En Bruselas, la Comisión Europea ha endurecido significativamente su discurso hacia Pekín tras celebrar un debate interno el pasado viernes, en el cual determinó de manera oficial que el estado actual de la relación comercial y de inversión con la República Popular China "no es sostenible". A través de un comunicado institucional, el Ejecutivo europeo señaló que "los intereses económicos y de seguridad se encuentran cada vez más entrelazados", una realidad que "exigirá una respuesta mucho más sólida, coherente y unificada".

A pesar de los términos del anuncio, las autoridades de Bruselas aclararon que el enfoque general de la UE sigue "firmemente orientado hacia la reducción de riesgos y no hacia un desacoplamiento total de la economía asiática". La Comisión insistió en que China se mantiene como "un socio fundamental con el que se continuará el compromiso y el diálogo bilateral". Este equilibrio responde al temor latente dentro de la industria comunitaria de que un conflicto comercial abierto con Pekín reactive el freno a las exportaciones de minerales críticos hacia Europa, lo que acarrearía graves perjuicios para los sectores manufacturero, tecnológico y militar de los Veintisiete.

La declaración institucional llega en una semana de alta intensidad política en la que un grupo de Estados encabezados por París exigió formalmente a la Comisión la activación de aranceles y otras medidas comerciales "defensivas". Los firmantes de esta petición denuncian "prácticas comerciales abusivas" por parte de Pekín, tales como la "imposición de barreras injustificadas" y la "generación de una sobrecapacidad industrial sistémica y estructural que inunda los mercados internacionales". En sintonía con estas demandas, el comisario europeo de Industria, Stéphane Séjourné, mantuvo el jueves una reunión clave con los responsables ministeriales del ramo en la que defendió la "necesidad de implementar nuevas herramientas normativas". Añadió que "todavía existe margen para mantener un diálogo constructivo con China, pero no podemos permitir que Europa sea víctima de una estrategia depredadora que está destruyendo nuestra industria".

Las fricciones económicas entre ambas potencias no son nuevas y se han acelerado desde principios de mayo, cuando Bruselas hizo público un plan estratégico para vetar aquellos proyectos de energías renovables financiados con fondos de la Unión Europea que contengan componentes de origen chino, argumentando "motivos de seguridad nacional" y el "riesgo" de ciberataques. Este escenario de hostilidades arancelarias bilaterales ya se había agravado previamente con la imposición de gravámenes europeos a los vehículos eléctricos chinos, una medida que el Gobierno asiático respondió aplicando aranceles punitivos a productos agroalimentarios estratégicos de exportación europea como la carne de cerdo.