Meta Platforms ejecutará en mayo el despido de 8.000 empleados, el 10% de su fuerza laboral, con el objetivo de sufragar una inversión masiva de 135.000 millones de dólares en infraestructuras de Inteligencia Artificial (IA). Según un memorando interno revelado por The Wall Street Journal, la jefa de Recursos Humanos, Janelle Gale, ha justificado este recorte —que se suma a la cancelación de 6.000 vacantes— como un "intercambio necesario" para financiar la creación de lo que la empresa denomina "superinteligencia personal". Los despidos, que se notificarán el 20 de mayo, suponen una nueva fase de la política de "eficiencia" de Mark Zuckerberg, que ya ha reducido la plantilla de forma intermitente desde su pico de 87.000 trabajadores en 2022.

La estrategia extractiva de la megacorporación tecnológica ha dado un salto cualitativo al implantar una herramienta de vigilancia extrema diseñada para entrenar a sus nuevos modelos, como el reciente Muse Spark. Según documentos internos, Meta ha comenzado a registrar cada pulsación de tecla, movimiento del ratón y ubicación de los clics de sus propios trabajadores para enseñar a la IA a "utilizar ordenadores". Esta medida ha desatado una oleada de protestas en los foros internos de la empresa, donde los empleados denuncian la invasión de su privacidad y preguntan desesperadamente cómo excluirse de un sistema que utiliza su propia actividad laboral para automatizar su obsolescencia.

El horizonte de toda esta reestructuración ha sido explicitado por el jefe de tecnología de Meta, Andrew Bosworth, quien afirmó en otro memorando que la visión de la empresa es un entorno donde "los agentes [de IA] realicen primordialmente el trabajo". Según Bosworth, el papel de los humanos quedará relegado a "dirigir, revisar y ayudar a mejorar" a las máquinas. Esto viene a confirma que los despidos no son una medida coyuntural, sino parte de un plan sistemático para transferir el valor del conocimiento y la práctica profesional de los trabajadores a activos de capital fijo controlados por la corporación, reduciendo costes y aumentando sus márgenes de beneficio.

La trayectoria de Meta en los últimos años muestra una política agresiva sobre la fuerza de trabajo, con ciclos de contratación masiva seguidos de purgas bajo el pretexto de la "gestión del rendimiento". En 2023, Zuckerberg ya eliminó 10.000 puestos y a principios de 2025 ejecutó un recorte del 5% para "expulsar más rápido a los trabajadores de bajo rendimiento". Tras haber incrementado la plantilla hasta los 78.865 empleados a finales del año pasado, la empresa vuelve a utilizar el despido colectivo para liberar capital que se destina directamente a la computación y la IA, profundizando la desposesión de la clase trabajadora en el sector tecnológico.

Este nuevo recorte de 8.000 empleos refuerza el negocio donde la rentabilidad se sostiene mediante la vigilancia masiva y la canibalización del trabajo humano. Al monitorizar la biometría laboral de su plantilla para perfeccionar los algoritmos que eventualmente los sustituirán, Meta no solo destruye medios de subsistencia, sino que se aprovecha de la experiencia técnica y la destreza de sus trabajadores para convertirla en propiedad intelectual privada. Mientras el mercado de la publicidad digital se estabiliza, la dirección de la multinacional opta por sacrificar el empleo en favor de una carrera tecnológica acelerada.