Los gobiernos de Alemania y Países Bajos formalizaron este viernes su rechazo a cualquier incremento en el presupuesto de la Unión Europea para el periodo 2028-2034, señalando directamente a las partidas destinadas al campo y a las regiones como objetivos de recorte. Durante la cumbre de jefes de Estado y de Gobierno celebrada en Nicosia (Chipre), el denominado bloque de los países "frugales" impuso su agenda de austeridad, condicionando la financiación de las "nuevas prioridades" a la reducción de derechos y ayudas a los sectores productivos tradicionales y a las regiones menos favorecidas.

El canciller alemán, Friedrich Merz, cerró la puerta a aumentar las contribuciones de cada país, incluso por debajo de lo solicitado por la Comisión Europea. "Europa debe arreglárselas con el dinero que tenemos", sentenció Merz ante los medios de comunicación, añadiendo que la "necesidad" de financiar la industria militar y la transición digital "significa también que hay que reducir el gasto en otras áreas". Aunque el mandatario alemán evitó especificar los sectores concretos que se verán afectados, su homólogo neerlandés, Rob Jetten, fue explícito al señalar que "todavía se gasta mucho dinero en la política agrícola", abogando por una reasignación forzosa de esos recursos públicos.

La propuesta de la Comisión Europea, liderada por Ursula Von der Leyen, plantea un presupuesto de 1,7 billones de euros que, tras descontar el pago de los intereses de la deuda del fondo de recuperación, apenas supone el 1,15% de la renta nacional bruta del bloque. Este borrador busca un equilibrio que satisfaga los intereses estratégicos de las grandes potencias, incluyendo la creación de un Fondo de Competitividad para inversiones industriales y el fortalecimiento del complejo militar. Sin embargo, para países como Alemania, Austria, Suecia y Finlandia, cualquier gasto extra debe salir del desmantelamiento de las políticas de Cohesión y de la Política Agrícola Común (PAC).

Por su parte, Von der Leyen advirtió a los Estados miembros de que, sin nuevas fuentes de ingresos propios para la Unión, la elección será "o aumentar las contribuciones nacionales o reducir la capacidad de gasto". Según fuentes comunitarias citadas por la agencia EFE, una de las vías que se barajan para evitar el choque frontal entre capitales es alargar el calendario de amortización de la deuda vía operaciones de refinanciación, una medida que pospondría la carga financiera pero mantendría la presión sobre los servicios y fondos públicos a largo plazo.

El debate presupuestario se retomará en la cumbre de junio con el objetivo de alcanzar un acuerdo antes de que finalice este año. La postura de Berlín y La Haya choca frontalmente con el Gobierno español, que defiende elevar el presupuesto al 2% de la renta europea para intentar preservar los fondos agrícolas y regionales. No obstante, la presidencia chipriota de la UE ya trabaja en dotaciones concretas bajo la premisa de la austeridad fiscal exigida por el eje franco-alemán y sus aliados, lo que apunta a una transferencia de rentas desde el sector primario y las clases trabajadoras regionales hacia el complejo militar-industrial y la alta tecnología.