El Gobierno de Estados Unidos ha publicado recientemente su Estrategia de Contraterrorismo 2026, un documento que sitúa a los movimientos anarquistas y antifascistas en la categoría de “extremistas violentos de izquierda”. El texto oficial de la Casa Blanca identifica a estos grupos como uno de los tres tipos principales de “amenazas terroristas” que enfrenta el país, colocándolos al mismo nivel operativo que los carteles transnacionales y los grupos fundamentalistas religiosos tradicionales. Esta medida supone una criminalización directa de la disidencia política de izquierdas y antifascista.

Bajo la dirección del presidente Donald Trump, la nueva doctrina establece como prioridad la “rápida identificación y neutralización” de “grupos políticos seculares” cuya ideología es calificada por la administración como “antiestadounidense” y “anarquista”. La estrategia anuncia el uso de “todas las herramientas constitucionales" para “mapear” a estos colectivos tanto en territorio estadounidense como en el extranjero, buscando identificar a su militancia y rastrear sus vínculos con “organizaciones internacionales” como “Antifa”. El objetivo declarado es el uso de herramientas policiales para “lisiarlos operativamente”.

El documento justifica este despliegue represivo alegando que los movimientos de izquierda han adoptado “ideologías radicales antitéticas a los principios” de EEUU. La administración sostiene que el aparato de inteligencia ha sido “activamente convertido en arma política” por liderazgos anteriores, y afirma que se han ignorado “asesinatos motivados políticamente contra sectores conservadores y cristianos”. La estrategia dice buscar “proteger a la población” de aquellos que promueven lo que denomina “extremas ideologías transgénero” y “anarquistas”.

“Contra los gobiernos que los asisten”

La Casa Blanca advierte que no solo perseguirá a los grupos locales, sino también a los “patrocinadores estatales” y gobiernos que “asistan a estos radicales de izquierda”. El plan de acción incluye operaciones de inteligencia, financieras y cibernéticas destinadas a “socavar o disuadir” cualquier apoyo a estas organizaciones, reforzando el control social bajo el pretexto de la seguridad nacional.

Cumbre internacional contra anarquistas y marxistas

Para materializar esta persecución política a escala global, la administración Trump organiza una cumbre internacional prevista para junio o julio de este año. Según informaron fuentes diplomáticas a la agencia Reuters, el evento está liderado por Thomas DiNanno, subsecretario de Estado para el Control de Armas y Seguridad Internacional, y tiene como objetivo crear una coalición internacional para coordinar el espionaje y el intercambio de inteligencia contra “anarquistas y marxistas”. Esta iniciativa sigue la estela de las sanciones impuestas el pasado noviembre contra organizaciones europeas como Antifa Ost (Alemania), la Federación Anarquista Informal (Italia), Justicia Proletaria Armada y Autodefensa Clasista Revolucionaria (Grecia), designados como “organizaciones terroristas globales”.