Entre enero de 2022 y febrero de 2026, los países europeos —instituciones de la UE y Estados, incluidos socios como el Reino Unido y Noruega— habían asignado a Ucrania más de 200 000 millones de euros en ayuda militar, financiera y humanitaria, según el Ukraine Support Tracker del Instituto Kiel. Es una cifra que supera con claridad los cerca de 115 000 millones aportados por Estados Unidos en el mismo periodo. Washington fue el mayor contribuyente hasta 2024, pero tras el regreso de Donald Trump en 2025 su apoyo logístico directo se redujo considerablemente —una reducción formal de hasta el 99% a pesar de seguir fomentando el apoyo y asegurándolo por vías indirectas—, y Europa cubrió el hueco, asignando en torno a 73 000 millones solo en 2025.

Dentro de ese total, la ayuda estrictamente militar de los países comunitarios europeos asciende a unos 69 300 millones de euros. La UE presentó 2025 como un año récord, con 27 000 millones en apoyo militar, según la Alta Representante Kaja Kallas. Entre enero y abril de 2026 las asignaciones militares europeas promediaron 2 000 millones de euros mensuales, por debajo de los 2 400 millones de 2025 pero muy por encima de los niveles de 2022-2024. En paralelo, la ayuda financiera y humanitaria se desplomó a unos 500 millones al mes, menos de una quinta parte de la media de 2025, por el bloqueo temporal del gran préstamo europeo.

El apoyo se ha materializado en material concreto. La UE cumplió a finales de 2025 su compromiso de entregar dos millones de proyectiles de artillería, una iniciativa valorada en unos 5 000 millones de euros; la vía checa del "puente de proyectiles" sumó cerca de 1,8 millones de rondas adicionales con la participación de una veintena de Estados. La ayuda europea en drones creció de 400 millones de euros en 2022 a 1 200 millones en 2025 y a unos 1 600 millones solo en el primer cuatrimestre de 2026. La capacidad europea de producción de munición pasó de 300 000 proyectiles anuales a un objetivo de dos millones a finales de 2025.

Cuánto está dispuesta a dar

En diciembre de 2025 los líderes europeos acordaron un préstamo adicional de unos 90 000 millones de euros para cubrir las necesidades de Ucrania en 2026 y 2027. De esa cantidad, unos 60 000 millones se destinan a reforzar la capacidad industrial de defensa ucraniana y unos 30 000 a asistencia presupuestaria. El préstamo cubre en torno a dos tercios de las necesidades de financiación estimadas por el FMI, que las cifró en unos 161 000 millones para el bienio. A ello se añaden el Fondo para Ucrania, de hasta 50 000 millones (2024-2027), y la parte europea —18 100 millones— del préstamo del G7 de 45 000 millones acordado en 2024.

Respecto a la cuestión de "quién paga todo ese flujo de armamento", en Euroclear (Bélgica) permanecen inmovilizados unos 140 000 millones de euros en activos estatales rusos, y otros 25 000 millones en distintos bancos de la UE. La Comisión propuso un "préstamo de reparaciones" respaldado por esos activos, dentro de un paquete de hasta 210 000 millones que incluye 45 000 millones para devolver el préstamo del G7. En diciembre de 2025 el plan quedó aplazado por las objeciones legales de Bélgica y la oposición de Hungría, Eslovaquia y otros Estados, de manera que el préstamo se financia, de momento, con deuda emitida por la propia UE en los mercados, y los activos rusos quedan, en principio,  reservados como garantía de repago si Rusia no abona reparaciones.

El rearme europeo

El sostén de Ucrania y el rearme europeo forman parte de un mismo proceso. El flujo no es de un solo sentido. La ayuda financiera va hacia Kiev, mientras la producción y la innovación —en drones sobre todo— revierten hacia la industria europea, que utiliza el frente como banco de pruebas y como motor de demanda. Rheinmetall ha abierto en Europa y en la propia Ucrania nuevas plantas de munición y cerró 2025 con una cartera de pedidos récord de 63 800 millones de euros (+36%), ventas de 9 935 millones (+29%) y una revalorización bursátil cercana al 540% en tres años.

Ese esfuerzo se inscribe en el plan ReArm Europe / Readiness 2030, que aspira a movilizar hasta 800 000 millones de euros de gasto adicional en defensa antes de 2030, con el instrumento SAFE —150 000 millones en préstamos— y la cláusula de escape del Pacto de Estabilidad, activada para 17 Estados en febrero de 2026. El gasto militar de los Veintisiete pasó de 218 000 millones en 2021 a unos 381 000 millones en 2025 (2,1% del PIB), y la OTAN fijó en La Haya el objetivo del 5% del PIB para 2035, del que un 3,5% corresponde a necesidades básicas de defensa y un 1,5% a infraestructuras y resiliencia.

En este sentido, la propaganda belicista no hace más que multiplicarse en los últimos años. Siguiendo a altos dirigentes de la unión o al propio secretario general de la OTAN, el comisario de Defensa, Andrius Kubilius, ha afirmado recientemente que los servicios de inteligencia advierten (una vez más) de que Rusia podría atacar a la UE en los próximos tres o cuatro años, o antes de 2030; la presidenta de la Comisión describió la situación como "un peligro claro y presente". En ese marco, la guerra de Ucrania opera a la vez como frente, como argumento y como acelerador industrial de un rearme europeo que se está dando a marchas forzadas, y que cuyas consecuencias estamos todavía por ver.