácticamente plenas, siendo esto en muchos casos el único asidero de "bienestar" que ha quedado en estos países.

Esta hegemonía estadística de los países de herencia socialista no es coyuntural, sino estructural: las políticas de vivienda aplicadas durante el siglo XX, cuyos efectos se siguen notando en la actualidad. En estos países el suelo y la edificación no se gestionaron como activos financieros para el negocio y la especulación, sino como infraestructuras básicas para la reproducción social de la clase trabajadora, y por tanto, se situaban fuera de la lógica del mercado. Tras la restauración capitalista en los años 90, los procesos de privatización masiva no impidieron que la población pudiera consolidar la propiedad de la vivienda porque en muchos casos los estados intervinieron priorizando que fueran los históricos residentes quienes las compraran a precios extremadamente bajos. Además, en la mayoría de países estos procesos ya habían sucedido antes bajo el anterior sistema. En el bloque socialista era más bien habitual que un ciudadano tuviera la propiedad personal sobre la vivienda que habitaba, aunque alquilarla o venderla estuviera estrictamente prohibido. Décadas después, este legado del socialismo en forma de "suelo de seguridad" sigue protegiendo a millones de familias frente a la inflación y el encarecimiento especulativo. En países como Alemania (50%) o Suiza (42%) la mitad o poco menos de la población carece de vivienda en propiedad.
El contraste entre modelos es especialmente evidente cuando se analiza la estructura del ranking. Al observar los países que lideran la tabla, 18 de ellos —incluyendo a Rusia, Polonia, Bulgaria, Lituania y los Estados balcánicos— comparten el nexo histórico de haber operado fuera de la lógica del beneficio inmobiliario privado. Solo Singapur (con un modelo de vivienda pública altamente intervenido) e Indonesia rompen esta tendencia en el top 20. La superioridad de la planificación es tal que, en países como Rumanía (96%) o Kazajistán (98%), la propiedad es prácticamente universal, un escenario que el mercado privado en Occidente no ha podido igualar ni siquiera en sus periodos de mayor expansión económica ni en sus casos más paradimáticos de propietarismo, como el Estado español.
Incluso en contextos actuales de economías de mercado con intervención directa del Estado, como el de China (96%) o Vietnam (90%), la regulación del suelo mantiene tasas de propiedad que triplican a las de las principales capitales financieras del mundo. Estos datos desmienten la supuesta "eficiencia" del libre mercado inmobiliario: el sistema de libre mercado solo ha demostrado ser eficiente para maximizar las ganancias de los rentistas, las constructoras y fondos de inversión, pero ha fracasado en la tarea técnica y social de dotar de un hogar estable a la mayoría de la población, cuando los datos de los países ex-socialistas demuestran que la solución al problema capitalista de la vivienda no es tan complicado o imposible como algunos pretenden presentarlo.
Esta superioridad de los países ex-socialistas en este ámbito revela que la planificación estatal resolvió el problema habitacional con una eficacia que el capitalismo, centrado en la ganancia privada y el valor de cambio, no ha podido igualar tras tres décadas de hegemonía absoluta. El ranking no es solo una efeméride estadística, sino otra prueba material más de que el acceso universal a la vivienda solo fue posible cuando se priorizó el uso social sobre la rentabilidad del capital. La herencia del socialismo sigue siendo hoy el cimiento más sólido de la estabilidad vital para millones de personas en el este de Europa y en Asia, frente a un Occidente donde la vivienda se ha convertido en un bien de lujo inalcanzable para amplios sectores.