33.000 trabajadores de Mercedes-Benz se manifiestan contra el retroceso de derechos
La empresa anunció que aumentaría la jornada sin subir sueldos. El sindicato IG Metall denuncia que “Los accionistas se benefician mientras los empleados pierden derechos” y avisa: “Esto es solo el inicio”.
Miles de trabajadores de la industria automotriz se manifestaron el pasado viernes a las puertas de varias factorías de la firma automovilística Mercedes-Benz en Alemania, marcando el inicio de lo que se prevé como una oleada de protestas generalizadas en un sector afectado por una profunda crisis estructural. Las movilizaciones, convocadas y coordinadas por el influyente sindicato del sector metalúrgico IG Metall, se extendieron por diversas regiones del país, abarcando desde la localidad sureña de Sindelfingen, situada en la periferia de Stuttgart, hasta la ciudad de Bremen, en el norte de Alemania. Según los datos facilitados por la organización sindical, la participación en las protestas superó los 33.000 empleados a escala federal.
Los motivos de la protesta se centran en los planes de reducción de costes propuestos por la dirección de la empresa de automoción, los cuales contemplan incrementos no remunerados de las jornadas laborales semanales y recortes sustanciales en los beneficios sociales de la plantilla, como una paga extra acordada por convenio que la empresa “retrasará hasta 2029”. Durante una de las concentraciones celebradas en la ciudad de Düsseldorf, la presidenta de IG Metall, Christiane Benner, criticó abiertamente la estrategia corporativa de la multinacional al manifestar que “mientras los accionistas se benefician de forma más que generosa, se pretende que los empleados sacrifiquen sus derechos garantizados contractualmente”. La cúpula de la organización sindical insistió en que esta jornada “representa únicamente el punto de partida de una campaña de movilizaciones que se extenderá a otros fabricantes y proveedores de componentes en las próximas semanas”.


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Por su parte, la dirección de Mercedes-Benz trató ed justificar esta ofensiva argumentando, en declaraciones concedidas a la agencia de noticias AFP, que “los costes estructurales en Alemania, particularmente los costes laborales, no son competitivos según los estándares internacionales”.
El clima de conflictividad laboral amenaza con intensificarse con especial fuerza en el consorcio Volkswagen, tras trascender informaciones que apuntan a que el mayor fabricante de automóviles de Europa planea despedir a hasta 100.000 empleados, una cifra que duplica las estimaciones inicialmente anunciadas por la corporación, además de proceder al cierre definitivo de cuatro plantas de ensamblaje en territorio alemán. Este plan está previsto que se examine formalmente el próximo jueves durante una reunión interna del consejo de supervisión de la compañía, sobre la cual la dirección de Volkswagen ha declinado realizar comentarios oficiales por el momento.