Rusia baraja un ultimátum a la OTAN
Moscú señala a Alemania por acelerar su rearme mientras la línea dura del Kremlin presiona para atacar objetivos europeos.
“La situación es mucho más peligrosa que durante las tensiones de la Guerra Fría, pero en Europa no hay conciencia de ello”, advertía el 19 de mayo el analista y ex corresponsal Rafael Poch en un artículo para CTXT. Mes y medio después, el escenario que dibujaba se ha consolidado: la guerra en Ucrania ha entrado en una fase de intensificación sin precedentes, la retórica rusa contra las potencias europeas se ha endurecido, y el rearme alemán avanza a un ritmo que, para Moscú, es otra prueba de que Occidente se prepara ya para una confrontación directa. El mes de mayo marcó un récord histórico en la guerra: Rusia lanzó 8.150 drones, un 24% más que en abril, y 211 misiles, según las autoridades ucranianas. Junio ha mantenido la misma tendencia al alza: un ataque masivo ruso con 656 drones y 73 misiles dejó al menos 23 muertos el 2 de junio, y en la semana del 27 de junio, el presidente ucraniano Volodimir Zelensky denunció que su país había recibido 1.500 bombas guiadas, 1.400 drones y 19 misiles de distintos tipos, algunos de ellos balísticos. El ataque nocturno del 28 de junio, con ocho misiles y 142 drones, causó al menos dos heridos en Kiev, según fuentes ucranianas citadas por Infobae. Ucrania, por su parte, mantiene una campaña de ataques de 40 días contra Rusia, aprobada por el propio Zelensky. La guerra electrónica también se ha elevado a un nuevo nivel: los cazas F-16 rumanos y estonios han sido desplegados repetidamente para derribar “objetos voladores no identificados” en las fronteras de la OTAN.
La retórica rusa: advertencias a Europa y ultimátum velado
La estrategia de Moscú ya ha pasado de la advertencia a la amenaza velada. El ministro de Exteriores ruso, Sergei Lavrov, declaró el pasado 15 de junio que los europeos “creen erróneamente que Rusia está perdiendo” y que por eso pueden lanzar ultimátums, pero que “esos cálculos son ilusorios”. En declaraciones escritas del 26 de junio, Lavrov exigió una “clarificación” del papel de Estados Unidos en la “mediación” del conflicto, aunque Washington es parte interesada e implicada en la guerra. El vicepresidente del Consejo de Seguridad ruso, Dmitri Medvedev, ha sido aún más explícito que otros altos funcionarios: descarta cualquier diálogo con Ucrania y ha elevado el tono contra la UE y la OTAN, advirtiendo que el “pacífico sueño” de Europa ha terminado. El Kremlin, por su parte, declaró estar dispuesto a dialogar con Europa si la UE abandona su enfoque de confrontación, aunque Lavrov ha dejado claro que Rusia no aceptará “soluciones temporales” ni se someterá a “ningún ultimátum”.
El artículo de Poch, que citaba al influyente analista y estratega ruso Sergei Karaganov, advertía de que “pronto podría haber un ultimátum de Moscú a los europeos, especialmente a los alemanes”. Karaganov, que ya consiguió ejercer su influencia en el endurecimiento de la doctrina nuclear rusa el año pasado, propone ahora ataques convencionales contra instalaciones europeas y, si falla, pasar a ataques nucleares limitados. Si los dirigentes europeos persistieran en tal escenario, propone ataques nucleares a gran escala contra algún país europeo.
Alemania acelera su rearme: volver a tener el ejército más poderoso de Europa para 2039
En abril de 2026, Alemania presentó su nueva estrategia militar, que señala abiertamente a Rusia como “la mayor y más inmediata amenaza” y fija 2029 como fecha límite para que la Bundeswehr esté preparada para un conflicto a gran escala. El objetivo declarado es convertir a la Bundeswehr en la “fuerza militar regular más poderosa de Europa” para 2039. La fecha, recuerda Poch, no es baladí: coincide con el centenario del inicio de la Segunda Guerra Mundial en 1939, cuando la Alemania nazi invadió Polonia. El presupuesto militar para 2026 es de 82,69 mil millones de euros. El ministro de Defensa, Boris Pistorius, ha declarado que Berlín “acelerará su rearme militar" y que la estrategia busca “disuadir una posible agresión rusa en los países bálticos”. El artículo de Poch ya señalaba que “Alemania está en pie de guerra contra Rusia, con una Alemania demente en primer lugar, que está demostrando no haber entendido nada de su propia historia”. La nueva estrategia alemana, que contempla la producción conjunta de drones de largo alcance con Ucrania y la transformación del Bundeswehr en “el ejército convencional más fuerte de Europa”, ha sido interpretada en Moscú como una confirmación de sus peores temores: que Europa, liderada por Alemania, se prepara para una confrontación directa con Rusia.
La OTAN y el riesgo de escalada
La OTAN vive uno de los momentos más incómodos de su historia reciente. La directora de Política de Seguridad de la Alianza y española con mayor rango en la organización, Carmen Romero, afirmó el 15 de junio que “hay más apetito de Rusia para tomar riesgos en nuestro territorio”. Los líderes de Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Polonia se reunieron el 24 de junio para preparar la cumbre de la OTAN y debatir quién debe representar a la UE en una eventual negociación entre Ucrania y Rusia. El temor a una escalada directa entre la OTAN y Rusia es cada vez más tangible. Lavrov declaró que “un enfrentamiento directo entre la OTAN y Rusia podría escalar rápidamente hasta convertirse en un intercambio nuclear con consecuencias catastróficas”. La combinación de la intensificación militar, la retórica rusa contra Europa, el rearme alemán y la preparación de la OTAN dibujan un escenario que, como advertía Poch, es “mucho más peligroso que durante las tensiones de la Guerra Fría”.
La profecía autocumplida
El análisis de Poch, que alertaba de que la “amenaza rusa” es una “profecía autocumplida”, parece estar confirmándose. La retórica rusa contra Europa se ha endurecido, Alemania se prepara para un conflicto a gran escala, y la OTAN se moviliza. En este contexto, la posibilidad de que la guerra se extienda a territorio de Europa occidental es ya un escenario real, no una hipótesis lejana. Como concluía Poch: “Lo que hay que preguntarse es si los dirigentes de la mayor potencia nuclear del mundo aceptarían una derrota en el terreno militar convencional (...) sin recurrir a un ataque nuclear para evitarla”. La pregunta sigue abierta. Y la respuesta es cada vez más inquietante.