La cotización internacional del petróleo ha registrado esta madrugada su nivel más alto desde la crisis financiera de 2008, impulsada por la posibilidad inminente de una nueva escalada militar en Asia Occidental. El barril de Brent, de referencia en Europa, se disparó más de un 7% hasta rozar los 126 dólares, mientras que el West Texas Intermediate (WTI) superó la barrera de los 110 dólares. Este repunte es la respuesta inmediata de los productores de petróleo que fijan los precios en los mercados energéticos ante el estancamiento del alto el fuego y la decisión del Gobierno de Estados Unidos de mantener cerrado el estrecho de Ormuz, una arteria vital para distribuir de crudo en todo el mundo.

El aumento de la tensión bélica se ha visto agravado por la reunión prevista para este jueves entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el jefe del Mando Central, el almirante Brad Cooper. Según fuentes citadas por el medio Axios, el encuentro tiene como objetivo analizar "nuevas opciones militares de actuación en Irán", lo que sugiere que en Washington estudian seriamente retomar los ataques contra el país persa. El Pentágono ya ha solicitado el despliegue de misiles hipersónicos en la región, una medida que supone el primer envío de este tipo de armamento a la zona de guerra.

La parálisis de las rutas marítimas en el Golfo ha forzado a los países productores a reducir su actividad, lo que ha generado una contracción drástica de la oferta que beneficia a los márgenes de beneficio de las corporaciones energéticas. Las recientes conversaciones en Islamabad (Pakistán) entre representantes de Washington y Teherán finalizaron sin acuerdos para un cese permanente de las hostilidades. Mientras los intereses estratégicos de las potencias ocupantes mantienen suspendido el tráfico en Ormuz, la industria petrolera opera bajo una "prima de guerra" que antepone la rentabilidad de la escasez a asegurar el suministro energético de la clase trabajadora.

En el plano estructural, la crisis se produce mientras la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) sufre una fractura interna histórica tras la salida oficial de Emiratos Árabes Unidos. Aunque la marcha de este gran productor supondrá un factor de inestabilidad para el cártel que estabilizaba el precio del petróleo en la región, sobre la que se cierne la sombra de una gran conflagración militar de la mano de EEUU e Israel. Los inversores priorizan ahora la ausencia física de crudo iraní y la posibilidad de que la resistencia de Irán extienda las represalias sobre las infraestructuras energéticas de las petromonarquías del Golfo. Mientras tanto, el gasto militar estadounidense en la operación ya asciende a 25.000 millones de dólares, según datos del Pentágono.

Pese a la escalada del precio del crudo, el coste de los carburantes en el Estado español no ha experimentado nuevas subidas, de momento. Según los datos del Ministerio para la Transición Ecológica, el precio medio de la gasolina se sitúa en 1,52 euros y el del diésel en 1,74 euros, aunque este último sigue siendo más caro que antes del inicio de la guerra. No obstante, la persistencia del bloqueo militar y la posible reanudación de los ataques amenazan con trasladar de nuevo el encarecimiento de la energía a la clase trabajadora una vez se agoten los actuales mecanismos de contención fiscal.