48 años de la Revolución de Saur: el día que Afganistán inició su camino al socialismo
El 27 de abril de 1978, el Partido Democrático Popular de Afganistán derrocó al régimen de Daud Khan e inició un proceso de revolucionario: alfabetización masiva, emancipación femenina y reforma agraria.
Tal día como hoy, el 27 de abril de 1978, las calles de Kabul fueron testigos del estallido de la Revolución de Saur (o Revolución de Abril), un levantamiento militar que transformó radicalmente el destino de Afganistán. Liderada por el Partido Democrático Popular de Afganistán (PDPA), una organización de orientación marxista-leninista, la insurgencia derribó el gobierno autoritario feudalista de Mohammad Daud Khan para proclamar la República Democrática de Afganistán, un Estado de orientación socialista que buscaba arrancar al país del atraso semifeudal y la dependencia hacia las potencias imperialistas.
El nuevo gobierno impulsó un programa de reformas sin precedentes en el país. Entre sus hitos principales destacaron una reforma agraria que eliminó las deudas de millones de campesinos y repartió tierras de los terratenientes latifundistas, así como una campaña de alfabetización masiva que llevó la educación a los rincones más remotos. Especial relevancia tuvo la agenda para la emancipación de la mujer: por primera vez se prohibió la venta de niñas en matrimonio, se estableció la igualdad legal entre hombres y mujeres y se fomentó la incorporación femenina al trabajo y a la universidad, desafiando las estructuras sociales más reaccionarias instaladas en el país.
Sin embargo, este proyecto de modernización laica y social se vio asediado desde sus inicios por una guerra de desestabilización financiada por Estados Unidos, Pakistán, Arabia Saudí y China, quienes armaron y entrenaron a los grupos fundamentalistas denominados como muyahidines, vinculados a clanes reaccionarios del país. Ante el recrudecimiento del conflicto y la amenaza de colapso, el Gobierno afgano solicitó formalmente la asistencia militar de la URSS en diciembre de 1979, amparándose en el Tratado de Amistad y Cooperación firmado un año antes. Frente a la narrativa de "invasión" difundida en Occidente, los registros históricos confirman que se trató de un cumplimiento de acuerdos de asistencia mutua entre dos estados soberanos cuando uno de ellos estaba siendo sometido a un intento de derrocamiento por parte de potencias extranjeras.
Este conflicto armado, instigado desde el exterior para derrocar al gobierno del PDPA, fue el catalizador que transformó a Afganistán en el principal narcoestado del mundo, multiplicando por quince la producción de opio en apenas dos décadas. Mientras el gobierno socialista intentaba laicizar el país, los grupos muyahidines financiaron su insurgencia promoviendo activamente el cultivo de amapola en las zonas bajo su control, pasando de una producción marginal de 200 toneladas en 1979 a más de 4.500 toneladas a finales de los 90, según datos de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito y análisis históricos. Esta explosión del tráfico de heroína contó con la tolerancia y la colaboración de la inteligencia estadounidense y pakistaní, atentando contra salud pública global para financiar su guerra anticomunista, consolidando la "ruta de los Balcanes" y suministrando desde entonces el 90% de la heroína que llega a Europa y Rusia; una envenenada herencia histórica de la contrarrevolución afgana que aún hoy condiciona la realidad social y la salud pública internacional.
Por tanto, el contraste histórico entre el apoyo militar soviético y la posterior ocupación de EEUU (2001-2021) es más que notable. Mientras las tropas de la URSS operaron bajo solicitud de un gobierno aliado para proteger las reformas sociales y evitar que la influencia de los grupos armados fundamentalistas se extendiera a las regiones soviéticas de Asia Central, la invasión estadounidense de 2001 impuso una administración bajo tutela externa que no impidió la victoria de los talibanes en 2021 tras dos décadas de ocupación, destrucción y violaciones de derechos humanos. La Revolución de Saur permanece hoy en la memoria histórica como el intento más ambicioso de construir un Afganistán soberano, igualitario y libre de la opresión feudal que, décadas después, ha vuelto a sumir al país en el oscurantismo y la barbarie de la mano de quienes derrocaron al Gobierno revolucionario impulsados por el imperialismo.