Los tentáculos del lobby sionista
Poderosas organizaciones como AIPAC y ELNET inyectan millones en campañas electorales y viajes oficiales para ganar influencia en EEUU, Europa y el Estado español; el 70% de los parlamentarios europeos apoyan una mayor cooperación con Israel.
El complejo entramado de lobbys proisraelíes, encabezado por el poderosísimo Comité de Asuntos Públicos Estados Unidos-Israel (AIPAC), que ha llegado a financiar simultáneamente a más del 93% de los congresistas estadounidenses, mantiene e incluso amplía su capacidad de influencia sobre las llamadas “democracias occidentales” con una inversión financiera sin precedentes en medio de la ofensiva en múltiples frentes de Asia Occidental. Así lo certifican los datos actualizados de la plataforma de transparencia OpenSecrets: el PAC de AIPAC reportó más de 12,75 millones de dólares en contribuciones directas solo en la primera mitad de 2025, lo que supone un incremento superior al 80% respecto al mismo periodo del ciclo anterior. Este despliegue de capital responde a una estrategia global del sionismo, donde el dinero de grandes donantes y empresas se traduce en apoyo legislativo y militar incondicional concreto en los despachos y los parlamentos, especialmente desde 2023.
En Estados Unidos, el mecanismo de presión opera con una precisión quirúrgica sobre el proceso electoral. De acuerdo con los registros de la Comisión Federal de Elecciones (FEC), se estima que unos 28 millones de dólares han sido entregados a miembros del Congreso en el presente ciclo 2025-2026. AIPAC, que ya gastó cerca de 100 millones de dólares en el ciclo de 2024 a través de vehículos como United Democracy Project, mantiene al conglomerado sionista como el principal contribuyente histórico para el 15% de los congresistas. Las fuentes consultadas, entre las que destacan The Intercept y Sludge, señalan que este flujo de dinero garantiza que las prioridades presupuestarias de Washington sigan apostando por la asistencia militar a Israel, blindando a la entidad colonial frente a cualquier atisbo de resolución crítica en el Capitolio.


El sionismo en Europa
Mientras tanto, en el continente europeo, la red European Leadership Network (ELNET) se ha erigido como el principal eje de influencia, operando bajo un modelo inspirado en el lobby estadounidense, pero con dimensiones significativamente más pequeñas. Investigaciones periodísticas publicadas por The Intercept en diciembre de 2025 revelan que donantes de EEUU canalizaron al menos 11 millones de dólares hacia el brazo estadounidense de ELNET para financiar actividades en Europa. Con un presupuesto anual estimado en 20 millones de dólares, esta organización se dedica a organizar delegaciones de eurodiputados y parlamentarios nacionales a Israel para alinear posturas en materia de “seguridad y defensa”. Según informes de la propia red, ELNET también ha facilitado acuerdos de armas de gran calado, como la venta del sistema de defensa Arrow a Alemania por 3.500 millones de dólares, redoblando su poder diplomático a través de la industria bélica.

El sionismo en el Estado español
En el Estado español, la estrategia del lobby proisraelí h adoptado hasta ahora un carácter más reactivo y judicializante, al menos visiblemente. La información pública disponible indica que el lobby se centra sobre todo en combatir cualquier iniciativa de solidaridad con el pueblo palestino. La organización Acción y Comunicación sobre Oriente Medio (ACOM), registrada formalmente ante la CNMC, lidera una ofensiva legal contra instituciones públicas y universidades. Según reportan medios como El País y El Salto, ACOM ha interpuesto demandas judiciales contra las universidades de Burgos, Málaga, València, Granada y la Complutense de Madrid por, aparentemente, suspender algunos acuerdos con centros israelíes. Estas acciones, dirigidas por su presidente Ángel Mas Murcia, buscan penalizar institucionalmente y revertir las conquistas del movimiento de boicot y desinversión, empleando el aparato jurídico para frenar la presión social contra la ocupación y el genocidio.
El alcance de estas redes de influencia se extiende también a la esfera de la ideología, el control del relato público y de los aparatos de los partidos político, con casos reportados de financiación a medios como OK Diario por parte de ACOM o injerencias denunciadas en cuestiones orgánicas de Vox. Más allá del gasto directo, organizaciones como la Fundación Hispano Judía y la Federación de Comunidades Judías de España, así como figuras vinculadas a think tanks de la derecha y la extrema derecha española, como la fundación FAES del expresidente José María Aznar y Vox, trabajan para que los intereses estratégicos del Estado de Israel tengan aún mayor presencia en la agenda política europea y española. Los datos de ELNET indican que, tras años de misiones financiadas y contactos diplomáticos directos, todo sigue según el plan: el 70% de los parlamentarios europeos consultados en sus encuestas internas favorecen una mayor cooperación con Israel.
Otra pieza clave del panorama sionistas en el Estado español es David Hatchwell, empresario, presidente de la Fundación Hispanojudía y cofundador de ACOM. Ha sido uno de los donantes privados extranjeros a la campaña de Benjamin Netanyahu y mantiene una estrecha relación personal con el primer ministro israelí, así como con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Isabel Díaz Ayuso, a quien algunos medios han descrito como su “mentor político”. A través de ACOM, promueve profundizar en los lazos con Israel, facilita contactos con dirigentes de la extrema derecha como Abascal y defiende públicamente las operaciones militares israelíes en Gaza, rechazando las acusaciones de genocidio. Su influencia se extiende al ámbito empresarial y público: su asociación Zakut ha recibido millones en subvenciones de gobiernos autonómicos del PP, cesiones de edificios y contratos; su empresa Excem, especializada en seguridad y ciberinteligencia con lazos a la industria israelí, ha participado en proyectos como el mantenimiento de sistemas de escuchas de la Ertzaintza y en la intermediación para la adquisición de spyware Pegasus en el Estado español. Además, ha producido el musical Malinche junto a Nacho Cano, reforzando su acceso a círculos culturales y mediáticos.
Esta enorme red de poder articulada internacionalmente, que combina el capital financiero de las donaciones electorales con la presión directa de los lobbies armamentísticos, se integra fuertemente en los aparatos de Estado y en partidos políticos, asegurando que las instituciones occidentales mantengan un cierre de filas absoluto con los intereses de Tel Aviv, en abierta contradicción con el “derecho internacional” y los “derechos humanos” que dicen defender los gobernantes, así como con las demandas de sus propias poblaciones. Esta cooptación ya está generando tensiones internas y disputas políticas sobre las preferencias estratégicas en el aparato de Estado de EEUU, donde cada vez más sectores políticos perciben una “captura” por parte de los intereses del sionismo.
La principal diferencia cualitativa entre el caso estadounidense y europeo probablemente sea que en Washington declaran abiertamente cuánto y cómo financian a cargos públicos, porque el lobbismo es legal, mientras que en el caso europeo y español sigue siendo un gran enigma por descubrir. Por el momento no se sabe a ciencia cierta cómo y cuánto están financiando y apoyando los lobbys sionistas a partidos políticos concretos en el Estado español. Lo que se conoce es que varios partidos como el PP, Vox y Aliança Catalana tienen vínculos oficiales estrechos y reconocidos con Israel, y que las simpatías personales proisraelíes entre los políticos atraviesan todo el espectro político parlamentario, como indica el caso de Jon Iñarritu (EH Bildu).
Sin embargo, el elemento clave aquí es el presupuesto de ELNET: cabe recordar que el lobby sionista europeo cuenta con un presupuesto anual de 20 millones de dólares dedicados exclusivamente a organizar visitas diplomáticas de eurodiputados y parlamentarios para alinear posturas con Israel en materia de “seguridad y defensa”, que luego se repartirán por cada país. Sin embargo, la cuestión no se detiene ahí, ya que en la UE hay episodio muy cercanos, recientes y oscuros de injerencia ilegal directa que podría ofrecer algunas pistas sobre el carácter y el modus operandi de las operaciones sionistas en suelo europeo.
Escándalo de espionaje e injerencia electoral en Eslovenia
En las elecciones parlamentarias eslovenas de marzo de 2026 estalló un escándalo de interferencia extranjera cuando el primer ministro Robert Golob –con una posición homóloga a la de Pedro Sánchez hacia Israel–, acusó a la firma israelí de inteligencia privada Black Cube, conocida como el “Mossad privado”, (fundada por exagentes israelíes) de realizar operaciones encubiertas de espionaje y grabaciones secretas. Según las investigaciones de la agencia de inteligencia eslovena (SOVA) y reportes periodísticos, representantes de Black Cube —incluido su CEO Dan Zorella y el exjefe del Consejo de Seguridad Nacional israelí Giora Eiland— visitaron Eslovenia y se reunieron con personas de confianza del líder opositor de la extrema derecha, Janez Janša. Se filtraron vídeos grabados en secreto que mostraban a un lobbista esloveno, un abogado, un exministro y otras personas discutiendo sobre corrupción, influencia indebida y malversación de fondos, con el objetivo aparente de dañar al Gobierno de Golob. El caso generó una investigación oficial, denuncias de “alta traición” y una carta de Golob a Ursula Von der Leyen pidiendo una investigación europea por interferencia híbrida extranjera. Janša admitió reuniones con los israelíes pero negó estar detrás de las grabaciones. La empresa espía implicada tiene su sede en Madrid.