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La UE tropieza en la renovación de las sanciones a Rusia por un pulso entre Letonia y Francia

Riga bloquea el pacto para excluir a los oligarcas Usmanov y Fridman de la lista negra a cambio de alargar las sanciones hasta 2029. Las medidas expiran este martes a medianoche.

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Imagen de archivo del Consejo de Asuntos Exteriores y Defensa de la Unión Europea. Foto: consilium.europa.eu
Imagen de archivo del Consejo de Asuntos Exteriores y Defensa de la Unión Europea. Foto: consilium.europa.eu

La Unión Europea vuelve a mostrar sus costuras internas. Esta vez se trata del acuerdo alcanzado el lunes por los embajadores de los Veintisiete para renovar durante tres años las sanciones individuales contra unas 2.600 personas y entidades rusas, que se desmoronó a última hora por las objeciones de Letonia a que se retirara de la lista negra a los oligarcas Alisher Usmanov y Mijail Fridman. El compromiso consistía en excluir a ambos —una exigencia de Francia y Eslovaquia— a cambio de alargar la vigencia de las medidas hasta 2029, en lugar de los seis meses habituales. El procedimiento escrito para formalizar el pacto concluyó sin la unanimidad necesaria entre los miembros comunitarios. Letonia fue el único Estado que planteó objeciones formales, según fuentes diplomáticas citadas por Europa Press, y ahora le toca a Francia intentar convencer a Riga. Los embajadores se reúnen de nuevo este martes a las 08:00 con el reloj en contra: las sanciones expiran a medianoche.

Detrás de la negativa letona hay algo más que un simple desacuerdo burocrático. Los países del flanco oriental llevan tiempo oponiéndose a cualquier suavización de las medidas contra Moscú por su proximidad a Rusia y Bielorrusia y por las “amenazas híbridas” que dicen padecer. Esta misma noche, las Fuerzas Armadas letonas alertaron de una “posible amenaza” en el espacio aéreo del distrito de Kraslava, en el este del país, cerca de ambas fronteras.

La coincidencia con el bloqueo en Bruselas no es casual. Las razones que esgrimen Francia y Eslovaquia para pedir la retirada de Usmanov son, según algunas fuentes diplomáticas, “de seguridad nacional”, vinculadas a posibles intercambios de prisioneros o gestiones con socios internacionales. Luxemburgo presionó por Fridman, cofundador de Alfa Group y con vínculos pasados con la cadena de supermercados Día en España, por un contencioso arbitral relacionado con activos congelados. Eslovaquia, bajo el gobierno de Robert Fico, lleva tiempo reclamando que se excluya a ambos por “insuficiencia de pruebas”. El resultado es un pulso entre los intereses de unos y otros, con la guerra de Ucrania en medio.

El ministro de Exteriores ucraniano, Andri Sibiga, criticó con dureza la decisión de excluir a Usmanov y Fridman antes de que el acuerdo quedara en el aire. “¿Qué ha cambiado? Nada”, escribió en redes sociales. La retirada de ambos de la lista es, a su juicio, “inaceptable” y enviaría “la señal equivocada a Moscú en un momento en que la presión necesita aumentar”. Sibiga recordó que los dos oligarcas fueron sancionados por formar parte del “régimen agresivo” de Moscú y reclamó, en lugar de suavizar las medidas, ampliar las listas y extender los periodos de renovación para que haya “menos ideas contraproducentes destinadas a complacer a los oligarcas rusos”.

Las sanciones individuales requieren unanimidad y se renuevan cada seis meses, lo que las convierte en rehenes de cualquier Estado miembro que se oponga. La semana pasada ya hubo que prorrogarlas de forma excepcional durante siete días al no alcanzarse un acuerdo antes del 15 de septiembre. Si este martes no se formaliza la renovación antes de medianoche, los activos de 2.600 personas y entidades quedarían descongelados y las prohibiciones de viaje, levantadas. El regateo por dos nombres propios mantiene en vilo el principal instrumento de presión europea contra Moscú, pero la pregunta fundamental que queda en el aire es cuánto tiempo más podrá sostener Bruselas una arquitectura institucional que exige unanimidad para cada prórroga.