Cuba acogió y sanó a 23.000 niños de Chernóbil; ahora Kiev apoya el bloqueo de EEUU en la ONU
La isla fue el único país que mantuvo un plan de salud gratuito, completo y masivo para las víctimas de la radiación, incluso en los tiempos más difíciles de la crisis económica del Período Especial.
A 40 años del desastre de la central nuclear de Chernóbil y en medio del bloqueo energético y comercial contra Cuba, destaca un dato histórico relativamente desconocido que une ambos fenómenos en la coyuntura de la guerra de Ucrania: la isla caribeña ha garantizado atención médica especializada a un total de 26.114 personas afectadas por el desastre nuclear de Chernóbil, de las cuales aproximadamente 23.000 fueron niños y niñas que recibieron tratamiento totalmente gratuito en la isla.
El programa cubano, que se inició cuando Ucrania aún formaba parte de la Unión Soviética, se sostuvo de manera ininterrumpida tras el colapso del bloque socialista en 1991, sobreponiéndose a la profunda crisis económica que asfixió al país caribeño durante la década de los 90 tras la retirada del comercio con la URSS, históricamente favorable para Cuba. Según recuerda el diario mexicano La Jornada, Cuba fue la única nación del planeta que respondió de forma integral al llamamiento de ayuda internacional para las víctimas del desastre, ofreciendo servicios que incluyeron desde cirugías de alta complejidad hasta seguimiento psicológico y educativo.
El epicentro de toda esta labor humanitaria, gigantesca tanto en términos absolutos e incalculable si se atiende la dimensión relativa de la economía las capacidades materiales de Cuba, se situó en el balneario de Tarará, en las antiguas residencias de veraneo de la burguesía previa a la Revolución de 1959 se transformaron en un hospital pediátrico y centros de alojamiento para niños ucranianos de clase trabajadora. Por estas instalaciones pasaron hasta 800 menores al año, muchos de ellos huérfanos o procedentes de familias empobrecidas que no podían costear la medicina privada en sus países de origen tras la degradación de la sanidad pública postsoviética. En Tarará no solo se instalaron equipos médicos, sino que se crearon aulas y áreas de recreación para asegurar que los pacientes, que a menudo permanecían años en la isla, no interrumpieran su formación escolar.
La eficacia del tratamiento cubano se basó en el desarrollo de fármacos propios derivados de la placenta humana, utilizados con éxito para combatir la alopecia, el vitíligo y la psoriasis, patologías recurrentes entre los afectados por la radiación o el estrés traumático. Según explicó el doctor Giraldo Hernández a la agencia Reuters, el uso de estas lociones nacionales junto con terapias de luz infrarroja logró la recuperación del cabello en el 60% de los casos. Para las afecciones más graves, como la leucemia o el cáncer de tiroides, el sistema de salud cubano realizó trasplantes de médula ósea, quimioterapias y cirugías complejas, poniendo a disposición de los niños a sus científicos y pediatras más renombrados.
"Contra viento y marea"
Este proyecto de solidaridad internacionalista se mantuvo "contra viento y marea" a pesar del endurecimiento del bloqueo de Estados Unidos y la pérdida de los socios comerciales de la URSS. La investigadora Rosa Miriam Elizalde destaca que los pacientes de las antiguas repúblicas soviéticas se beneficiaron de ensayos clínicos pioneros con vacunas cubanas contra el cáncer y tratamientos de vanguardia para la despigmentación cutánea. El costo operativo y logístico fue asumido íntegramente por el Estado cubano, demostrando que la soberanía científica y la prioridad del bienestar social permitieron sostener un esfuerzo humanitario sin precedentes mientras el país atravesaba su propia crisis material más aguda.
Ucrania da la espalda a Cuba
El actual Gobierno de Ucrania, presidido por Volodimir Zelensky, mantiene una política exterior alineándose con los intereses de EEUU en las Naciones Unidas, dificultando el consenso internacional contra el bloqueo a Cuba. Esta postura de Kiev supone una ruptura con la trayectoria histórica del país, que durante décadas votó de forma sistemática a favor de las resoluciones que exigen el fin de las sanciones económicas estadounidenses. Este distanciamiento político se produce a pesar de que Cuba fue el país que sostuvo el programa de salud más ambicioso y prolongado para las víctimas ucranianas de la catástrofe de Chernóbil en medio de una situación interna complicadísima, una labor que el Estado cubano financió íntegramente incluso en sus años de crisis económica.
La actitud hostil e ingrata del Ejecutivo ucraniano en las asambleas de la ONU ignora así la generosidad histórica del pueblo y el Gobierno cubano con Ucrania, subordinándose a los designios de la OTAN y la administración estadounidense para asegurar el menguante flujo de armamento y financiación en su guerra con Rusia. Sin embargo, Cuba todavía computa los beneficios sociales de haber salvado a más de 23.000 niños y niñas ucranianos: estos pacientes, que hoy forman parte de la población adulta de Ucrania, recibieron tratamientos de vanguardia desarrollados por científicos cubanos para paliar leucemias y afecciones dermatológicas que la medicina privada y los sistemas sanitarios postsoviéticos no podían cubrir. Cuba y su prestigioso sistema de salud, que ha proporcionado más ayuda sanitaria que toda la OMS y los países del G7, han vuelto a dar una lección de solidaridad desinteresada ante la historia.
