Una silenciosa operación comercial a escala internacional ha encendido las alarmas en el sector del libro antiguo y de ocasión. Desde finales de abril, una veintena de librerías en el Estado español, así como establecimientos en Alemania, Estados Unidos, Nueva Zelanda y Australia, han registrado una oleada inédita de compras automatizadas de miles de ejemplares de no-ficción, descatalogados y sin apenas salida comercial. La compañía canadiense Zoom Books está detrás de estos pedidos masivos, cuyo objetivo final, según denuncian libreros y expertos tecnológicos, es alimentar algoritmos de Inteligencia Artificial (IA) mediante la digitalización de sus textos, un proceso que culmina con la destrucción física y el triturado de los volúmenes.

El patrón de compra fue detectado inicialmente por profesionales como Marçal Font, propietario de la librería de viejo Fènix, ubicada en Badalona. Font comenzó a recibir pedidos consecutivos con apenas un minuto de diferencia entre ellos, centrados en temáticas marginales en lengua catalana, como manuales técnicos de viticultura o actas de congresos de hace cincuenta años, con un valor medio de entre cinco y diez euros. Esta situación se ha replicado en diversos puntos de la geografía estatal, alcanzando en algunos casos solicitudes de más de tres mil ejemplares por establecimiento. Los indicios apuntan a que los volúmenes son remitidos a un centro logístico en Estados Unidos, donde se centraliza la operación de procesamiento técnico.

De acuerdo con las explicaciones de Xavier Vinaixa, experto en IA que ha investigado el caso, las empresas tecnológicas se enfrentan actualmente a un fenómeno denominado "data wall" o muro de datos. Tras haber absorbido prácticamente toda la información disponible en internet y verse cercadas por demandas millonarias debido al uso de repositorios piratas de libros electrónicos, las firmas de Silicon Valley necesitan textos inéditos, largos y estructurados para evitar el estancamiento cognitivo de sus modelos. Esta necesidad logística coincide con lo revelado en enero por una investigación de The Washington Post, que expuso un proyecto interno de la startup Anthropic, desarrolladora de la herramienta Claude, enfocado en el escaneo masivo de literatura física.

El procedimiento industrial empleado tras la recepción de las obras consiste en cortar el lomo de los libros para automatizar el escaneo de las páginas a gran velocidad, procediendo posteriormente a triturar el papel residual para convertirlo en pasta de reciclaje. 

Esta coyuntura ha dividido al gremio de libreros de viejo, atrapados entre el beneficio económico de una campaña de ventas sin precedentes y su "responsabilidad ética" de conservación. Miguel Ángel Ortega, presidente de la Asociación Profesional del Libro y Coleccionismo Antiguos (UNILIBER), ha confirmado que la organización ha trasladado su preocupación al Ministerio de Cultura, enfatizando la contradicción que supone participar involuntariamente en la desaparición de patrimonio bibliográfico secundario que no se encuentra digitalizado en ningún otro lugar.

Por su parte, la empresa Zoom Books ha optado por la opacidad respecto a sus operaciones. Aunque la firma canadiense llegó a publicar en su portal web cinco artículos donde detallaba el cumplimiento de los requisitos legales para la compra de existencias usadas con fines de entrenamiento de IA, textos que posteriormente fueron eliminados pero cuyo rastro digital ha sido verificado, su postura oficial sigue siendo hermética.