Los policías presentan mayor prevalencia en algunos rasgos psicopáticos
Estudios en EEUU muestran que los agentes presentan mayores índices de “dominancia” y “frialdad emocional controlada” que la población general, justificando abusos y desarrollando rasgos psicopáticos tras ingresar en el cuerpo.
Diversos estudios empíricos en EEUU muestran que los agentes de policía tienen más “dominancia” y “frialdad emocional” que la población general, lo que les ayuda en sus labores policiales, y precisamente por ello, también puede facilitar abusos. Sin embargo, al contrario de lo que se tiende a señalar en las habituales críticas a la policía, la evidencia disponible apunta a que estos rasgos son más una consecuencia del entorno “laboral” y un efecto del sistema de selección que una causa previa directa de la violencia policial.
La investigación no sostiene que los policías presenten cuadros clínicos de psicópatía (una condición que afecta al 1% de la población en general), pero sí muestra que ciertos rasgos del espectro psicopático son más frecuentes entre los agentes que entre la población general. Un estudio pionero (Falkenbach, Glackin & McKinley, 2018) analizó a 679 reclutas de una fuerza de EEUU y encontró que puntuaban más alto en dominancia y frialdad emocional que la media, y más bajo en impulsividad. A este perfil los investigadores lo llaman “psicopatía adaptativa”: rasgos que pueden ser útiles en trabajos de alto riesgo, pero que también conllevan sus propios riesgos.
El mismo equipo identificó dos subtipos entre los que puntuaban más alto en rasgos psicopáticos:
· Perfil primario: alta dominancia, afecto positivo, poca agresividad. Es el más común y adaptativo.
· Perfil secundario: más impulsividad, ansiedad y agresividad. Es menos frecuente y más problemático.
Sangre fría
Un estudio posterior (Moore, 2020) analizó a agentes de la policía de Nueva York (NYPD) y confirmó el patrón: los policías tienen más “sangre fría” y seguridad en sí mismos que impulsividad y comportamientos temerarios. En la población general esos dos grupos de rasgos suelen estar más equilibrados, y en las personas penadas por delitos ocurre lo contrario. Este perfil no aparece por casualidad. Se debe a dos factores:
1. Quién entra: las personas con personalidad más dominante y fría tienden a presentarse y a ser seleccionadas para la policía.
2. El efecto del “trabajo”: muchos agentes desarrollan una especie de “coraza emocional” a posterori. Es decir, el fenómeno de la sobrerrepresentación de los rasgos psicopáticos entre los policías responde a una mezcla de factores: es cierto que los cuerpos policiales, por la propia naturaleza de su labor, atraen a un perfil concreto de persona, pero también es cierto que la misma labor policial también tiende a moldear la personalidad de los agentes una vez se integran en el cuerpo, donde desarrollan o refuerzan rasgos psicopáticos.
Frialdad y abusos
El estudio más reciente (McKinley & Verona, 2023) sobre la cuestión utilizó el modelo triárquico, que divide los rasgos psicopáticos en tres dimensiones:
· Audacia: sangre fría, calma bajo presión.
· Mezquindad: falta de empatía, dureza en el trato.
· Desinhibición: impulsividad, actuar sin pensar.
Los investigadores sometieron a policías a escenarios de uso de la fuerza y a un simulador de decisión de disparo bajo presión. Los resultados fueron claros: · Quienes puntuaban alto en mezquindad justificaban más la violencia excesiva.
· Quienes puntuaban alto en desinhibición cometían más errores al decidir si disparar o no.
· La audacia por sí sola no era problemática; el riesgo aparece cuando se combina con falta de empatía o impulsividad.
El estudio tiene una implicación importante: demuestra que los cuerpos policiales disponen de herramientas científicas adecuadas para detectar y predecir a los agentes con más riesgo de cometer abusos. Si no las usan, no es por falta de medios.
Límites de los estudios
Los propios autores de los citados estudios también reconocen limitaciones:
· La mayoría son estudios transversales (no permiten separar el efecto de la selección de la labor policial).
· Las muestras son casi todas masculinas y de EEUU. No sabemos si los resultados se aplican a otros países o a mujeres policía.
Para conocer el fenómeno más al detalle harían falta estudios más amplios, pero eso depende de que las autoridades faciliten el acceso de los investigadores a los agentes. Y suelen evitar hacerlo. Por tanto, no se puede afirmar que haya un problema de psicopatía clínica generalizado en los cuerpos policiales, pero tampoco se puede descartar, simplemente porque las instituciones no permiten investigarlo a fondo. Esa falta de transparencia alimenta las sospechas.
Más allá de la psicología individual
Por otro lado, los estudios de rasgos de personalidad ofrecen una visión limitada sobre el fenómeno. El antropólogo francés Didier Fassin, en su libro La force de l'ordre (2011), complementa esta mirada analizando la práctica cotidiana de la policía. Durante quince meses acompañó a una brigada en un barrio popular de París y documentó varios factores reseñables. Primero, detectó la presión por obtener “resultados” cuantificables (detenciones, identificaciones). En segundo lugar, destacó la normalización del trato discriminatorio racista y la violencia cotidiana contra jóvenes de familias inmigrantes. También detallaba el aburrimiento y las “ganas de acción” en una rutina donde “la mayor parte del tiempo no sucede nada”. Fassin muestra que el entorno policial no solo atrae a ciertos perfiles, sino que los moldea, confirmando este factor que se deduce de los otros estudios. La violencia y el racismo en los cuerpos policiales, por tanto, difícilmente se puede reducir a una cuestión de “malos agentes”.