El Partido Republicano de Tennessee ha aprobado, mediante una sesión especial en el parlamento estatal en Nashville, la extinción del único de los nueve distritos electorales donde la población negra tenía capacidad para elegir a un representante propio. El colegio electoral de Memphis, ciudad con una de las mayores concentraciones de población afroamericana del país, ha sido fragmentado y anexionado a suburbios de mayoría blanca, situados en algunos casos a 200 kilómetros de distancia. Esta maniobra de ingeniería administrativa y electoral busca garantizar mayorías absolutas republicanas en el Congreso con la dilución deliberada de los votos de las minorías afroamericanas.

La reforma se ha ejecutado tras la sentencia de la Corte Suprema que derogó las protecciones de la Ley de Derechos de Voto ( la llamada Voting Rights Act), el principal logro legal del movimiento por los derechos civiles de EEUU en el siglo XX. El parlamentario afroamericano Justin Jones ha denunciado la naturaleza de la medida afirmando que, tras entrar en el aula en 2026, el resultado de la votación supone que "estamos de vuelta en 1965", año en el que las leyes segregacionistas Jim Crow aún imperaban en el sur. Jones ha señalado directamente a sus colegas blancos como "descendientes del Ku Klux Klan", organización que precisamente se fundó en Tennessee.

El nuevo mapa electoral implica que, pese a que la población negra representa el 17% del total del estado y el 45% de los ciudadanos vota al Partido Demócrata, este colectivo se quedará sin representación parlamentaria efectiva. Según los datos analizados por Il Manifesto, el número de congresistas negros en el conjunto del país podría descender de 60 a menos de 40 bajo este nuevo régimen de reordenación de distritos. Esta ofensiva institucional contra los derechos políticos de la clase trabajadora negra estadounidense coincide con una operación de desestabilización del proceso electoral instigada desde el trumpismo en estados como Florida y Texas.

El vicegobernador republicano lo califica como "batalla por la civilización"

Desde las instituciones, los responsables de la medida han justificado la fragmentación del distrito bajo una retórica beligerante y supremacista. El vicegobernador de Tennessee, Randy McNally, ha declarado que "la lucha por controlar el Congreso es una batalla por la civilización, el futuro, la seguridad, la economía y la fuerza de la nación". Frente a este discurso, centenares de ciudadanos se manifestaron en el interior del parlamento de Nashville con consignas y cánticos, mientras la policía procedía a la detención de cargos públicos como el diputado Justin Pearson durante las protestas contra lo que consideran un expolio de su soberanía política.

Esta regresión en los derechos políticos y civiles afroamericanos responde a una profunda crisis del sistema político en EEUU, que permite a las estructuras de poder ignorar la voluntad popular en beneficio de intereses estratégicos del bloque dominante republicano. El parlamentario Justin Jones ha advertido de que la comunidad afectada no aceptará el silencio ante este ataque: "Si crees en la democracia, debes batirte por ella; este racismo no pasará en silencio". La situación en Tennessee trae así una tendencia al endurecimiento de los mecanismos de control, la centralización del poder y exclusión política en los estados de la antigua confederación del sur.