El primer ministro británico, Keir Starmer, ha anunciado este lunes una legislación de urgencia para permitir la nacionalización completa de British Steel, la principal siderúrgica del Reino Unido. La medida, que se presentará formalmente este miércoles durante el Discurso del Rey, busca arrebatar el control de la compañía al grupo chino Jingye Group tras el fracaso de las negociaciones bilaterales. Según declaró el mandatario desde Londres, el Ejecutivo laborista ejercerá poderes legales para asumir la propiedad total "en interés público", calificando la siderurgia como una "soberanía nacional última" necesaria para "garantizar la seguridad económica, energética y militar del Estado".

Esta decisión supone un cambio de rumbo que se aleja del modelo privatizado de las últimas décadas. Esto responde directamente a la amenaza de cierre de la planta de Scunthorpe, pieza fundamental de la industria pesada británica. Starmer explica esta transferencia de control al sector público con un proyecto de "renovación industrial" destinado a recuperar sectores estratégicos. La intervención estatal se produce en un momento de extrema debilidad para el Gobierno, tras unos resultados electorales pésimos en los comicios locales que el propio primer ministro calificó de "muy duros" y que han profundizado la desafección de las comunidades obreras de Gales y del norte de Inglaterra hacia el Partido Laborista.

Peticiones de dimisión desde el Partido Laborista En el plano político, Starmer rechaza de forma tajante las peticiones de dimisión provenientes de más de 30 diputados de su propia formación, quienes critican la falta de un plan tras la derrota en las urnas. El primer ministro comparó la presión interna con el "caos" de los anteriores gobiernos conservadores y aseguró que tiene la "responsabilidad de cumplir el cambio". No obstante, la figura de Andy Burnham, alcalde del Gran Manchester, sigue ganando peso como posible relevo a Starmer; la actual viceprimera ministra, Angela Rayner, ha señalado públicamente que "lo que estamos haciendo no está funcionando" y ha criticado el bloqueo institucional que impidió a Burnham presentarse como candidato al Parlamento.

Acercamiento a Bruselas

Como parte de este giro para frenar la sangría de apoyos, que también se hace notar entre los electores jóvenes, el Ejecutivo ha anunciado también un programa de "movilidad juvenil" con la Unión Europea para revertir la pérdida de oportunidades que, según Starmer, el Brexit "arrebató" a las nuevas generaciones. El mandatario promete así "situar de nuevo al Reino Unido en el corazón de Europa" y que "todo joven con dificultades de inserción recibirá una oferta de trabajo o formación técnica". Estas medidas se presentan como un intento de paliar los efectos de la precariedad laboral creciente, mientras sectores críticos del laborismo, como la diputada Catherine West, exigen un calendario claro para su salida del poder el próximo septiembre.

Mensajes contra la extrema derecha como propaganda

Finalmente, en otro intento de contener su bancarrota y tras comprar el programa reaccionario en materia migratoria y policial, el primer ministro emitió algunas consignas "contra las organizaciones de extrema derecha", a las que acusó de fomentar "la política del resentimiento", confirmando que el Gobierno utilizará los aparatos del Estado para "impedir la entrada al país de agitadores", que planean participar en movilizaciones este fin de semana.

Los laboristas cuestionana la fectividad

del plan Fuentes de la BBC señalan que, pese a la contundencia de los anuncios sobre British Steel y Europa, incluso parte de la bancada laborista considera que la propuesta carece de sustancia material para aliviar el coste de vida de la clase obrera británica, manteniendo la incertidumbre sobre la viabilidad a largo plazo del actual Consejo de Ministros.