Durante el desarrollo de la primera jornada de la cumbre de la OTAN celebrada este martes en la capital turca, los países de la Alianza Atlántica anunciaron nuevas adquisiciones militares por un valor de al menos 50.000 millones de dólares (aproximadamente 43.766,5 millones de euros). Este anuncio oficial se produjo en el marco del Foro de la Industria de la Defensa, un encuentro estratégico que reunió a ministros, líderes aliados, altos funcionarios y representantes de más de 100 empresas del sector con el objetivo de traducir en capacidades concretas y producción industrial los compromisos de inversión asumidos el año pasado en La Haya, los cuales fijaban de cara al año 2035 un gasto del 5% del PIB en materia militar. Fuentes aliadas confirmaron a la agencia de noticias EFE la citada cuantía mínima, si bien la organización militar espera concretar el montante definitivo una vez concluya el recuento oficial de las operaciones y finalice la sesión de trabajo del Consejo del Atlántico Norte. En este contexto, el secretario general de la Alianza, Mark Rutte, enfatizó ante los asistentes que “el dinero está ahí, y va a llegar más”, insistiendo firmemente en la necesidad perentoria de “hacer más, más rápido y juntos”.

La presentación de este masivo volumen de inversión se articuló en gran medida como un esfuerzo para encauzar las exigencias del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien durante la sesión de apertura reiteró la “urgencia” de incrementar los presupuestos de defensa de los socios europeos. En su intervención dirigida al sector empresarial, Rutte dejó claro que el escenario geopolítico actual exige una verdadera “revolución industrial transatlántica en el ámbito de la defensa” para reponer con urgencia los arsenales y adoptar la “tecnología adecuada frente a la amenaza persistente de Rusia y la competencia emergente de China”, asegurando de forma contundente que “el zumbido de la maquinaria debe convertirse en un rugido”. Bajo esta premisa, el líder de la organización instó a los gobiernos a erradicar la burocracia en la contratación pública y a nivel transfronterizo, al tiempo que emplazó al sector privado europeo a “asumir más riesgos” y lanzó un llamamiento a las principales instituciones financieras para que aumenten los flujos de capital hacia la industria militar.

El aliado español

La delegación española ratificó este martes su incorporación activa en varios de los principales programas multilaterales presentados. Entre los anuncios principales figura el nuevo Proyecto Multinacional de Alta Visibilidad centrado en el avión de transporte Airbus A400M, una aeronave fabricada parcialmente en las plantas españolas de Sevilla y Cádiz, además de en otras factorías europeas. Madrid operará conjuntamente con Bélgica, Croacia, Francia, Polonia, Turquía y el Reino Unido bajo un modelo de “puesta en común y reparto” para compartir costes y aeronaves. Según Rutte, este programa estratégico confiere a la OTAN una gran “flexibilidad operativa y facilita el transporte de personal y material militar por toda la Alianza tanto en tiempos de paz como durante conflictos o crisis”, definiéndolo como “una capacidad de transporte aéreo estratégico de primer nivel mundial”. Esta expansión logística coincide además con la confirmación oficial de la entrega del décimo avión Airbus A330 MRTT a la Flota Multinacional de Aviones Cisterna y de Transporte Polivalentes.

En el ámbito de la vigilancia aérea y tecnológica, Moncloa también cooperará en la estrategia de la OTAN orientada a potenciar la industria europea frente a la estadounidense mediante la adquisición conjunta de aviones GlobalEye de la compañía sueca Saab. Estas aeronaves están destinadas a modernizar los mecanismos de alerta temprana y control aerotransportado (AWACS) de la Alianza con el fin de sustituir de manera progresiva a la “envejecida flota de Boeing E-3”.

La evolución tecnológica del campo de batalla, evidenciada de manera crítica en la guerra entre Rusia y Ucrania, ha motivado asimismo el lanzamiento formal de la iniciativa denominada “NATO Drone Edge”, diseñada para aumentar significativamente las inversiones en sistemas de drones. A través de este programa, el Estado español se situará en el grupo de aliados que movilizarán de manera conjunta más de 40.000 millones de dólares en capacidades militares y lucha contra drones durante los próximos cinco años, asumiendo el compromiso técnico de quintuplicar el número de operadores de aeronaves no tripuladas formados antes de que finalice el año 2027. Para agilizar los procesos de suministro, la Alianza procederá a la fundación de un mercado unificado de sistemas antidrones que garantizará la compatibilidad de los equipos con los estándares colectivos de la organización y su disponibilidad inmediata para la compra.

La participación del Estado español se extiende de igual manera al Proyecto Multinacional de Alta Visibilidad sobre materias primas críticas, un consorcio de doce países enfocado en optimizar la adquisición, el almacenamiento, el transporte y la gestión de componentes esenciales y materiales reciclados indispensables para la continuidad de la producción manufacturera militar. En paralelo, en el segmento de operaciones espaciales, Madrid formalizó su adhesión como el decimonoveno miembro de la iniciativa Alliance Persistent Surveillance from Space (APSS), la mayor inversión multinacional en capacidades espaciales de la historia de la organización, comprometiéndose a reforzar la vigilancia costera colectiva mediante el suministro de imágenes de alta resolución procedentes de los satélites de su Constelación Atlántica.

La representación institucional española en el foro industrial de Ankara estuvo encabezada por la secretaria de Estado de Defensa, Amparo Valcarce, junto a miembros de su ministerio y directivos de firmas clave del tejido nacional como Escribano M&E, GMV, Hisdesat, Indra, Instalaza, Navantia, Grupo Oesía y la Asociación Española de Empresas Tecnológicas de Defensa, Seguridad, Aeronáutica y Espacio (TEDAE). En este mismo foro, Rutte introdujo las plataformas institucionales “NATO Front Door for Industry”, concebida para simplificar la forma en que las empresas colaboran con la Alianza y ofrecer un acceso directo a las licitaciones, y “NATO Engine”, un mecanismo estructurado para expandir la capacidad conectando las líneas de fabricación civiles y militares transfronterizas entre Europa, Canadá y Estados Unidos, bajo la premisa de que “ningún país dispone por sí solo de la capacidad industrial necesaria para satisfacer una demanda tan elevada y creciente”.