Poco antes de comenzar la cumbre de la OTAN en Turquía, el presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron, visitó este martes de forma oficial Damasco, convirtiéndose en el primer jefe de Estado europeo en pisar suelo sirio tras la llegada al gobierno de la coalición salafista Hayat Tahrir al-Sham (HTS). Este acercamiento institucional de la antigua metrópoli colonial con el nuevo Gobierno interino se produjo en un entorno de extrema volatilidad, evidenciado por un doble atentado con explosivos perpetrado en pleno centro de la capital siria, en las inmediaciones del Ministerio de Turismo y a escasos metros del hotel Four Seasons, donde se hospedaba la delegación francesa. Aún así, no es el primer encuentro entre ambos líderes, ya que Macron invitó a Jolani a París hace un año.

Según datos oficiales del Ministerio del Interior sirio, la detonación de los artefactos dejó un saldo de al menos 18 personas heridas. Pese a la gravedad del incidente y a la falta de una autoría reivindicada, las autoridades de Damasco se apresuraron a matizar que los estallidos ocurrieron “fuera del perímetro de seguridad del mandatario europeo”.

La respuesta de Macron ante el ataque reflejó una clara determinación por anteponer los objetivos estratégicos a los “riesgos sobre el terreno”, afirmando públicamente que el viaje se había planificado “con pleno conocimiento de causa” y que las amenazas estaban “bajo control”.

Millones para Al Qaeda

Durante el encuentro, Macron abogó por edificar una “asociación con efecto duradero” que sitúe a Siria como un “eje logístico y energético regional” para beneficio de las corporaciones europeas, condicionando dicha proyección a la reestructuración del opaco tejido financiero local y a la asistencia técnica de organismos controlados por las potencias occidentales, tales como el Fondo Monetario Internacional y el Club de París.

Este andamiaje de tutela económica e influencia postcolonial quedó de manifiesto al detallarse las masivas inversiones que el capital francés pretende inyectar en las infraestructuras críticas sirias. Al Jolani expuso un ambicioso plan de privatizaciones y modernización que abarca redes eléctricas, aeropuertos y recursos energéticos, destacando especialmente el rol del conglomerado naviero francés CMA CGM, que ya lidera la ampliación y explotación del estratégico puerto de Latakia mediante una inversión corporativa que supera los 430 millones de euros. A través de este control de infraestructuras clave en el Mediterráneo, París busca asegurar rutas comerciales alternativas frente a crisis geopolíticas como las del estrecho de Ormuz, consolidando el deseo explícito de Damasco de erigir a su antigua metrópoli en el principal socio económico y político dentro de la Unión Europea, un objetivo sellado formalmente mediante una declaración de cooperación global que exige el intercambio inmediato de embajadores y evaluaciones ministeriales anuales en materia de defensa y energía.

El pragmatismo económico de París llegó al extremo de comprometer recursos financieros directos al nuevo Ejecutivo sirio, tras anunciar Macron en rueda de prensa la devolución de más de 50 millones de euros confiscados por los tribunales franceses al entorno del derrocado Bachar al Asad, derivados de los procesos por “bienes mal adquiridos” vinculados a su tío, Rifaat al Asad. Si bien el Elíseo sostiene que estos fondos “se destinarán de manera transparente a proyectos de desarrollo social para la población civil”, la entrega de estas sumas multimillonarias a una administración encabezada por un antiguo líder yihadista genera serias dudas internacionales respecto a los mecanismos reales de fiscalización.