La industria militar de la República Popular China registró en 2025 su mayor nivel de producción de misiles desde que Xi Jinping asumió la presidencia en 2013, según un análisis de datos financieros realizado por Bloomberg. El informe revela que 81 empresas cotizadas que suministran componentes críticos a los dos principales gigantes estatales del sector —China Aerospace Science and Industry Corporation (CASIC) y China Aerospace Science and Technology Corporation (CASC)— experimentaron un crecimiento masivo de sus pedidos. Mientras las 300 mayores empresas de China sufrieron una caída agregada de ingresos el año pasado, casi el 40% de las firmas vinculadas al programa de misiles reportaron las mejores ventas de su historia, alcanzando una facturación conjunta de 189.000 millones de yuanes (28.000 millones de dólares).

Este despliegue de producción armamentística pesada se produce en un contexto de agotamiento de los arsenales de Estados Unidos por las agresiones contra Irán, Venezuela y la ayuda militar a Israel, lo que ha generado preocupación en Washington por la ventaja tecnológica de Pekín. Según estimaciones del Pentágono citadas por Bloomberg, China posee al menos 3.150 misiles balísticos y 300 misiles de crucero de lanzamiento terrestre, lo que supone incrementos del 147% y el 50% respectivamente desde 2015. "Tanto EEUU como China están tratando de acumular arsenales suficientes para poder superar al otro en potencia de fuego", sostiene Becca Wasser, analista de Bloomberg Economics, quien añade que ambos bloques buscan también "ser capaces de resistir más que el otro en un conflicto potencial".

La expansión del programa de misiles chinos descansa sobre una red de proveedores civiles que Xi Jinping ha integrado en las fuerzas armadas bajo la estrategia de cooperación cívico-militar para modernizar el Ejército Popular de Liberación de cara a 2027. Empresas como Wuhan Guide Infrared Co., dedicada a sensores de infrarrojos, o Yangtze Optical Electronic Co., que produce bobinas de fibra óptica para sistemas de navegación de precisión, han visto cómo sus ingresos se disparaban un 73% y un 20% respectivamente. Estas firmas suministran desde metales impresos en 3D hasta revestimientos furtivos (stealth) que reducen la visibilidad de los proyectiles ante radares enemigos, permitiendo que los misiles balísticos chinos puedan alcanzar actualmente casi cualquier punto del planeta, incluyendo la base estadounidense en Guam.

Pese a las recientes purgas de altos mandos en la Fuerza de Cohetes del EPL por sospechas de corrupción, los datos del primer trimestre de 2026 muestran que la tendencia al rearme continúa con un aumento de ingresos del 20% en estas compañías. Este ciclo de inversión militar se refuerza con la presentación de nuevo armamento como el ICBM DF-61 y los misiles hipersónicos antibuque YJ-21, diseñados para contrarrestar la hegemonía naval estadounidense en el Indo-Pacífico.

Según expertos de BluePath Labs, la necesidad de "defender y disuadir ante posibles acciones políticas o militares de EEUU respecto a Taiwán" ha acelerado las transferencias hacia este entramado industrial, consolidando el papel del complejo militar-industrial chino como eje central de la estrategia de disuasión estatal.