Desmanteladas en Madrid dos redes de trata
Las mujeres eran controladas con cámaras, obligadas a abortar y a soportar contagios de ETS. Una menor de 15 años gestionaba más de cien llamadas diarias de clientes para los burdeles clandestinos.
Dos organizaciones criminales dedicadas a la trata de seres humanos con fines de explotación sexual en la ciudad de Madrid han sido desmanteladas, en una operación que se ha saldado con la detención de 11 personas y la liberación de varias mujeres. A los arrestados se les imputan los delitos de trata de seres humanos, blanqueo de capitales y organización criminal vinculada a la prostitución. El operativo, cuyas principales intervenciones se ejecutaron este pasado mes de abril, permitió constatar las condiciones de extrema precariedad y semiesclavitud a las que eran sometidas las víctimas, entre las que se encontraba una menor de 15 años que era obligada a gestionar de forma simultánea cuatro teléfonos móviles para atender más de un centenar de llamadas diarias de clientes interesados en los servicios de los burdeles clandestinos.
Las redes desarticuladas captaban a sus víctimas principalmente en diversos países de Sudamérica, aprovechando su situación de vulnerabilidad y necesidad económica latente. A través de portales web de contenido erótico, captadores masculinos de la organización establecían contacto con ellas en sus lugares de origen, ganándose su confianza y prometiéndoles falsamente puestos de trabajo estables y bien remunerados. Sin embargo, una vez que las mujeres aterrizaban en Madrid, los responsables de la trama les notificaban que habían contraído una deuda ficticia de 10.000 euros por los gastos derivados del viaje, una cantidad económica que eran obligadas a pagar de manera exclusiva mediante el ejercicio forzoso de la prostitución en pisos clandestinos.
El régimen impuesto por los cabecillas exigía que las víctimas estuvieran disponibles los siete días de la semana, adaptando sus horarios por completo a la demanda de los usuarios y prohibiéndoles rechazar cualquier tipo de práctica, incluyendo relaciones sexuales sin el uso de preservativo. La disciplina interna se mantenía mediante un estricto sistema de multas que penalizaba con 100 euros cualquier retraso o ausencia de los habitáculos, incluso en situaciones de enfermedad acreditada. La gravedad de la explotación conllevó que algunas de las mujeres quedaran embarazadas, momento en el que la organización les suministraba de forma imperativa píldoras abortivas para forzarlas a reanudar la actividad sexual de inmediato. Asimismo, la falta de medidas profilácticas provocó el contagio de enfermedades de transmisión sexual en varias de las afectadas, que ahora requieren tratamientos médicos crónicos de por vida.
El control ejercido sobre las mujeres se apoyaba en avanzados sistemas de videovigilancia instalados en las estancias comunes de los domicilios, los cuales eran utilizados por los proxenetas para darles órdenes en directo a través de altavoces e impedirles el descanso diario. De forma paralela, los detenidos empleaban prácticas de coacción psicológica basadas en rituales de santería, habiéndose incautado durante los registros policiales diversas calaveras y figuras vinculadas al culto a la muerte destinadas a infundir temor en las víctimas. Con el fin de mitigar los severos efectos del cansancio físico derivado de las jornadas interminables, las mujeres eran forzadas en ocasiones a consumir sustancias estupefacientes proporcionadas por los propios tratantes. Los burdeles clandestinos procuraban eludir la atención vecinal restringiendo el acceso masivo a partir de la medianoche, implementando para ello sistemas de apertura mediante códigos digitales en las puertas de entrada y ofertando "bonos especiales con descuentos" para violaciones "sin limitación de tiempo".
Las indagaciones culminaron el pasado mes de abril con la ejecución coordinada de tres entradas y registros domiciliarios en diferentes puntos de Madrid. En el primer inmueble inspeccionado, se liberó a cuatro víctimas y arrestó a dos sospechosos. La segunda intervención concluyó con la liberación de otras cuatro mujeres, mientras que en el tercer inmueble se rescató a tres víctimas más.