“La sociedad sionista está construida sobre capas y capas de racismo”
Analizamos la sociedad colonial israelí y su realidad interna con el doctor en Historia Daniel Gaido y con “Nidal”, un activista palestino originario de los territorios ocupados en 1948.
En Occidente coexisten dos formas de ver la sociedad israelí: como artífice del genocidio contra el pueblo palestino o como “una democracia liberal en medio de un entorno hostil”. Sin embargo, la geopolítica no es suficiente para comprender este Estado que está marcando el presente y el futuro de la humanidad; hace falta también una mirada desde dentro —su estratificación étnica, su sistema educativo adoctrinador, el uso político del terror y el militarismo, y las grietas que atraviesan a la propia población colonizadora—. Para ello contamos con dos voces que conocen esa realidad colonial israelí desde su interior.
“Nidal” es un activista palestino que escribe bajo un seudónimo para evitar represalias. Es originario de una de las tantas aldeas palestinas destruidas y despobladas por la ocupación, sobre la cual los colonos sionistas construyeron un asentamiento. Nació y creció en los territorios ocupados en 1948 y militó en el Partido Comunista de Israel.
Daniel Fernando Gaido (Córdoba, Argentina, 1969) es historiador y doctor en Historia, investigador independiente del CONICET y profesor titular de Historia Contemporánea en la Universidad Nacional de Córdoba. Su obra se centra en la historia del socialismo internacional, el imperialismo, la socialdemocracia europea, la teoría marxista de las crisis y la cuestión nacional, con aportes sobre los debates de la Segunda Internacional; entre sus publicaciones destacan The Formative Period of American Capitalism, Witnesses to Permanent Revolution, Discovering Imperialism, Responses to Marx’s “Capital” e Historia del Socialismo Internacional, además de artículos como Teorías marxistas del imperialismo en la Segunda Internacional. Vivió en el Estado de Israel durante 19 años.
¿Qué es el Estado de Israel?
Daniel: El Estado de Israel es un Estado colonialista de asentamiento, o sea es colonialismo pero no como el que ejercía Inglaterra en la India, por ejemplo, donde conservaba la población local para explotarla y le agregaba una pequeña casta de administradores y oficiales, sino un colonialismo donde los nativos son reemplazados por los colonos. Los colonos en ese sentido son todos los habitantes de Israel que vinieron de afuera, no solo los que están en Cisjordania. En ese sentido Israel es el equivalente en el siglo XXI a lo que eran Argentina, Estados Unidos, Australia, Nueva Zelanda y Canadá en el siglo XIX, donde había un proceso de limpieza étnica y de exterminio de la población nativa, en este caso los palestinos, tanto los que están dentro de Israel como en Cisjordania y Gaza. Estos nativos, esta población árabe, está siendo desplazada para ser reemplazada por población colonial.
¿Cómo describirías la evolución de la sociedad israelí en las últimas décadas en términos políticos e ideológicos?
Nidal: La evolución política está estrechamente relacionada con la composición demográfica de la entidad sionista, que detallaremos más adelante. El mapa político de la colonia sionista se refleja directamente en las divisiones sociales, étnicas y religiosas. En general, la sociedad sionista ha pasado de una cultura relativamente laica, de “orientación socialista” y sionista laborista, dominada por las élites ashkenazíes blancas, a una sociedad más religiosa, nacionalista, orientada al mercado, al capitalismo puro y duro, y políticamente polarizada, lo que pone de relieve la contradicción inherente a la propia ideología sionista. A principios de la década de 1970 y debido a muchos factores diferentes, la influencia del Partido Laborista (la “izquierda” sionista), que fundó la entidad sionista, comenzó a decaer y ha sido sustituida por partidos de derecha, en particular el Likud (el partido gobernante de Netanyahu), y facciones nacionalistas más extremistas. Esto condujo a un aumento de los sentimientos nacionalistas y fascistas religiosos, a medida que la ideología de los asentamientos en toda la Palestina histórica y el “Gran Israel” ganaba terreno. Los sionistas religiosos y los haredim (judíos ultraortodoxos) ejercen ahora una influencia política y cultural mucho mayor, mientras que la sociedad se ha fragmentado cada vez más entre liberales laicos, nacionalistas religiosos y los haredim, que constituyen la principal fuerza demográfica impulsora de las políticas de asentamiento.
¿Qué papel juegan los medios, el sistema educativo y el discurso político en la construcción de la narrativa dominante de Israel?
D: La narrativa dominante en Israel es una mezcla de historia y teología: el sionismo centró su proyecto en Palestina porque allí es donde transcurren las historias de la Biblia, y la narrativa sionista es que simplemente están “volviendo” (después de 2.000 años) a su “hogar ancestral”. En la práctica eso se traduce en la lógica del exterminio del nativo propia de todas las colonias de asentamiento, lo cual implica su demonización y/o pretender que no existen, que lo que se está ocupando es simplemente “un desierto”.
El sistema educativo apuntala esa narrativa. Por ejemplo, la enseñanza de la historia en el secundario (instituto) salta de la historia del “Primer Templo” (Templo de Salomón), que estuvo en pie aproximadamente entre el 960 a. C. y el 587 a. C. (es decir, la época del Antiguo Testamento, Mikrá en hebreo), al “Segundo Templo”, que existió desde el 516 a. C. y fue destruido por las legiones romanas de Tito en el año 70 d. C. durante la Gran Revuelta Judía, a Theodor Herzl y al Primer Congreso Sionista celebrado en Basilea en 1897. En otras palabras, se saltan 2.000 años de historia judía porque todo lo que sucedió en la diáspora, fuera de Israel, no les interesa para la narrativa sionista que quieren construir. Los medios de comunicación están sujetos a la censura militar y la página web Al Jazeera en inglés está bloqueada en Israel.
Daniel Gaido: “Se saltan 2.000 años de historia judía porque todo lo que sucedió en la diáspora, fuera de Israel, no les interesa para la narrativa sionista que quieren construir”.
¿Cómo se define y se percibe la “seguridad nacional” dentro de la sociedad israelí, y cómo influye en la legitimación de políticas hacia el pueblo palestino?
N: Los partidos extremistas que controlan la entidad sionista se centran en las preocupaciones de “seguridad” y en “la amenaza a su propia existencia”, lo que alimenta un estado de ansiedad y malestar constantes entre los colonos sionistas de toda la Palestina histórica, tal y como revelan los resultados de una encuesta realizada por el Instituto de Estudios de Seguridad Nacional a finales del pasado mes de noviembre. La encuesta examinó la sensación de seguridad del público sionista, que refleja, junto con su ansiedad por las “amenazas de seguridad externas”, una profunda preocupación por las tensiones y divisiones sociales internas. El miedo en la vida de los sionistas es un patrón bien conocido que genera una sensación de ansiedad sostenida, perpetuada a través de las manipulaciones de los líderes de la entidad sionista, y forma parte del entorno político sionista; no está vinculado únicamente a las realidades de lo que ellos entienden como seguridad, sino que también está influenciado por la afiliación partidista y la postura política.
Esta situación proporciona un grado significativo de legitimidad a la continua priorización de las opciones militares, securitarias y a la propagación de la agresión racista entre el público sionista. El constante avivamiento de los temores de “inseguridad” por parte de Netanyahu a través de una campaña ciega de asentamientos, que perpetúa la injusticia política y moral del control por la fuerza de la tierra palestina, encarna una visión hostil de la historia y justifica la política agresiva de un régimen basado en el miedo, que se apoya en narrativas falsas, tal y como se plasma en las prácticas racistas contra el pueblo palestino. Desde el 7 de octubre de 2023, la retórica defendida por los líderes sionistas se ha traducido en una realidad concreta. El ejército sionista está actuando para deshumanizar a los palestinos, persiguiendo un objetivo sin límites a través del asesinato, la destrucción y la aniquilación de todos los aspectos de la vida palestina. Dos días después del inicio de la agresión contra la Franja de Gaza, el ministro de Guerra sionista, Yoav Galant, declaró: “Estamos luchando contra animales humanos, y debemos actuar en consecuencia”, y añadió: “‘Israel’ está destruyendo un barrio tras otro en la Franja de Gaza”.
Durante muchos años, las autoridades de ocupación han cometido y siguen cometiendo crímenes de asesinato, homicidio premeditado y ejecuciones sumarias contra los palestinos, y han convertido la ejecución en un sustituto de la detención, sin ninguna ley que pueda avergonzarles ante el mundo, mientras las voces sionistas, tanto oficiales como populares, se han hecho más fuertes, exigiendo la aplicación de la pena de muerte contra los presos palestinos.
Hoy en día, la tortura y los malos tratos se practican en todas las fases de la detención por parte de todas las fuerzas de seguridad responsables de la misma, con la aprobación de altos funcionarios, sin supervisión ni intervención de autoridades o mecanismos judiciales o administrativos, y con la participación del personal médico. El 30 de marzo, coincidiendo con la 50.ª conmemoración del Día de la Tierra Palestina, el pleno del Parlamento sionista aprobó la pena de muerte en la horca para los palestinos condenados por matar a “israelíes” si el acto es considerado un “acto terrorista” por un tribunal militar o si estuvo motivado por la “negación de la existencia del Estado de ‘Israel’”. Las autoridades de ocupación también están trabajando para llevar a cabo asesinatos provocando la muerte lenta de los presos palestinos mediante la hambruna sistemática y la aplicación de lo que se conoce como la “dieta Ben-Gvir”, especialmente contra los líderes presos que tienen una influencia significativa en la lucha del pueblo palestino.
Nidal: “La tortura y los malos tratos se practican en todas las fases de la detención”.
¿Hay mecanismos para cuestionar estas narrativas desde dentro de la sociedad israelí?
D: Es legalmente imposible presentar una lista a la Knesset (parlamento) que llame a poner fin la partición de Palestina a través de la eliminación del Estado de Israel y la creación de un estado único, laico y democrático en todo el territorio de Palestina histórica. Por eso algunas corrientes dentro de la izquierda palestina proponen el boicot a las elecciones, porque se niegan a reconocer la partición para poder presentarse a elecciones. Los partidos árabes (incluyendo al Partido Comunista, que es mayormente árabe pero también tiene miembros y legisladores judíos) generalmente llaman a otorgar el derecho al retorno a los refugiados palestinos, pero ese es el límite más allá del cual no puede haber legalmente discurso político alguno.
¿Qué diferencias hay entre el discurso interno y el externo?
N: Los tres puntos principales de comparación a la hora de analizar el discurso sionista en general giran en torno a los objetivos que pretende alcanzar, el público al que va dirigido y los puntos clave o argumentos principales. El discurso interno general, dirigido principalmente hacia dentro, tiene un tono desafiante y de amenaza externa constante. A través de los medios de comunicación, la cultura y el sistema educativo, se centra en institucionalizar la movilización en los ámbitos militar y de seguridad nacional, presentándolos como la principal fuente de supervivencia. Al mismo tiempo, el discurso intenta continuamente conciliar el carácter judío del Estado con los “valores democráticos”, al tiempo que mantiene una retórica agresiva e incendiaria de “destruir a nuestro enemigo”. Esto sirve no solo para promover una imagen de identidad sionista fuerte, dominante y supremacista, sino también para crear un elemento disuasorio contra cualquier intento de movilización masiva palestina, especialmente en los territorios ocupados en 1948.
El discurso externo se dirige, por supuesto, principalmente a las audiencias del hemisferio norte, a las potencias imperialistas y a sus secuaces, así como a la comunidad internacional en general. El discurso tiene como objetivo principal obtener apoyo político y logístico, así como legitimidad internacional, presentando a la colonia sionista como un “oasis de modernidad”, protectora de los “valores occidentales”, “la única democracia en Oriente Medio” y, por supuesto, jugando la carta de la víctima. Con una intersección principal que es la propia narrativa sionista en general, en última instancia, los dos discursos funcionan conjuntamente como parte de una campaña de propaganda estratégica que abarca contradicciones calculadas, en la que los mensajes pretenden apaciguar a los partidarios de la línea dura en el país, al tiempo que proyectan flexibilidad en el extranjero.
¿Cómo se estratifica la sociedad colonial en términos de clase, origen étnico y afiliación religiosa?
N: El proyecto colonial sionista ha reunido a grupos de colonos judíos procedentes de todo el mundo y de todas las nacionalidades, y ha tratado de unirlos a través de una fuente ideológica específica encarnada en la identidad sionista y mediante la creación de una “identidad israelí” artificial, que ha servido para imponer conceptos como la “patria nacional”, la “Tierra Prometida” y el “nacionalismo religioso”. Sin embargo, el proyecto sionista, al estar construido sobre una ideología racista, no ha podido deshacerse del racismo presente entre sus propios colonos, y en su lugar ha dado lugar a una sociedad construida sobre capas y capas de racismo. En otras palabras, se puede ver claramente una superposición orgánica entre el origen étnico y la clase social.
Nidal: “El proyecto sionista, al estar construido sobre una ideología racista, no ha podido deshacerse del racismo presente entre sus propios colonos, y en su lugar ha dado lugar a una sociedad construida sobre capas y capas de racismo”.
Existen muchos grupos étnicos diferentes dentro de la entidad sionista. Para simplificar el panorama etno-social, mencionaremos los cuatro grupos principales. Los ashkenazim —judíos blancos de Europa Central y Oriental— ostentan la hegemonía política, económica y cultural. Al ser ellos el centro del proyecto sionista y sus creadores, surgió el término mizrahim, que se traduce como “orientales”, para describir a los judíos árabes o a los judíos procedentes de países musulmanes. Los mizrahim se caracterizan por ser, en general, más religiosos, tener un estatus social más bajo, carecer de educación y presentar una brecha económica significativa en comparación con los ashkenazim. El tercer grupo étnico en la jerarquía social sionista son los itiopim —la minoría etíope—, más de la mitad de los cuales viven por debajo del umbral de la pobreza, con un estatus económico y social mucho más bajo que el de otros colonos, y se enfrentan a dificultades significativas para demostrar su afiliación religiosa y su judaísmo, además de estar sometidos a constantes políticas racistas. El cuarto grupo somos los palestinos que permanecieron firmes en sus tierras tras la Nakba de 1948 y sus descendientes, a quienes se nos ha impuesto la ciudadanía de la entidad. Para ilustrar la realidad del racismo en la entidad sionista, me gustaría concluir con un ejemplo: en 2019, un colono etíope fue abatido a tiros por un agente de policía ashkenazí, lo que provocó grandes protestas y enfrentamientos entre la comunidad etíope y el aparato estatal. Los representantes de los grupos de protesta fueron entonces abordados por la lista parlamentaria del Partido Comunista —el Frente Democrático por la Paz y la Igualdad— con la sugerencia de una acción política conjunta para contrarrestar las políticas racistas del Gobierno. Esta propuesta fue recibida con un rechazo rotundo y desprecio: “No trabajamos con árabes”.
¿Qué tensiones existen entre estos grupos étnicos y religiosos y cómo interactúan estas divisiones internas con la cuestión palestina?
D: Existen tensiones dentro de la población de origen colonialista, pero son cuestiones secundarias: todos los partidos políticos sionistas apoyan la expulsión y/o el exterminio de los palestinos, y lo único que los diferencias son cuestiones de método. Ese es el eje en torno al cual gira toda la política interior israelí, incluyendo la destrucción de las casas de las familias de las personas acusadas de “terrorismo”, la “detención administrativa” indefinida de cualquier “terrorista” potencial, etc.
¿Cuál es la situación social, económica y política de los palestinos de las tierras del 48 hoy y cuáles son vuestros espacios de organización política y resistencia?
N: A estos palestinos en concreto se nos han dado muchos nombres que, por un lado, se han utilizado para legitimar la pretensión de la ocupación de ser un “Estado democrático” y, por otro, para provocar una crisis de identidad, aislándonos de nuestras raíces palestinas. “Palestinos con ciudadanía israelí”, “árabes de Israel”, “árabes del 48”, “palestinos israelíes”, “la comunidad árabe en Israel” y muchos más, solo sirven para presentar a este grupo palestino —creado por el crimen de la división geográfica de nuestro pueblo— como una minoría étnica que cayó del cielo y que no tiene ninguna conexión histórica con el pueblo de esta tierra ni con la tierra misma. El pueblo palestino de los territorios ocupados en 1948 ha sido y siempre será una parte esencial del pueblo palestino. A pesar de todos los intentos por aislarnos de él, estos siempre han estado condenados al fracaso. Hubo un régimen militar desde 1948 hasta 1966, que nos impedía visitar nuestras aldeas recién destruidas; ser testigos no solo de la colonización de nuestra propia tierra ante nuestros ojos, sino de la destrucción total y repentina de nuestra sociedad, incluidas sus élites y líderes, sus instituciones civiles, políticas, religiosas, educativas y culturales; pasando por un proceso de “israelización” financiado con millones y millones para convencernos de que “Jerusalén es la capital eterna de Israel”; estando sometidos a un sistema educativo racista que diluye nuestra conciencia y nuestra identidad, y muchas más políticas y prácticas coloniales racistas... Nunca han logrado hacernos olvidar quiénes somos.
Nidal: “Nunca han logrado hacernos olvidar quiénes somos. (...) Los palestinos de los territorios de 1948 hemos formado parte de todos los hitos históricos de la lucha de nuestro pueblo”.
Los palestinos de los territorios de 1948 somos considerados ciudadanos de “clase Z”, con una enorme brecha económica, social y de infraestructuras, entre otras cosas, respecto a los “ciudadanos” judíos. Vivimos al margen de la sociedad sionista y nos alimentamos de las migajas económicas del libre mercado. Los palestinos estamos representados por un amplio espectro de partidos políticos y se nos permite ejercer una política limitada, basada en reivindicaciones civiles. A pesar de ello, los palestinos de los territorios de 1948 hemos formado parte de todos los hitos históricos de la lucha de nuestro pueblo, como el Día de la Tierra, ambas Intifadas y el levantamiento “Seif Al-Quds” de 2021.
En cuanto a la resistencia activa, al tener un efecto directo en la economía de la ocupación por ser la verdadera clase trabajadora de la entidad, los palestinos de 1948 tenemos el potencial de llevar a cabo una lucha estratégica basada en huelgas y desobediencia civil. También hubo una honrosa excepción de experiencia de resistencia armada en los años 1969-1971, en la que el grupo Akka 778 atacó instalaciones de infraestructura estratégica en la entidad.
Nidal: “En cuanto a la resistencia activa, al tener un efecto directo en la economía de la ocupación por ser la verdadera clase trabajadora de la entidad, los palestinos de 1948 tenemos el potencial de llevar a cabo una lucha estratégica basada en huelgas y desobediencia civil”.
Tras su notable actuación, cuyos resultados sorprendieron a todos durante la Segunda Intifada, las instituciones sionistas de seguridad nacional se dieron cuenta e identificaron a los palestinos de 1948 como un “frente activo”. Esto condujo al desarrollo de una política destinada a destruir la sociedad desde dentro, alimentando la delincuencia social interna. Actualmente, las tasas de criminalidad son de las más altas del mundo per cápita, solo por detrás de México y Colombia, con 15 muertos por cada 100.000 personas. Entre los años 2000 y 2020, 1.600 palestinos fueron asesinados en actos de criminalidad social. Se trata de una clara política colonial con pruebas evidentes e incluso declaraciones de que las armas presentes en la escena criminal de nuestra sociedad son distribuidas por la propia entidad.
¿Cómo caracterizas el panorama político actual en Israel? ¿Qué tendencias dominan?
D: La “oposición” a Netanyahu está liderada por Juntos (BeYachad en hebreo), una nueva alianza política formada en abril de 2026 por Yair Lapid y Naftali Bennett para competir en las próximas elecciones legislativas de octubre. Tiene exactamente la misma política que Netanyahu hacia los palestinos. En cuanto a política exterior, durante la guerra contra Irán, Bennett criticó a Netanyahu por “no ser lo suficientemente agresivo” y propuso medidas aún más brutales, como atacar directamente los campos petroleros iraníes.
¿Cuál ha sido históricamente el papel del Partido Comunista de Israel en la política del país? ¿Qué base social tiene hoy y qué influencia real conserva?
N: Como antiguo miembro del Partido Comunista “israelí”, puedo afirmar que, en la actualidad, el partido está lejos de ejercer influencia alguna, ya sea en la política interna de la entidad o entre las masas palestinas de los territorios ocupados en 1948, y especialmente entre la clase trabajadora palestina, de la que se encuentra más alejado que nunca. Esto es consecuencia no solo de una serie de malas decisiones históricas, sino también de la estrategia general, la práctica y un análisis erróneo de la naturaleza de la entidad sionista, debido a un largo compromiso con la “solución de dos Estados” y a la ilusión de “cambiar desde dentro las las instituciones sionistas”.
Nidal: “El Partido Comunista «israelí» está lejos de ejercer influencia alguna en la política interna de la entidad o entre las masas palestinas de 1948, (...) por la ilusión de cambiar desde dentro las las instituciones sionistas”.
Desde la Nakba, el Partido Comunista ha optado voluntariamente por operar dentro del marco y utilizando las herramientas que se le han definido de antemano. Aunque la gran mayoría de sus miembros son palestinos —especialmente tras la escisión de 1965 y el proceso de arabización dictado por la Unión Soviética—, el partido se considera a sí mismo meramente como una parte del panorama político interno de la entidad, y se aísla de una estrategia de liberación nacional a largo plazo; e incluso cuando intenta estar en contacto con la política palestina, construye su relación a través la institución colonial de los Acuerdos de Oslo. En su discurso, el partido intenta encontrar un equilibrio entre el discurso nacionalista palestino y la izquierda judía, busca la igualdad nacional y la “paz”, y trabaja en favor de las reivindicaciones sociales y civiles, al tiempo que no se enfrenta al contexto colonial que supone la mera existencia de la entidad. Por ejemplo, esto se ve claramente en la forma en que define su terminología cuando habla de “ocupación”: para el Partido Comunista “israelí”, solo las tierras ocupadas en 1967 (Cisjordania, Gaza y los Altos del Golán) se definen como ocupación. No obstante, el Partido Comunista desempeñó un papel muy importante en muchos hitos históricos y, de hecho, obtuvo su legitimidad de las masas mientras trabajaba en las calles, y no en los pasillos del Parlamento sionista. Sin embargo, no supo aprovechar ni consolidar los logros conseguidos en las calles. Por ejemplo, el partido desempeñó un papel fundamental a la hora de romper la “barrera del miedo” en el levantamiento y la huelga general del Día de la Tierra de 1976. Sin embargo, en lugar de aprovechar el impulso y los sacrificios de las masas y trabajar para lograr un segundo y un tercer Día de la Tierra, el partido (y el resto de las fuerzas políticas árabes que creen en la opción del Knesset) optó por convertirlo en una conmemoración performativa anual y anunciar una huelga simbólica, vacía de cualquier contenido revolucionario, normalizando así y perdiendo la herramienta de lucha más estratégica en los territorios ocupados de 1948: la huelga general y la desobediencia civil.
Nidal: “El Partido Comunista desempeñó un papel muy importante en muchos hitos históricos y, de hecho, obtuvo su legitimidad de las masas mientras trabajaba en las calles, y no en los pasillos del Parlamento sionista”.
¿Por qué ha perdido peso político la llamada “izquierda israelí” en las últimas décadas?
D: No existe la “izquierda sionista”, la expresión misma es un oxímoron. La única oposicion son los “partidos árabes” (incluyendo al Partido Comunista), que operan dentro de las limitaciones legales antes mencionadas. Dichos partidos solo representan a los alrededor de 1,9 millones de palestinos que viven dentro de las fronteras de Israel, los territorios de 1948, y que representan aproximadamente el 21% de la población israelí y poseen la nacionalidad de este país. Excluye por ende a los aproximadamente 5,6 millones de palestinos que viven los así llamados “Territorios Palestinos” (Cisjordania y Gaza) y a la diáspora palestina, que se calcula en unas 7 millones de personas. Cualquier referencia a la “democracia” en ese contexto es una burla.
¿Cómo influye el apoyo internacional en la política interna israelí?
D: Al ser una isla de colonos en un mar de población nativa árabe y musulmana, el sionismo siempre se apoyó en el imperialismo, primero en el imperialismo británico (Declaración Balfour), luego en el imperialismo británico y francés (Guerra de Suez), y finalmente, desde los años 60 hasta la actualidad, en el imperialismo estadounidense. Desde el 7 de octubre de 2023, Estados Unidos ha proporcionado al menos 21.700 millones de dólares en ayuda militar directa a Israel, eso lo dice todo. Para el imperialismo estadounidense, Israel es un portaaviones que no se puede hundir en un área clave, o si se quiere, su principal base militar en el extranjero, una herramienta indispensable para su control del Medio Oriente.
Daniel: “Para el imperialismo estadounidense, Israel es un portaaviones que no se puede hundir en un área clave”.
¿Qué escenarios ves a corto y medio plazo para Palestina, el Estado de Israel y la región?
N: Al observar los acontecimientos actuales que se están produciendo en la región, es probable que sigamos asistiendo a la crisis humanitaria en Gaza y a la ONGización de la ayuda que se le presta, a la continuación y expansión del cáncer de los asentamientos en Cisjordania y, por lo tanto, a un aumento de las tensiones y los enfrentamientos, así como al mantenimiento del statu quo en los territorios ocupados de 1948. En Jerusalén, la ocupación ya ha impuesto una nueva ecuación y una nueva realidad, especialmente en la mezquita de Al-Aqsa, con incursiones masivas diarias de colonos en sus patios. Tras la promulgación de la nueva ley de ejecución, es probable que asistamos a un enfrentamiento directo con la ocupación a todos los niveles, ya que el pueblo palestino y su resistencia han demostrado históricamente que no abandonan a sus prisioneros.
Nidal: “El enfrentamiento es inevitable”.
Nuestra resistencia palestina, así como las resistencias libanesa, yemení, iraquí e iraní, han demostrado que se han levantado para lograr lo imposible, no lo posible, y que mientras haya injusticia, siempre habrá resistencia. Esto nos lleva a concluir que la presencia de esa entidad en Siria tampoco pasará sin resistencia y que el enfrentamiento es inevitable. En lo que respecta a la situación interna de la entidad sionista a medio y largo plazo, creo que las contradicciones de la ideología sionista —y, por ende, del proyecto—, representadas por las fracturas políticas y sociales, saldrán cada vez más a la luz, lo que debilitará la estabilidad de la propia sociedad. La naturaleza económica capitalista y consumista de la sociedad de la entidad les ha llevado a carecer de cualquier base para la resiliencia, y la guerra de desgaste que se libra desde el 7 de octubre seguirá teniendo un efecto económico, social y también psicológico en la sociedad sionista. Aquella mañana encendió una llama en la región y en todo el mundo, que esperamos que no se apague hasta el fin de este proyecto colonial sionista y la liberación de toda Palestina, desde el río hasta el mar.