El Pentágono y los gigantes tecnológicos acuerdan el uso militar irrestricto de la IA
Silicon Valley asume las exigencias de la administración Trump y abre sus modelos de inteligencia artificial a la vigilancia masiva y las operaciones de combate sin "límites éticos".
El Departamento de Guerra de Estados Unidos alcanzó un acuerdo estratégico con las grandes empresas del sector tecnológico —SpaceX, OpenAI, Google, Nvidia, Microsoft, Amazon y Oracle— para integrar la inteligencia artificial en "cualquier uso operacional amparado por la ley". Esta alianza garantiza que el complejo militar-industrial emplee estas herramientas en tareas de vigilancia masiva interna y externa, amparadas por marcos legales como la Patriot Act o la Ley de Vigilancia Extranjera. El acuerdo neutraliza así el debate sobre los "límites éticos" de la tecnología y asegura que los sistemas de inteligencia artificial decidan o recomienden objetivos de ataque procesando datos de inteligencia clasificados en tiempo real.
La firma de este pacto ocurre tras el intento de la empresa Anthropic de establecer algunos límites al uso militar de la inteligencia artificial, negándose a que su tecnología se utilizara en armas totalmente autónomas o vigilancia doméstica. Como represalia, el Gobierno declaró a la compañía como un "riesgo para la cadena de suministro", lo que impide que la administración contrate a cualquier empresa relacionada con ella. Dario Amodei, director ejecutivo de Anthropic, justificó su rechazo afirmando que "en un número limitado de casos, creemos que la IA puede socavar, en lugar de defender, los valores democráticos". Aunque una jueza suspendió cautelarmente la expulsión de la empresa, el Pentágono ha utilizado este conflicto para reforzar la presión política sobre el resto de corporaciones para que acepten que las operaciones militares con inteligencia artificial sean material clasificado.
Palantir aumenta sus previsiones de ingresos
Dentro de esta integración bélica, la empresa Palantir Technologies aumentó sus previsiones de ingresos anuales hasta los 7.660 millones de dólares debido a la "robusta demanda" del Gobierno estadounidense. Según informa Reuters, su sistema Maven AI, una plataforma de mando y control que identifica objetivos en el campo de batalla, se convertirá en un "programa oficial de registro" del Pentágono, lo que asegura su uso a largo plazo en todas las ramas militares. Alex Karp, consejero delegado de Palantir, confirmó en una carta a los accionistas que el negocio con las agencias militares y de inteligencia está "estallando", con un aumento de ingresos del 84 % en el segmento gubernamental durante el primer trimestre del año.
Guerra automatizada irrestricta
La implementación de todos estos sistemas se ejecutará en redes militares de alto secreto y se centrará en operaciones de combate, inteligencia y gestión interna del Departamento de Guerra. Mientras que empresas como OpenAI afirman mantener "líneas rojas" contra las armas autónomas, el comunicado oficial del Pentágono omite todas estas restricciones, aprovechando que Washington no ha ratificado los compromisos internacionales para el "uso responsable" de la inteligencia artificial en el ámbito militar. El acuerdo permite que la inteligencia artificial "agilice la síntesis de datos" y "potencie la toma de decisiones" de los combatientes en entornos operativos complejos, lo que supone la automatización de la letalidad en un campo de batalla cada vez más difuso.
Esta transferencia de capacidades tecnológicas al aparato represivo del Estado ya provocó protestas internas en empresas como Google, donde 560 trabajadores exigieron a la dirección que no se plegara a las exigencias de la Casa Blanca. Los empleados advirtieron que la clasificación de estas tareas permitiría usos para la vigilancia masiva y armas autónomas letales sin su conocimiento. Sin embargo, Kent Walker, presidente de Asuntos Globales de Alphabet, desoyó estas demandas en un memorando interno donde afirmó que Google ha trabajado "con orgullo con los departamentos de defensa desde los primeros días" y que "es importante apoyar la seguridad nacional de una manera reflexiva y responsable". El acuerdo consolida así un modelo donde el desarrollo tecnológico queda supeditado a la eficacia de la maquinaria de guerra estadounidense.