Se ha vuelto cada vez más habitual recordar que el Primero de Mayo no se originó como una festividad institucional, sino como una herramienta de combate decidida en el Congreso Obrero Socialista de París de 1889. Durante la fundación de la Segunda Internacional, las organizaciones obreras acordaron una movilización global simultánea para el año siguiente, con el objetivo de obligar a las clases dominantes a aceptar la jornada legal de ocho horas. Sin embargo, es menos habitual recordar la estela de luchas y efemérides que ha dejado esta fecha tras de sí en cada continente, así como el carácter que han adoptado estos procesos.

Orígenes: Chicago y Haymarket (1886-1887)

El orígen histórico de la fecha se remonta a la huelga general del 1 de mayo de 1886 en Estados Unidos. Más de 300.000 trabajadores exigieron Ocho horas de trabajo, ocho de descanso y ocho para lo que queramos. Chicago fue el epicentro de la lucha: 40.000 obreros paralizaron la ciudad. El 3 de mayo, la policía mató a varios huelguistas en la planta McCormick. Al día siguiente, en la plaza Haymarket, una bomba estalló y la respuesta policial causó más muertos. Ocho anarquistas y socialistas fueron condenados en un juicio: cuatro fueron ahorcados en 1887 (los Mártires de Haymarket). Su ejecución generó protestas internacionales y convirtió la fecha en símbolo de la clase trabajadora en todo el mundo. En 1889, la Segunda Internacional acordó una gran movilización simultánea el 1 de mayo de 1890 para exigir legalmente las ocho horas. La primera convocatoria tuvo éxito en Europa, Estados Unidos y en países de América Latina como Chile y Perú. Según recogen las crónicas de la época y destacaba Friedrich Engels en el prólogo al Manifiesto Comunista de 1890, el éxito de aquella primera convocatoria consolidó la fecha como el principal símbolo de la unidad de acción del proletariado internacional frente al Capital.

Europa: antibelicismo y represión

Aunque la Segunda Internacional fue profundizando y debatiendo sobre el imperialismo y el militarismo en sus resoluciones en Stuttgart en 1907 y Basilea en 1912, fue la Primera Guerra Mundial la que supuso un primer salto cualitativo en este sentido, y el 1 de Mayo empezó a adquirir un fuerte carácter antiimperialista. En 1916, el líder socialista revolucionario Karl Liebknecht organizó en Berlín una manifestación con el lema ¡Abajo la guerra! ¡Abajo el gobierno!, lo que le costó la detención. En 1929, el Blutmai (Mayo Sangriento) de Berlín mostró la fractura interna del movimiento obrero: la policía, bajo mando socialdemócrata (SPD), abrió fuego contra manifestantes comunistas (KPD), dejando decenas de muertos y profundizando la división la legitimidad social de la represión que facilitó el ascenso nazi.

Estados Unidos: represión y contraofensiva

En EEUU, la fecha siguió siendo conflictiva a pesar de los intentos de desactivación por parte de las patronales y el Gobierno. En los disturbios de Cleveland de 1919, socialistas e integrantes del Industrial Workers of the World protestaron contra la intervención en la Rusia soviética y sufrieron ataques de escuadristas y policías. Para tratar de neutralizar el simbolismo revolucionario de la fecha, en 1958 se instauró el “Loyalty Day” (Día de la Lealtad), una jornada anticomunista.

La Unión Soviética y el bloque socialista: poder estatal y movilización

Tras la Gran Revolución Socialista de Octubre de 1917, la Unión Soviética transformó el 1 de Mayo en una gran demostración de poder del Estado obrero. Desde 1920, los desfiles en la Plaza Roja combinaban movilización de masas, consignas revolucionarias y, con el tiempo, exhibición de capacidad, social, militar e industrial. Simbolizaba la victoria sobre la propiedad privada y la construcción del socialismo. En los países del bloque del Este, la jornada reforzaba la legitimidad del poder estatal, aunque con un componente propagandístico cada vez más ritualizado.

América Latina: luchas obreras tempranas y antiimperialismo

Fuera de Europa y EEUU, el 1 de Mayo adquirió formas propias, entrelazadas con luchas anticoloniales, antiimperialistas y contra los oligarcas y terratenientes locales. En México, además de conmemorar Haymarket, se recuerda la huelga de Cananea de 1906 en Sonora, un episodio importantísimo contra la explotación minera estadounidense que alimentó la Revolución Mexicana. En Argentina, Brasil, Chile, Cuba, Perú y Uruguay se convirtió en Día Nacional oficial; las centrales sindicales organizan marchas anuales multitudinarias que combinan demandas laborales con la oposición a las políticas neoliberales dictadas por el Fondo Monetario Internacional. En Cuba, tras la Revolución de 1959, las concentraciones en la Plaza de la Revolución en el 1 de mayo se convirtieron en símbolo de unidad nacional y defensa de la soberanía frente al imperialismo estadounidense contra el bloqueo, con cientos de miles de trabajadores desfilando. En países como Chile o Brasil, el día ha servido para denunciar represión sindical, la desigualdad extrema y la explotación de los recursos naturales por parte de multinacionales extranjeras.

Asia: luchas anticoloniales y guerras revolucionarias

En Asia, los Primeros de Mayo también se organizaron en contextos coloniales y antiimperialistas, salvo en Japón, que se constituía como imperiop. En el país nipón, la primera manifestación significativa fue en 1920 en el parque Ueno de Tokio, donde la clase obrera japonesa exigió ocho horas y empleo garantizado. Las marchas se reanudaron con fuerza tras la Segunda Guerra Mundial, con un pico en 1952, en el conocido como El Primero de Mayo Sangriento durante protestas contra la ocupación y las bases estadounidenses. En China, trabajadores rusos y chinos en Harbin organizaron y combatieron conjuntamente en esta jornada ya desde 1908; tras el triunfo de la Revolución China en 1949, la República Popular la convirtió en festividad nacional con desfiles masivos. En India, las celebraciones comenzaron en 1923 en Chennai (entonces Madras), con luchas por la jornada laboral de ocho horas y el movimiento independentista. En Indonesia, la primera jornada del 1 de Mayo data de 1918, también inserta en la tradición de la resistencia anticolonial. En Vietnam y otros países del sudeste asiático también se entrelazó con las luchas de liberación nacional, especialmente tras la victoria de Vietnam del Norte y el Vietcong contra EEUU en 1975, que se produjo en justo en la víspera del 1 de mayo. En Palestina, la tradición del 1 de Mayo fue introducida a principios del siglo XX. Inicialmente impulsada por colonos sionistas laboristas, pronto surgió una corriente comunista que buscó internacionalizar la jornada y dejar atrás el carácter nacionalista. El Partido Comunista de Palestina (PCP), fundado en 1923, luchó por transformar el día en una celebración proletaria revolucionaria y promover la unidad árabe-judía contra el imperialismo británico y el sionismo. En 1921, choques entre manifestaciones judías rivales (una sionista y otra internacionalista) derivaron en los disturbios de Jaffa. A partir de los años 1920-1930, los comunistas árabes y el PCP organizaron mítines y huelgas conjuntas, enfatizando la solidaridad de clase. A partir de los años 1960, el Frente Popular para la Liberación de Palestina (FPLP) —organización marxista-leninista fundada en 1967 por George Habash— se convirtió, junto a Al-Fatah, en uno de los principales actores de esta tradición. El FPLP ha conmemorado consistentemente el 1 de Mayo como día internacional de los trabajadores, emitiendo declaraciones y propaganda que vinculan la lucha obrera mundial con la resistencia palestina contra la ocupación. Hoy, el 1 de Mayo es día festivo oficial en los Territorios Palestinos y se conmemora por parte de los sindicatos y el FPLP como jornada de lucha obrera, derechos laborales del pueblo palestino y denuncia contra la ocupación.

África: 1 de Mayo contra el racismo, el colonialismo y por el sindicalismo interracial

En África, aunque es un continente olvidado Occidente, cuentan con una larga tradición del 1 de Mayo que se remonta a finales del siglo XIX, con un protagonismo destacado de Sudáfrica. El Día Internacional de la Clase Trabajadora se entrelazó desde bien temprano con la resistencia anticolonial, el sindicalismo interracial y las luchas contra regímenes racistas y poscoloniales. La primera jornada registrada tuvo lugar en Sudáfrica en 1895, organizada por el Johannesburg District Trades Council. En 1910, la visita del líder laborista británico Tom Mann impulsó una marcha masiva multirracial. Tras la Revolución Rusa, la Internationalist Socialist League (ISL) organizó mítines con oradores africanos como Horatio Mbelle (1917) y William Thebedi junto a Talbot Williams (1918), avanzando hacia la unidad interracial. En 1928, miles de trabajadores africanos protagonizaron una marcha que superó en tamaño a la de los trabajadores blancos del Labour Party; entre 1928 y 1948, el día se consolidó como evento anual multirracial. En 1950, el Partido Comunista de Sudáfrica convocó una huelga contra la Ley de Supresión del Comunismo, que derivó en represión policial con 18 muertos en Soweto, donde Nelson Mandela tuvo que refugiarse de los disparos. Durante los años 80, el Congreso de Sindicatos Sudafricanos (COSATU) transformó la jornada en un poderoso foco de resistencia contra el apartheid. Tras las elecciones de 1994, se declaró fiesta oficial en 1995, reconociendo el rol central de los sindicatos y el Partido Comunista en la derrota del régimen racista.

También en otros países del continente la fecha adquirió un fuerte contenido anticolonial y antiimperialista. En Nigeria, se reconoció oficialmente como Día de los Trabajadores desde 1981 y se utiliza para reivindicar derechos laborales frente a gobiernos poscoloniales, con concentraciones y discursos de líderes sindicales y políticos. En Argelia, Túnez y Egipto, el 1 de Mayo se ligó a las luchas por la independencia y, posteriormente, a las demandas contra la explotación laboral y la represión política. En naciones como Mozambique, Namibia y Zimbabue, ha servido para protestar contra el extractivismo, las miserables y peligrosas condiciones laborales en minas y plantaciones, y las políticas económicas neoliberales, manteniendo su carácter reivindicativo y agitativo para la clase obrera.

El 1 de Mayo hoy

En la actualidad, a pesar de los intentos de las empresas y los gobiernos por convertir la fecha en un puente festivo vacío de contenido político, a pesar de los paseos fúnebres de las burocracias sindicales de cada país, el Primero de Mayo persiste en la memoria colectiva y la iniciativa política de millones de trabajadores del mundo como una jornada de lucha y organización contra la pauperización de los salarios, la degradación de las condiciones de vida, y, atendiendo a su historia, también contra las matanzas imperialistas antiproletarias en cualquier lugar del mundo.

Esta fecha, que condensa un rico patrimonio universal desde sus inicios, está marcada de rojo en el calendario: desde los mártires anarquistas de Chicago, los revolucionarios alemanes contra la guerra imperialista, los victoriosos obreros rusos, los solidarios sindicalistas del IWW, hasta mineros mexicanos, trabajadores japoneses contra la ocupación estadounidense, sudafricanos contra el apartheid, guerrilleros anticoloniales y millones más en todo el mundo. Todos ellos —con sus diferencias, aciertos, errores y contradicciones— se alzan como un movimiento histórico que deja una imborrable huella de lecciones y heroísmo colectivo a su paso. Su ejemplo y su generosidad, por tanto, no son ninguna reliquia, sino una herramienta política viva por que sigue iluminando el camino de las luchas de la actualidad contra la explotación, la represión y el exterminio que sigue padeciendo el proletariado el todo el mundo.