El paro registra su peor repunte desde 2013 con 231.500 personas desempleadas más
170.300 puestos de trabajo destruidos y la tasa de paro sube al 10,8%; la crisis energética golpea al sector servicios y evidencia debilidades estructurales de la economía española.
El mercado laboral del Estado español ha cerrado el primer trimestre de 2026 con un balance negativo que retrotrae las cifras de desempleo a niveles no vistos en la última década. Según los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA), el número de personas desempleadas registradas aumentó en 231.500, situando el total de parados por encima de los 2,7 millones. Esta cifra supone el peor registro para un inicio de año desde 2013 incluso en los términos del Ministerio de Trabajo —cuya metodología de medir el desempleo ha sido ampliamente cuestionada—, en medio de la crisis energética mundial derivada de la guerra de Estados Unidos e Israel contra Irán, que ha ya ha comenzado a erosionar el empleo.
La pérdida de ocupación se concentró de manera asfixiante en el sector servicios, donde se destruyeron 228.400 empleos, evidenciando la fragilidad de un modelo productivo dependiente de la estacionalidad y el turismo. En contraste, la industria y la construcción presentaron ligeros incrementos de 28.100 y 17.500 personas ocupadas respectivamente, según los datos oficiales. No obstante, el saldo general arroja una caída de 170.300 ocupados, una cifra que duplica la pérdida de empleo registrada en el mismo periodo del año anterior y que, incluso dando por buenos los datos publicados, solo es superada en la serie histórica reciente por el parón forzoso de la pandemia de la COVID-19 en 2020.
Las consecuencias de este retroceso impactan de forma desigual según el género y la situación administrativa. El desempleo femenino aumentó en 137.000 mujeres, elevando su tasa de paro al 12%, frente al incremento de 94.500 hombres (9,5% de tasa). Por otro lado, mientras que la población activa con nacionalidad española disminuyó en 4.600 personas, el número de personas extranjeras dispuestas a trabajar creció en 65.800, alcanzando un máximo histórico de 25 millones de personas activas. Este fenómeno muestra la incorporación de la fuerza de trabajo migrante al ejército industrial de reserva, fundamental para sectores con alta rotación pero que, ante la falta de capacidad de absorción por el sistema, terminan engrosando las listas del desempleo, tanto registrado como oculto.
78.500 familias más con todos sus miembros activos desempleados
Desde las instituciones, el enfoque se centra en la resistencia técnica del sistema. El vicepresidente primero y ministro de Economía, Comercio y Empresa, Carlos Cuerpo, ha defendido que "los datos confirman un mercado laboral capaz de seguir creando empleo de mayor calidad incluso en un contexto internacional complejo". Cuerpo ha resaltado el dato desestacionalizado para afirmar que "España está mejor preparada que en crisis anteriores". Sin embargo, la realidad material muestra que los hogares con todos sus miembros activos desempleados se incrementaron en 78.500, alcanzando un total de 850.700 familias sin ingresos laborales.
Finalmente, la estructura del empleo por cuenta propia también ha sufrido un impacto severo con la desaparición de 68.600 autónomos. Según datos de la patronal CEOE y el sindicato CCOO, esta caída se concentró especialmente en los trabajadores independientes sin asalariados, con 59.900 personas menos, mientras que los autónomos empleadores aumentaron en 10.400. Esta transferencia de valor y destrucción de la figura del trabajador por cuenta propia sin asalariados refuerza la tendencia de concentración de capital, en un trimestre donde el sector privado destruyó 191.400 empleos frente al ligero aumento de 21.100 en el sector público.