La presidenta de la Comisión Europea, Ursula Von der Leyen, el presidente del Consejo Europeo, António Costa, y el primer ministro armenio, Nikol Pashinyan, formalizaron este 5 de mayo en Ereván la denominada Asociación de Conectividad UE-Armenia. El acuerdo, suscrito en la primera Cumbre UE-Armenia, establece un marco de actuación en los sectores de transporte, energía y redes digitales. Según el comunicado oficial de la Comisión Europea, la medida busca posicionar a Armenia como un "centro estratégico" y un "hub" en el Cáucaso Sur, integrando al país en la estrategia Global Gateway, el mecanismo de la UE para competir globalmente en la exportación de capitales y asegurarse el control de rutas comerciales hacia Asia Central.

El pacto no se limita a la esfera civil, sino que incluye la incorporación de Armenia al programa de la agencia policial y fronteriza europea Frontex, así como un aumento de la cooperación en "seguridad y defensa". Esta transferencia de funciones soberanas a organismos europeos se produce en un contexto de ruptura entre el gobierno de Pashinyan y la Federación Rusa, tras la pérdida de Nagorno-Karabaj en 2023 a manos de Azerbaiyán y el congelamiento de la participación armenia en la Organización del Tratado de la Seguridad Colectiva (OTSC) con Moscú. Mientras la UE lanza una convocatoria para que empresas europeas inviertan en la zona, el presidente ruso Vladimir Putin ya ha advertido sobre la "incompatibilidad" de estas normas con la Unión Económica Euroasiática (UEE), de la que Armenia aún es miembro, y ha señalado posibles riesgos para el suministro de gas ruso barato al país.

El acuerdo ha suscitado críticas tanto de la oposición interna como de analistas internacionales, quienes señalan la imposibilidad geográfica de una conexión directa. Dado que la UE no comparte fronteras con Armenia y existen territorios no alineados o incluso en disputa entre ambos —como Ucrania o Georgia—, la inversión de miles de millones de euros en transporte y energía se percibe en algunos sectores como un mecanismo de presión geopolítica más que como una integración física viable a corto plazo. Von der Leyen afirmó que el acuerdo "eleva nuestra asociación a un nuevo nivel", mientras que sectores de la oposición armenia, como el Partido Democrático de Aram Sargsyan, denuncian que la UE apoya a Pashinyan por intereses estratégicos antes de las elecciones, "olvidando" la situación de los prisioneros armenios en Azerbaiyán.

Desde Moscú, el ministro de Asuntos Exteriores, Sergei Lavrov, advirtió de "consecuencias negativas" para las relaciones aliadas, mientras medios rusos como RT calificaron el evento de "postureo anti-Rusia". La entrada de expertos de la Unión Europea para, supuestamente, "contrarrestar la interferencia rusa" confirma el carácter de disputa sobre el territorio. Este giro armenio hacia Occidente coloca a la población en una situación delicada ante posibles represalias económicas de Rusia —de la que todavía depende energéticamente— a cambio de una incierta promesa de inversiones europeas condicionadas a la liberalización de mercados y a la tutela militar y policial de sus fronteras. Todo ello sin olvidar que los eventuales procesos de adhesión a la UE tienden a generar tensiones políticas internas en los países de Europa del Este y Asia Central; y si se intenta llevar la integración al plano militar, el peligro suele ser de otro orden, como muestra el ejemplo de Ucrania.